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Año III - Nº 138 - Uruguay, 08 de julio del 2005

 
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Oficios fernandinos olvidados
Por el Dr. Mario Scasso Burghi

El otro oficio vinculado a la zona, muy relacionado al primero, que como actividad empresarial se extendió desde el s. XVIII hasta 1991, fue el de los loberos o faeneros, localmente conocidos como faineros. Su oficio era la matanza de lobos inicialmente para obtener sus pieles, su grasa, su aceite, tanto de lobos finos o de dos pelos como de pelucas y últimamente por los cueros de los primeros.

Los primeros pobladores de Maldonado se dedicaron a su caza para proveerse de estos artículos, fundamentalmente para obtener su aceite que lo utilizaban en lámparas para la iluminación de las viviendas, como hasta recientemente el querosene. La caza se efectuaba sobre individuos aislados o en pequeños grupos en las playas o en las puntas rocosas más accesibles: Punta del Este, Punta Ballena, Piedras del Chileno.

Desde 1774 la caza de los lobos, se comenzó a efectuar por cuenta del rey, es decir en beneficio del estado, para obtener el aceite y la grasa para la utilización del Apostadero Naval de Montevideo (engrase de las maquinarias de los navíos, mecanismos del timón, de elevación de las anclas, de las bombas de achique, de los movimiento de las velas), del Cabildo montevideano (como disolvente de pinturas al aceite, para iluminación). Desde la instalación del Cabildo de Maldonado en 1784, comienza la reclamación de los beneficios impositivos de esta explotación para rentas municipales. La pesca como se le llamaba, se efectuaba ya en forma organizada, con mayor logística, en la Isla de Lobos, existiendo un Capataz de la Isla: Bernardo Guerra.

En1792 instalada la Real Compañía Marítima en la Isla Gorriti, inicia sus actividades en las faenas de lobos y de ballenas. Felipe Cabañas su director, precisa ya desde esas fechas, que la matanza de lobos se hacía en forma de zafra, comenzándose a principios de mayo hasta fines de octubre. Con estas características se mantuvo hasta el s. XX desde junio a setiembre o mediados de octubre, luego de las pariciones y cuando los temporales con gran oleaje tenían apartados a los lobos machos del mar. Es de notar que lo principal de la actividad era precedente a la de la caza de las ballenas, por lo cual el grueso del personal, cumplía ambas tareas.

La significación de la explotación de los lobos para la ciudad y su cabildo es manifiesta por la petición que este elevara al rey, en 1798, para que se le concediera un escudo en el que figurara un lobo marino y una pluma.

Luego de las invasiones inglesas y de la liquidación de la Real Compañía Marítima, se comenzó a otorgar la explotación de los lobos marinos por concesión a particulares, muchos de ellos vecinos de Maldonado: José Braña, Juan Manuel Fernández, Antonio de la Fuente (estos dos últimos cabildantes), José Gestal, Diego Novoa, José Denis Batista, Juan Susviela, y desde 1820 a 1842, a través de gobiernos portugueses, brasileños, de las Provincias Unidas y del Estado Oriental, a Francisco Aguilar. Desde 1843 a 1865 la explotación se hizo por cuenta de los hermanos Samuel y Alejandro Lafone. Durante el Militarismo se le concedió a varios militares: Gral. Francisco M. Acosta, Cnel. Manuel Aguiar, Cnel. Ángel Cassalla. En general a posteriori, la explotación estuvo a cargo de empresas, no establecidas en Maldonado y finalmente por el estado, pero el personal a cargo de la faena siempre era local.

Los intereses de los concesionarios fueron tan importantes que postergaron la instalación de un faro permanente en la isla hasta 1906 por temor que esto ahuyentara a los lobos. Hicieron retirar una señal luminosa fija que se instaló en 1858 a los dos años, por esto. Decenas de barcos tuvieron percances o se hundieron en las cercanías de la Isla de Lobos, por carecer de señalización.

En gran parte del s. XIX y en la primer década del s. XX, debieron enfrentarse a la competencia de piratas que efectuaban caza clandestina (en su mayor parte ingleses, pero también norteamericanos, canadienses y chilenos), posibilitado por la casi inexistencia de una marina nacional que protegiera los intereses marítimos.

Durante todo el s. XIX fue el principal recurso de la administración del departamento. Lo recaudado por esta actividad se destinó a completar el costo de la Escuela Ramírez, finalización del templo parroquial..

Los abastecedores eran de la ciudad, durante las primeras décadas del s. XX, lo fue la firma de los Fernández Izmendi, (La Montevideana), almacén al por mayor y acopiadores de granos y lana (quebró en la crisis del 30).

