|
|
A callar como mandó el Rey, Su Majestad, para Usted
|
| por Helena Arce |
| |
|
|
Estoy harta de escuchar hablar de Botnia, realmente harta. También estoy harta de que este tema me separe de la patria de mi abuelo y de mi suegra. No lo permití, ni lo permitiré.
Con los miles de problemas que nos asolan a día, el tener que asumir como problema una inversión millonaria, que revivió una ciudad de nuestro país, me molesta profundamente.
La empresa está funcionando y su primer embarque navega a destino.
Pero le advierto al aun Sr. Presidente de la República Argentina, que mis teclas no quedarán calladas mientras acusa al Presidente de mi país.
Espero por el futuro de las buenas relaciones que nos debemos entre vecinos, la Presidente electa, esté en esto más allá, de ser su esposa. Espero de ella un acto de grandeza, dando por terminada la situación.
Solía decir mi padre que cuando uno no quiere, dos no pelean.
Esa sabia actitud, la única posible es la que decidió tomar nuestro Presidente.
EL Dr. Tabaré Vázquez, se debe a los uruguayos, sus decisiones, en el acierto o en el error, deben ser siempre pensando en el bienestar de quienes lo eligieron para regir los destinos del país.
Podré no estar de acuerdo con él, en más de una oportunidad. Pero de ninguna manera le permitiré a quien por casualidad llegó al sillón de Rivadavia, intente poner un manto de duda sobre su accionar.
Por lo tanto bien haría de una buena vez, el susodicho en dar por finalizadas sus peroratas, pues a veces me dan ganas de decirle como el Rey de España a Chávez.
Sabe el gobierno argentino, durante todo el conflicto alentó a un grupo de extremistas, quienes incluso llegaron a decir en cámaras estar dispuestos a inmolarse para que la fábrica no funcionara.
No espero demasiado de la futura Presidente, lamentablemente es la esposa de quien ha pasado todo su gobierno buscando incidir en nuestro país, en nuestras decisiones. Incluso regalándole la posibilidad a Vázquez de contar con votos viajeros.
Se equivocó, a caballo regalado no se le mira el pelo. Pero no estaría de más, demostrara ser más sabia en estos asuntos que el Sr, Esposo. Dejaría bien paradas por lo menos, a las argentinas de su género.
Ese hecho no convirtió, para nuestro orgullo, al Presidente de todos los uruguayos en su lacayo.
Por lo tanto, si tenemos los uruguayos equivocaciones para reclamar a nuestro Presidente y a su gobierno, las mismas no pasan por usted. Tal vez en no haber puesto en la cancillería a alguien experto, a quien pudiera parar esto antes que comenzara.
Por lo tanto, Sr. Presidente de todos los argentinos, deje el gobierno de una buena vez en manos de su Sra. Esposa, y a callar.
| Comentarios en este artículo |
|
|
|