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Año III - Nº 211
Uruguay, 08 de diciembre del 2006
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Gualeguaychú: ¿se viene la “gran Galtieri”?
por Pablo López Herrera
 
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El verdadero valor de los cobardes se verifica por el tamaño del adversario que eligen. La posición del gobierno argentino con el gobierno uruguayo es dinámica, polifacética, y evoluciona de acuerdo a los intereses del momento. Los intereses del gobierno, en rara oportunidad coinciden con los del país. En este caso tampoco.

Cuando a Kirchner le interesaba que llegara un movimiento ideológico afín al gobierno del Uruguay, promocionó al Frente Amplio sin ninguna vergüenza, en una intromisión moralmente inadmisible para las reglas de la diplomacia civilizada. Y pronto el idilio progresista mostró el valor de los idilios para los progresistas.

Las causas que originaron el conflicto seguro han sido muchas, aunque todavía no se han develado en su totalidad. A esta altura parecería que el Uruguay no tomó todos los recaudos posibles e imaginables, y que realizó una pasada “light” por el CARV. Lo que no significa que las plantas vayan a ser una fuente de contaminación insoportable e inaceptable. Parece cierto el resentimiento argentino por la elección del Uruguay por parte de las empresas papeleras, comisionistas locales demasiado golosos también habrían quedado dolidos, el tamaño mismo de los emprendimientos los destina a recibir materia prima que nuestro país verá pasar por el famoso puente con destino a las pasteras donde se agregará valor y puestos de trabajo (¿será esta la causa mas importante?) , la “polución visual” ocasionada a quienes cruzan el puente rumo al Uruguay, seguramente ha dolido a propietarios y veraneantes mesopotámicos, y finalmente el activismo de quienes encontraron en todo el asunto una ocasión pintada para explotar el nacionalismo y la xenofobia con fines políticos.

Por cierto que las plantas no dejarán al paisaje como estaba, aunque la ciudad de Gualeguaychú está a más de treinta kilómetros y el recientemente descubierto balneario Ñandubaysal está situado a diez kilómetros de la planta en la orilla entrerriana. A efectos de comparar, habría que pensar en los efectos para nuestra cuidad de Buenos Aires de fábricas instaladas en el Tigre. Mucha distancia para tanto revuelo ...

Los antológicos revolcones que ha recibido nuestro gobierno en La Haya y en el Banco Mundial, a los que hemos concurrido por nuestra propia iniciativa solo se comprenden como frutos del voluntarismo caprichoso y de la soberbia de adolescentes de quienes nos gobiernan. La frutilla del postre sería un fallo definitivo en contra en La Haya , o que el mismo tribunal le de la razón al Uruguay y nos obligue o sugiera dejar el paso a la libre circulación de personas y mercaderías por Fray Bentos.

Todo lo expuesto no debería llamar la atención en nuestra Argentina decadente, descripta con lucidez en “Cambalache”, y protegida por Dios mucho mas allá de nuestros merecimientos.

Pero la radicalidad del planteo argentino sigue sorprendiendo, y debería de ser causa de serias y profundas investigaciones el aval explícito e implícito del gobierno a las medidas de fuerza desde su inicio.

Quienquiera haya visto la planta que se construye en Fray Bentos, se dará cuenta que es imposible detener la obra. Tampoco se le ocultó a nadie desde el inicio del problema que el reclamo de las células locales que fogonearon el conflicto incluía el traslado de las pasteras a otro lugar, lo que nos retrotrae a los revolucionarios y “marcusianos” sesenta: “pedir siempre lo imposible” ...

La espontaneidad del reclamo es una burda mentira. El trabajo de agitación y propaganda realizado en el lugar ha sido de alta “profesionalidad” y los resultados obtenidos acordes a la misma. Se intentó generar una idea fuerza capaz de construir un impulso social de importancia. Para despertar la sensibilidad fue necesaria una argumentación simple y contundente, que incluyera a todos obligadamente en el mismo campo, de modo que nadie del lugar pudiera sentirse excluido ni oponerse.