La mayor parte del personal eran miembros de familias características de la ciudad, generalmente de pobres recursos. Muchos de ellos pertenecían a una sola familia, el oficio se ejercía por abuelos, padres e hijos, cuñados, primos y sobrinos

Existieron personajes particularísimos como Silox Acosta que se inició en las matanzas desde 1856 y fue capataz desde 1863 hasta 1896, su padre, Ramón de la Cruz fue faenero en la isla, y su hermano Oroniel fue capataz ente 1897 a 1900, sus familiares Santiago, José Benigno, Nicomedes, Ciriaco y Rogelio, también fueron faeneros. Isidro Valdivia que fue capataz entre 1924 y 1956, tuvo también tres hermanos loberos, entre ellos Marcelo, Norberto y dos sobrinos. También los hermanos Pedro y Laureano García

Varias familias fernandinas tuvieron miembros suyos entre los faeneros a lo largo de casi 200 años, Leandro de León, Bernardo Gutiérrez, Inocencio Cairo, Francisco Ayola (capataz de José Denis Batista), Joaquín Gómez (capataz de Francisco Aguilar), Felipe Barboza, Gregorio Gómez, Albino Chalar, Miguel Rodríguez, Manuel Sánchez, Blas Rodríguez, Domingo Montañés, Francisco Cruzado, Rudesindo Arredondo, Eustaquio Rivero, Natividad Torres, Bernabé Silvera, José Rebolledo (fue mayordomo en 1893),Tragaviento Pérez, Cecilio Rivero( fue el último capataz de Maldonado entre 1956 y 1966).

Los loberos o faeneros eran individuos habituados a una tarea muy ruda y en condiciones climáticas desapacibles, durante los meses invernales se debían trasladar desde la bahía de Maldonado en embarcaciones de no muy gran calado para poder desembarcar en la isla, que no tiene un puerto natural, lo que los exponía a los golpes de las olas. Asimismo era dificultoso el acceso al islote del Bajo Lobos, donde se efectuaban también matanzas. En una ocasión, en 1877, la densa niebla hizo perder el rumbo a una ballenera de loberos, que regresó a las 24horas sin hallar la isla. En 1892, una embarcación en la que iba el capataz Silox Acosta con once faeneros, una ola la dio vuelta contra las rocas de la isla. A Isidro Valdivia en 1921, con otros 16 compañeros, una tormenta arrastró la embarcación en la que se trasladaban a la isla, a mar abierto, donde estuvieron al garete durante 56horas, hasta que la recogió un barco carguero (en los recuerdos del yerno de Valdivia fueron 10 días).

De cualquier forma realizaban su trabajo en invierno, con una técnica que conllevaba conocimiento de los hábitos de los lobos, del viento, de las mareas, que requería una considerable destreza adquirida, planteando una operación de trabajo en común. Con las indicaciones del capataz, los punteros se desplazaban con lentitud y en forma silenciosa, seguidos por los faeneros, de cara al viento, entre los lobos, vestidos con ropas oscuras, calzados con unos escarpines de lana cruda que envolvían las botas para impedir que se resbalaran en las rocas húmedas, interponiéndose entre los animales y el mar para impedir su huida hacia este: el cerco. Luego se efectuaba la corrida, que era caer sobre los lobos y matarlos a golpes sobre el cráneo, para no estropear la piel, con mazos de madera con extremo de hierro. Por supuesto que los exponía a mordeduras, caídas, fracturas, cortes en las manos. Luego los cuerpos de los lobos se llevaban a rastras a los lugares de procesado. Allí se cuereaban, se desgrasaban, se salaban los cueros y se almacenaban en barricas, se derretía la grasa para obtener el aceite que se juntaban en toneles, que luego se trasladaban a la costa.

En la época de la Real Compañía Marítima se trasladaban a la Isla de Gorriti, donde se procesaban.

En la época de Aguilar se trasladaban a barracones instalados en la ensenada de Punta del Este.

En la segunda mitad del s. XIX se construyeron estructuras para el procesado (incluso la casa de la sal, depósitos) y viviendas para el personal en la misma isla. Vivían aislados durante las semanas de temporales. Las condiciones sanitarias, higiénicas, de abrigo, eran muy precarias, era difícil la disponibilidad de agua dulce, lo que mejoró al perforarse un pozo. Las condiciones de las habitaciones recién mejoraron en la segunda mitad del s. XX, ya a cargo la faena del estado.

Desde mediados del s. XX ya la mayor parte de personal no era de Maldonado, los mejores ingresos que proveía el turismo, hicieron que los jóvenes ya no vieran estas actividades como lucrativas y en su mayor parte provenían de Rocha. En los últimos tiempos las zafras duraban entre 40 a 50 días en los meses de junio y julio.

El oficio de faenero o lobero ha desaparecido luego de la suspensión de las zafras comerciales en 1991. Este oficio peligroso y de características típicas se ha extinguido luego de más de 200 años de realizarse.

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