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Año III - Nº 198
Uruguay, 08 de setiembre del 2006
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Alvaro Kröger ¿Brasil enfermo?
por Alvaro Kröger
 
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 Brasil vive tiempos muy extraños, en los que se tornaron casi banales las noticias diarias de "encuadramiento judicial de autoridades de diversos rangos", y no sólo por un crimen, sino por varios, dejando al descubierto una "rutina de desfachatez y de indignidad" que parece no tener límites. Lo anterior estaría trayendo una grave e inesperada consecuencia psicológica y moral en vastos sectores de brasileños: en lugar de una proporcionada indignación de las personas, inclusive de un clamor contra esa corrupción generalizada, se va produciendo una apatía cada vez más sorprendente, como si todo eso fuese muy natural y las cosas debiesen ser así, con los ciudadanos aplicando la táctica del avestruz y pasando a vivir como si nada grave estuviese ocurriendo.

Brasil Enfermo

Este artículo de la realidad brasileña, que he tratado de sintetizar respetando el contexto en que fue hecho, pertenece al presidente del Tribunal Superior Electoral del Brasil, ministro Marco Aurélio Mello, en un reciente discurso al asumir ese alto cargo, a pocos meses de las elecciones nacionales. Que nos conste, dicho diagnóstico no recibió la atención que merecía, no sólo por provenir de tan alto magistrado, sino por la importante e inesperada relación de causa y efecto que él establece entre el aluvión de denuncias de corrupción y la creciente apatía en sectores importantes de la población brasileña.

El destape de la corrupción se produjo a mediados de 2005 cuando el diputado Roberto Jefferson, del partido PTB, hizo pública la existencia de una gigantesca red de recaudación ilegal de dinero organizada por el gobernante Partido de los Trabajadores (PT), desviando sumas millonarias de empresas públicas, privadas e instituciones financieras para sustentar un sistema de compra de votos de diputados de diversos partidos -el llamado "mensalón", consistente en una generosa propina mensual- con el objetivo de obtener la aprobación legislativa de los proyectos del PT y asegurar su continuidad en el poder por los próximos 10 a 15 años. A pesar de que ese esquema fue organizado por figuras entre las más cercanas al presidente Lula, éste, hasta hoy, afirma que no sabía de nada.(¿?)

Es delante de esa situación que el presidente del Tribunal Superior Electoral del Brasil constata esa enigmática indiferencia, en vez de una natural reacción de repudio, de sectores importantes de la población

Los síntomas de que la sociedad brasileña parece estar enferma, con su propio instinto de conservación debilitado, son varios. En ese sentido, la revista brasileña "Observatorio de la Prensa" destaca el diagnóstico hecho por Silvio de Abreu, guionista de varias novelas estelares de la TV Globo, basado en pesquisas efectuadas por la emisora, de que "la moral de Brasil está en pedazos". El Sr. Abreu da, entre otras pruebas, la de que hasta hace un tiempo atrás los telespectadores se identificaban con los personajes buenos, pero que hoy muchos se identifican con los deshonestos y los moralmente reprobables. Abreu observa que esa mayor tolerancia de los telespectadores "en relación a los desvíos morales de conducta está directamente relacionada con los escándalos recientes de la política", y concluye que "el simple hecho de que el presidente Lula diga que no sabía nada de nada y que no había visto nada de lo que fue denunciado en el Parlamento y en la prensa, parece ser una explicación suficiente para aquellas personas que fingen que creen en lo que él dice porque les parece más conveniente que todo quede como está". Es psicológicamente mucho más fácil y convincente.

Al  respecto, "Observatorio de la Prensa" observa que la minoría que percibe ese deterioro moral no encuentra medios adecuados para realizar el alerta, y está en una situación análoga a la de "centinelas que percibiesen el avance de los bárbaros en las puertas de Roma y no pudiesen alertar a la ciudad sobre el peligro", entre otras razones, "porque los destinatarios del aviso no quieren saber de ningún tipo de alerta".  Cuando en 1992 trascendieron noticias de corrupción en el seno del gobierno del entonces presidente Fernando Collor de Mello, el país comenzó a vivir un clima de efervescencia, que se reflejó inclusive en protestas pacíficas callejeras que llevaron a la Cámara de Diputados y al Senado a votar el juicio político del presidente y a suspender sus derechos políticos por 8 años. Esto parece ser un efecto contrario a lo que hoy se estaría produciendo en sectores de la población brasileña, a propósito de la corrupción en el gobierno del actual presidente Lula.  Colocados estos elementos de juicio, son nuestros lectores brasileños quienes están en condiciones de analizar si dichos elementos son objetivos y, en este caso, detectar y explicar los mecanismos psicológicos por los cuales la natural indignación se ha ido transformando en apatía psicológica y en parálisis del raciocinio moral.

A pocos meses de las elecciones presidenciales, aclarar ese enigma en el seno de la sociedad brasileña es de fundamental importancia no sólo para los rumbos de Brasil, sino para los de toda América Latina.

Y es de importancia fundamental porque Brasil quiere transformarse en líder de América Latina, basándose en el Mercosur; y no es lo correcto que quién quiere transformarse en líder tenga tantos esqueletos guardados en el ropero.

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