Todo el argumento de la campaña con el que se martilló los cerebros de la población local obedece al siguiente e “impecable”razonamiento: “Si para vos es importante el aire que respiras, el agua que tomas, el alimento para tus hijos y el tuyo mismo, entonces estás con nosotros. Si a la vida, NO a las papeleras.” Sobreentendido: las papeleras significan la muerte para vos y tus hijos. Luchar contra las papeleras es luchar por tu supervivencia.

Con esta idea fuerza se organizaron personas y grupos de distinta índole y se armó la movilización bajo la forma inicial de resistencia pacífica. Se inundó Gualeguaychú con afiches, pancartas y calcomanías para vidrieras de negocios y parabrisas de autos, de diversos tamaños que muestran el grado de adhesión a la idea y que la mantienen vigente. Se realizaron todo tipo de movilizaciones, acción directa y piquetes cuya finalidad estaba definida desde el inicio: NO a las papeleras. Luego de este trabajo de adoctrinamiento, cualquier alternativa que ponga un objetivo de negociación menor será sentida como una derrota.

Y para agregar un toque de causa santa, una imagen de Nuestro Señor Jesucristo preside el lugar de la ruta donde se agrupan los revoltosos. ¿Dónde están los obispos locales llamando a la pacificación? Les preocupa la pobreza y está bien. Les preocupan los excluidos, y está bien. Les preocupa ahora la calidad institucional en algunas provincias, y está bien. Pero la pacificación de los espíritus debería ser prioridad de las autoridades eclesiásticas. Deberían estar guiando las ovejas para evitar descarríos.

En estos días, y agotadas las vías legales del derecho internacional en perjuicio de la posición extrema argentina, solo quedará aceptarla con resignación y hombría de bien, y limitarse a verificar la calidad de las aguas del río Uruguay, que seguramente serán satisfactorias. Lamentablemente para nosotros, no tenemos lecciones que dar en materia de lucha contra la contaminación del río. Quién recorra en estos días la rambla montevideana, verá a la población local bañarse sin temor desde una punta a la otra de la ciudad, imagen imposible de registrar en nuestras costas.

No estando la razón de nuestra parte, y mordiendo nuestras autoridades el polvo de la derrota legal, a la postura extrema solo quedaría el recurso de la fuerza. Los agitadores locales solo deberían provocar el “casus belli”. Lo mismo se hizo en el caso Malvinas con la provocadora ocupación de una planta ballenera que fue pronto reprimida por los ingleses. Si se produjeran agresiones a viajeros uruguayos, agitación en Fray Bentos, ataques directos a la planta, corte del río Uruguay (¡hay quienes evocan la batalla de la vuelta de Obligado!), o cualquier desatino, al gobierno solo le quedaría el “deber” de defender vidas e intereses locales. Y estaríamos de lleno en “la gran Galtieri”...

Si como ciudadano inquieto me planteo estas reflexiones, lo hago por varias razones. La primera es que este gobierno y este presidente en particular aplica sistemáticamente el conflicto como método para lograr sus fines. La segunda es que habiéndose planteado el tema de las papeleras con el tiempo suficiente como para buscar soluciones razonables, veo a Kirchner más inclinado a apretar el acelerador que el freno frente a la curva cerrada que se aproxima. Al calificar Kirchner de intransigente al presidente del Uruguay y su lenguaraz Fernández de incapaz lo que están haciendo es caldear los ánimos, más que apaciguarlos. La tercera es que veo a nuestros políticos más ocupados en sus mezquinas cuestiones de candidaturas que en los verdaderos intereses de la patria. La paz es uno de los principales bienes a preservar. Las consecuencias de no hacerlo, y de los desvaríos de los extremistas las pagaríamos todos, uruguayos y argentinos. Ninguno de los dos pueblos merece ser objeto de experimentos de patoteros de barrio.

