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Año V Nro. 372 - Uruguay, 08 de enero del 2010  
 
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Límites De La Ley
por Eduardo García Gaspar

 
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          El gran tema es el de los alcances de la ley humana, la emitida por autoridades para el gobierno de los ciudadanos. ¿Debe esa ley llegar a la supresión de los vicios y las malas costumbres, o debe tener una misión más limitada? El asunto es importante porque implica el examen del poder de los gobiernos y si ellos deben aceptar una responsabilidad en el desarrollo de las virtudes de los ciudadanos.

          Más en el fondo, es una discusión entre las mentalidades liberales y socialistas. La respuesta de Santo Tomás de Aquino es razonada y analítica: sí, hay un límite en las leyes emitidas por los gobiernos y ese límite está fundado en las necesidades de una vida en sociedad. La idea reportada en este resumen fue encontrada en Aquinas, Thomas saint (2001). TREATISE ON LAW. Washington DC. Regnery Publishing. 0268018804, pp 90-93.

          El tema de esta parte del tratado de Aquino, examina si la ley humana debe incluir la supresión de todos los vicios. Es, por tanto, una exploración del alcance que debe tener la ley que declara una autoridad. ¿Debe llegar hasta la tarea de suprimir los malos hábitos de los ciudadanos?

          Con su exposición analítica, el autor señala como primer paso, varias posiciones al respecto del tema y que dan una respuesta afirmativa.

          La primera de ellas sostiene que sí pertenece a la ley humana la tarea de suprimir todos los vicios. Las leyes han sido hechas para que el atrevimiento y la audacia de las personas sea mantenidos bajo control, lo que no sería posible a menos que todos esos males fueran reprimidos. Por tanto, la ley humana sí debe intentar esa supresión total de vicios.

          Otra opinión sostiene lo mismo. La intención de las leyes, se argumenta, es hacer virtuosos a los ciudadanos y eso no puede ser logrado a menos que se eviten todos los vicios. Por lo tanto, sí pertenece a la ley humana el suprimir los malos hábitos de todas las personas.

          Igualmente puede argumentarse que la ley humana se deriva de la ley natural, y ya que todos los vicios están en contra de la ley natural, la ley humana también debe reprimir esos vicios.

          Pero también se ha razonado lo opuesto a las tres posturas anteriores, diciendo que la ley escrita para el gobierno de las personas permite esas cosas malas y que es la ley Divina la que las castiga. La ley Divina castiga nada más que vicios, pero la humana permite algunos al no reprimirlos. Es un argumento que hace a la ley humana una parte del todo de la ley natural.

          Ante esas posturas y argumentaciones, Aquino ofrece sus ideas. Dice que la ley es entendida como una regla o medida de los actos humanos y que debe ser una medida homogénea con eso que mide. Es un razonamiento de congruencia entre la persona, su naturaleza, y las leyes humanas a las que está sujeta.

          De esto se deduce que las leyes que son impuestas a las personas debe considerar esa condición humana: acordes con su naturaleza y las costumbres de la nación.

          La facultad de actuar para hacer lo mismo, no es igual en todos. Hay naturalezas distintas en las personas. Quien tiene hábitos virtuosos no tiene la misma posibilidad de actuar que quien no los tiene. La misma acción es diferente en un niño que en un adulto, razón por la que la ley de los menores es diferente a la de los adultos. Lo que se permite en un infante puede ser perseguido por la ley en un adulto. De igual manera, algunas cosas son permisibles a un hombre que no tiene hábitos virtuosos, pero no lo son a quien sí los tiene. La ley humana debe considerar esas diferencias.

          La ley está destinada, sigue diciendo, a muchas personas, la mayoría de las cuales no son virtuosas, por lo que debe pensarse que la ley humana no debe prohibir todos los vicios de los que se abstendría la persona virtuosa. Sólo debe prohibir los vicios más severos y mayores, de los que deben abstenerse todos.

          Esos vicios mayores son los que lastiman a terceros, sin cuya prohibición no podría mantenerse la vida en sociedad. Esta es la razón por la que la ley prohibe acciones como el robo y el matar.

          El razonamiento de Aquino es claro. Por un lado, acepta diferentes personas, unas más virtuosas que otras, pero a todas ellas debe aplicar la ley humana emitida por una autoridad. Esa ley humana, aplicable a todos en una nación, no puede presuponer una alta virtud en todos y por esto mismo, debe enfocarse en aquellas malas acciones que son de daño claro en todos, las acciones que impedirían una vida social, como el asesinato.

          El paso siguiente es tratar las opiniones que sostienen que sí, que la ley humana debe tener una gran amplitud de metas.

          A quien dice que las leyes humanas han sido hechas para que el atrevimiento de las personas sea mantenido bajo control, lo que no sería posible a menos que todos esos males fueran reprimidos, dice Aquino que ese atrevimiento se refiere al daño a otras personas.

          Por esto, la ley humana abarca las acciones que dañan al prójimo y sí son prohibidas por esa ley. No el resto de ellas.

          A quien dice que la intención de las leyes es hacer virtuosos a los ciudadanos y eso no puede ser logrado a menos que por ella se eviten todos los vicios, dice el autor que el propósito de la ley es conducir a las personas a la virtud, pero hacerlo de manera gradual y no repentina.

          La ley no debe cargar los hombros de las personas con disposiciones que sólo los muy virtuosos pueden cumplir para que todos se abstengan de acciones malas. Si acaso esto se intentara, las personas abrumadas con tales obligaciones se rebelarían y caerían en males aún mayores. El vino nuevo no debe ser puesto en odres viejos que se romperían, es decir, las leyes exigentes en exceso serían despreciadas por las personas y con esa actitud aceptarían vicios mayores aún.

          A quien dice que la ley humana se deriva de la ley natural, y ya que todos los vicios están en contra de la ley natural, la ley humana también debe reprimir esos vicios, responde Aquino que la ley natural es una parte de la ley eterna y que la ley humana es parte de la eterna. La ley que es dada para el gobierno de las personas permite y deja sin castigo muchas cosas que son castigadas por la Divina Providencia. Si la ley humana no intenta cubrir todo, no debe ser culpada por ello. La ley humana no puede prohibir todo lo que prohibe la ley natural.

Con autorización de © Contrapeso.Info

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