LOS OTROS VILLANOS EN
LA GUERRA SUCIA ARGENTINA
El gobierno de Kirchner está repleto de ex miembros de Montoneros, una de los grupos terroristas más crueles de los 70, cuyas sangrientas actividades en todo el país durante seis años antecedieron al gobierno militar.
por Mary Anastasia O'Grady (THE WALL STREET JOURNAL, 25 marzo 2005)
El plan para reconstruir la llamada "Zona Cero" de Nueva York incluye un llamado "Centro Internacional de la Libertad" que, según su sitio en Internet, "será parte integral de la respuesta de la Humanidad al 11 de Septiembre, levantándose de la tierra arrasada en lo que fue el Centro Mundial de Comercio (World Trade Center)".
Qué sarcasmo sería usar ese sagrado lugar para falsear la fundada historia del terrorismo.
Por desdicha ya ha comenzado ese esfuerzo, como lo demuestran los tempranos intentos del gobierno argentino por asociarse al Centro Internacional de la Libertad. El cónsul general argentino en Nueva York es miembro del comité de eruditos y asesores del centro, y el Wall Street Journal ha averiguado que la esposa del presidente argentino ha tratado con los que desarrollan el Centro que "su gobierno" desea contar allí la historia de los desaparecidos
por los militares en la "Guerra Sucia" de los 70.
Esto reforzará la versión del gobierno de Kirchner sobre la historia argentina, pero hará muy poco para servir a la verdad o como declaración de condena al terrorismo.
Cuando pregunté al Centro si la historia que la Sra. Kirchner quiere contar incluiría el recuerdo de las víctimas de la guerrilla terrorista que provocó el golpe de estado, se me dijo que ese tema no había surgido en las conversaciones. ¡Vaya sorpresa! El gobierno de Kirchner está repleto de ex miembros de los "montoneros", uno de los grupos terroristas más crueles de los 70, cuyas sangrientas actividades en todo el país durante seis años antecedieron al gobierno militar.
Ayer se cumplió el 29no, aniversario del golpe militar en Argentina. Los esfuerzos soviéticos, cubanos y de marxistas locales para tomar el poder fueron vencidos por el gobierno militar, aunque con gran violencia y gran costo para el país. Desde entonces, los terroristas vencidos han tratado de enmendar la violenta historia del período, para convertirse en mártires ellos mismos y sus difuntos camaradas.
El caos terrorista que causó la represión de los militares está bien documentada en "La Otra Parte de la verdad", del argentino Nicolás Márquez. El libro apareció el año pasado y han sido vendidos más de 20,000 ejemplares (es de lamentar que no haya edición en inglés).
Ninguna persona civilizada podría justificar los excesos de los militares, y Márquez deja en claro que deplora lo sucedido en su país. Su relato de los hechos terroristas incluye los del brutal grupo fascista Triple A. Pero además demuestra, sin lugar a dudas, el absoluto protagonismo de los Montoneros en la siembra del caos y el terror.
En 1970 los comunistas ya estaban en el poder en Cuba y ganaban terreno en Chile. En Argentina, estaban activos varios grupos subversivos, pero dos eran especialmente poderosos. Uno, los montoneros, "que inicialmente se infiltraron en el peronismo a través de la resistencia peronista", como dice Márquez. El otro era el ERP, de Fidel Castro.
En 1970-1973 los terroristas aumentaron bastante el clima de miedo. Pero cuando el presidente Juan Perón murió el 1 de julio de 1974 y su mujer Isabelita quedó a cargo del gobierno, las cosas realmente empeoraron. Según Márquez, "los guerrilleros... operaron sin el menor inconveniente y crecieron en número, poder de fuego y ataques realizados".
En 1974 hubo "21 tentativas de invasión y copo contra unidades militares de las fuerzas legales, 466 ataques con bombas y explosivos, 16 asaltos (con botín cercano al millón de dólares), 117 secuestros y 110 asesinatos."
A principios de 1975, en medio de la escalada de violencia, una orden ejecutiva secreta mandó al Ejército a hacer lo necesario para "neutralizar y/o aniquilar el accionar subversivo" en la provincia de Tucumán, donde el terrorismo era más intenso.
Márquez hace referencia a una charla del abogado argentino Florencio Varela, experto en temas militares. Citando el testimonio del gral. Jorge Videla, quien dirigió la primera junta militar, dice el Sr. Varela que a fines de aquel año el presidente provisional Italo Luder conminó a los jefes militares a encontrar una forma de parar al terrorismo.
Los militares presentaron cuatro opciones, una de las cuales era dar control local absoluto a las unidades militares, con amplios poderes, que pese al riesgo de diluir el control prometía ser más eficaz. Luder escogió esa opción, pese a los reparos de su ministro de justicia. Poco después comenzaron las desapariciones.
Varela recalca que estos riesgos "eran conocidos por las autoridades constitucionales, pero nadie levantó la voz o se quejó al respecto". Las razones parecen obvias: años de terror homicida habían creado un ambiente de miedo y desesperación que las débiles instituciones del país no había podido evitar. Cuando los militares tomaron el poder el 24 de marzo de 1976, la
sociedad civil dio su bienvenida a la posibilidad de retornar al orden.
El conocido periodista argentino Jacobo Timerman --luego encarcelado por los militares-- escribió el 27 de marzo en el diario LA OPINIÓN: "Si los argentinos, como se advierte en todos los sectores --aun dentro del ex-oficialismo-- agradecen al Gobierno Militar haber puesto fin a un vasto caos que anunciaba la disolución del país, no menos es cierto que también le agradecen la sobriedad con que actúan." El mismo diario había informado cuatro días antes, que en los tres años previos 1,358 personas habían muerto a manos de los terroristas.
Márquez documenta lo dicho por varios representantes elegidos por voto popular de aquel tiempo, sobre su desazón por el desorden y la sangre derramada. El conteo final oficial de actos terroristas para la década 1969-1979 es de más de 21,000 atentados, 1,748 secuestros y 1,501 asesinatos.
Ante tal brutalidad y su enorme costo para la sociedad argentina, asombra el número de individuos en el gobierno del Sr. Kirchner señalados como montoneros por Márquez, incluyendo a Eduardo Duhalde, secretario de Derechos Humanos; Rafael Bielsa, ministro de Relaciones Exteriores; Carlos Kunkel, subsecretario de la Presidencia; Jorge Taiana, viceministro de R.E.; y Patricia Vaca Narvaja, secretaria de Asuntos del Consumidor. Miguel Bonasso, quien escribió un libro sobre su pasado montonero, es miembro del Congreso y aliado cercano de Kirchner. Horacio Verbitsky, íntimo asesor del presidente, fue una autoridad importante en el aparato de inteligencia de los montoneros.
Uno de los aliados más cercanos a Kirchner es Hebe de Bonafini, activista argentina que declaró su "dicha" por la masacre de miles en el World Trade Center. Ahora el propio Kirchner quiere usar el lugar del más terrible ataque terrorista sufrido por Estados Unidos para "limpiar" la historia de los montoneros en Argentina. La historia no debiera ser tan fácil de tergiversar.
Cortesía de Pedro G. de Céspedes
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Responsable de la edición de esta enformación: Alvaro Kröger