Lamentablemente muchas de las cosas que se decía no iban a pasar en nuestro país, pasaron. El rosariazo, el cordobazo, la guerrilla ocupando territorios, matando militares por el solo hecho de serlo y atacando a las fuerzas armadas durante gobiernos civiles y militares, peajes revolucionarios en las rutas, varias quiebras del estado, y particularmente importante para recordar ahora, la invasión de las Malvinas, que por mas argentinas que sean, estaban y están ocupadas por el país que resistió a Hitler y estaba cantado que nos iba a dar una paliza, eso sí en honrosa lucha y con mucha entrega, dignidad y arrojo por parte de nuestros soldados. Nuestro país es un país que votó a Perón y que lo echó, que apoyó y aprobó la acción de los gobiernos militares mirando para otro lado por la forma de lucha y que después fue incapaz de apoyarlos en la persecución desatada, que votó a Cámpora con todo el zurdaje que venía con el, que votó a Alfonsín y se alegró que se fuera porque no sabia no podía o no quería gobernar, que votó a Menem dos veces, que festeja defaults...

“Esto no va a pasar en nuestro país...” es solo una frase de quienes quieren a distraer la atención acerca de lo que realmente está pasando o por pasar, o de quienes viven con la cabeza debajo de la tierra como el avestruz. Antes de cada devaluación o crisis económica se repiten frases con ese sentido: “el que apuesta a la devaluación pierde” ... “el que depositó dólares, cobrará dólares”, “no vendas los bonos que no pasa nada ...” y largo etc. Y las consecuencias de las repetidas estafas a la credibilidad las pagan los inocentes, los ingenuos, los que no hacen un culto de la viveza criolla. Por eso en las presentes circunstancias, mas vale pensar que puede pasar lo peor, para evitarlo ...

Lo que es simplemente un problema de interpretación del tratado sobre el río Uruguay, entendido por nuestras autoridades como un derecho de pernada, se está transformando en un conflicto fronterizo.

El cinismo de nuestro gobierno no conoce límites. Finge conciliar mientras provoca tildando a Tabaré Vázquez de intransigente porque no obedece la instrucción santacruceña. Llama a una “conciliación” –se supone que mientras hay una misión de ese tipo queda todo como está- y al mismo tiempo envía una misión a Washington para obstruir el otorgamiento de un crédito. Plantea el tema como originado por las “fuerzas del imperio” mientras por la fuerza del apriete pretende que un país varias veces mas chico ceda a la presión de los cortes. Les pide a los piqueteros que se porten bien y que no corten los puentes y al mismo tiempo les dice que el gobierno los va a dejar hacer. Aprieta como un verdugo y se muestra como víctima. Llama “hermanos” a nuestros vecinos y no tiene la dignidad de ordenar la abstención de votar al delegado de ambos países en el Banco Mundial, que no hubiera cambiado el resultado de la resolución, pero hubiera sido un gesto de buena voluntad. Avanza con todas las fuerzas en rumbo de colisión y cuando Tabaré Vázquez protege las plantas con una guardia militar de una docena de soldados en su propio territorio, precisamente para impedir que algún imbécil se tiente con algún atentado en suelo uruguayo, pone el grito en el cielo, y lo acusa de “militarizar” el conflicto como si estuvieran a punto de invadirnos.

Si por azar del destino nuestro gobierno, que ya anunció su decisión de no reprimir a los revoltosos locales en su acción ilegal e injusta de impedir la libre circulación de bienes y personas, apelara a lo que queda de nuestras fuerzas armadas, opino que dadas las circunstancias estas tendrían el imperativo moral de negarse a obedecer las órdenes preventivas o ejecutivas que puedan poner en peligro la sagrada paz con el Uruguay, so pena de embarcarnos en una aventura de la que nada bueno y mucho malo puede suceder.

(*) Miembro del Comité Consultivo de Atlas-1853 – - www.pablolopezherrera.blogspot.co

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