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Amiga Graciela.
Cuando leo tus artículos, me sitúo, y solo de recuerdos sin mirar el mapa, me sale tu pais. Americano y de sangre hispana, Yorugua, italiana, Española, y de tantas familias que fueron allí un día esperanzados a ese idílico prometedor y bello rincón entre Argentina y Brasil.
Buscábanse la vida, otra vida, mejor vida que seguro encontraron.
Pero hoy al cabo de siglos tengo que explicarle a los vecinos, a estos españoles a los que tan lejos les queda todo lo hispanoamericano, que los Argentinos no son Uruguayos, que Brasil que aunque vecino, y un enorme país en donde no se habla Español, si no Portugués, no tiene nada que ver con Uruguay y que Colombia y Venezuela no son países ricos y prósperos.
Cuantos mitos y leyendas urbanas hay que desentrañar de éstos, nuestros países antes hermanos y hoy para algunos primos lejanos.
Ellos que un día nos acogieron con los brazos abiertos, sin papeles. Valían más las palabras y las ganas de trabajar, no me llames extranjero decíamos, y hoy les pagamos con la indiferencia de nuestro desconocimiento de sus diferentes culturas, costumbres e historias.
Pero triunfarán en España y adonde radiquen sus ganas de trabajar y prosperar, porque saben de dificultades, porque son mejores, porque no están tan contaminados de ese rancio egoísmo europeo.
Y mientras Uruguay sigue allí, está allí, al otro lado de este planeta esperándome, con su verde que nunca se amarillea por la contaminación de centrales nucleares, con sus playas y paisajes de película, con su más preciado tesoro, sus extraordinarias gentes, de ascendencia y vocación Europea.
Uruguay quiere conocerme, a este su siempre rendido admirador, de sus paisajes, y de sus gentes.
Espérame Uruguay, y mientras, que no te cambien, que tus gentes sigan como siempre, que no te envenenen con industrias multinacionales y contaminadoras .
Daniel Garcés - Barcelona/España
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