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Caminar para cualquier lado
por Ariel Neuman
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"Afuera tu no existes, sólo adentro". Eso dice la canción, pero habla de la imagen, de los valores, de las personas, de lo esencial y de lo invisible. ¿Existe la Argentina afuera? ¿Existe el gobierno adentro? Empecemos por atrás: para la segunda pregunta, la respuesta tiene cara de elección e indica que una administración elegida con el caudal de votos que cosechó la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, tiene sin ningún tipo de lugar a dudas el apoyo interno de la enorme mayoría de los ciudadanos que participaron de los comicios.
La primera cuestión es, sin embargo, la que sabe despertar las mayores dudas.
Las falencias en la política exterior argentina no son nuevas ni mucho menos. En lo que podría considerarse historia reciente, tienen un punto de partida dramático con la Guerra de Malvinas y la creencia en el apoyo norteamericano frente al "enemigo inglés".
En los 90 adoptó la forma de carnalidad en exceso (y de traiciones con ventas de armas a países en guerra), mientras que en los albores del nuevo siglo se vistió de desprecio hacia todo aquél que confiara (y especulara, por qué no decirlo) en la Argentina.
Los gobiernos de los Kirchner, en tanto, no han hecho sino sumar confusión a todo el embrollo de la agenda exterior.
Los cortocircuitos con Uruguay, el país más hermano y amigo que hemos tenido; los golpes con los Estados Unidos (pechito argentino de por medio); los acercamientos con Venezuela; los alejamientos de Brasil, dan cuenta de una falta de comprensión del escenario internacional.
Colocarse bajo el ala ajena no es, claramente, la solución para una estrategia de país, al menos no cuando lo que se busca es posicionamiento en el plano internacional.
No se trata de estar con unos o con otros, sino de visualizar qué implica una u otra cosa.
El tratamiento que se le ha dado al hummer gate, que involucra a unos cuantos diplomáticos extranjeros en la compraventa de automóviles con ventajas impositivas para su posterior reventa a nuestros ricos y famosos, demuestra hasta qué punto se puede deteriorar las relaciones entre países.
Ni hablar del affaire de la valija con los famosos U$S 800.000, cifra insignificante frente a las que se manejan en cualquier campaña política y, ni que hablar, licitación de obra pública nacional o internacional.
¿Serán escándalos armados para desviar la atención? ¿De qué? ¿Para qué? ¿Por quiénes?
Teorías conspirativas, de esas que forman tramas de películas de suspenso, podrían elucubrarse de a montones. Lo cierto es que dan cuenta de un país que no cuida el afuera desde hace mucho, mucho tiempo.
Ese tipo de conductas es la que les permiten a los países que comercian con el nuestro, que invierten o que nos prestan, hacerlo bajo el paraguas de la desconfianza absoluta y, obviamente, a tasas mucho más elevadas que las medias del mercado internacional.
Decir hoy A y mañana inclinarse por no A es una opción que la Argentina no debería seguir tomando.
El modelo de continuidad brasilero es, en ese sentido, un ejemplo de política recogido por los libros de relaciones internacionales.
Una vez más, nuestros vecinos del norte, nuestros vecinos de al lado, nos dicen para dónde ir. Nosotros, en cambio, preferimos mirar para otro lado y seguir caminando a los tumbos.
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