Año II - Nº 86 - Uruguay, 09 de julio del 2004
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El Primer Festival Internacional de Cine de Punta del Este

El primer Festival Internacional de cine en Punta del Este fue realizado durante los meses de febrero y marzo del año 1951. Se trató del primer evento de esta naturaleza que se realizó en latinoamérica, por lo que se trató de un acontecimiento de importancia continental.
El ideólogo del Festival fue el empresario Mauricio Litman y contó con la organización del Estado Uruguayo, a través del Poder Ejecutivo de la época.
Verdaderamente se trató de un desafío, ya que hubo que organizar un festival de nivel internacional en pocos meses y el país no tenía experiencia previa ni industrias cinematográficas.
Para la ocasión se estableció la entrega de la distinción cinematográfica a las películas premiadas que consistió en «El Liber», que era una estatuilla con la reproducción de un detalle del Monumento a los Constituyentes, del escultor nacional José Luis Zorrilla de San Martín, ubicado en la Avda. 18 de Julio y Blvar. Artigas de Montevideo. Se trataba de una escultura simbólica que representaba a la Libertad. Todo un símbolo, que de alguna forma representaba a un Uruguay reconocido por su tradición democrática.
Punta del Este contaba para la organización del evento de cierta infraestructura básica: la sede del Cantegril Country Club, los bungalows también construídos por Mauricio Litman y comercializados por la firma Iturrat Inmobiliaria, los hoteles Casino San Rafael, Nogaró, Playa, El Médano, Míguez, etc.
Hubo que construir una sala cinematográfica cerrada, especialmente destinada para el evento, en un tiempo récord. Efectivamente: la empresa constructora Cristiani & Nielsen S.A. fue la ejecutora de las obras del cine cerrado, la boite «Noa Noa» (contigua a la sede del Cantegril Country Club ), el cine al aire libre y del pabellón de Información y Prensa (ubicado enfrente al cine) ¡ en escasos ochenta días !
Fue así que el 26 de noviembre de 1950 comenzó la construcción del edificio del cine, diseñado por los arquitectos argentinos Jorge De la María Prins y José M. Olivera, de seiscientas butacas con un diseño adecuado al ambiente cuasi-campestre de su ubicación. Más de trescientos obreros trabajaron día y noche, divididos en varios turnos, actuando como director de obra el Arq. Antonio Miranda, y también el Arq. Gastón Rosa que actuó como supervisor general.
Se trabajó hasta el mismo día de la inauguración (una lluvia incesante dificultó los trabajos los últimos días), retirando parte de maredámen de la obra esa tarde, como también finalizaron pocas horas antes las tareas de pintura (¡ todo a la uruguaya ! podríamos decir).
La expectativa creada en torno al Primer Festival Cinematográfico Internacional de Punta del Este era enorme; la posibilidad de ver películas no estrenadas aún en el país, de conocer y ver a los propios artistas y la difusión del Uruguay en el exterior, constituían verdaderos alicientes de evento.
El éxito del funcionamiento de las salas cinematográficas durante gran parte del siglo XX era pleno. El cine constituyó el primer medio de comunicación masiva de tipo técnico luego de la radio. Su auditorio era enorme y la concurrencia a las salas era a pleno. Debemos tener en cuenta que en el Uruguay no existía, a la época del Festival, la televisión.
De los países invitados participaron todos (Brasil, Estados Unidos, México, Inglaterra, Francia e Italia) excepto la República Argentina.
La primera de las delegaciones que arribó a Punta del Este fue la italiana, que llegó el día 13 de febrero, y participó con dieciseis integrantes. Entre otros participaron Alberto Latuada, Carla del Poggio, Mariela Loti, Vittorio Sala, Dino de Laurentiis, Silvana Mangano y Carlo Ponti.
El día 14 de febrero llegó la delegación mexicana. Estaba integrada por once personas, entre los cuales estaban Pedro Armendariz y el célebre Mario Moreno «Cantinflas», quien vino piloteando su propio avión, un DOUGLAS DC-3.
La delegación brasileña estuvo compuesta por doce integrantes. Ente ellos: la bella Tonia Carrero y el apuesto Anselmo Duarte.
Los ingleses concurrieron con diez personas.
Una de las anécdotas más recordadas de esta Delegación fue cuando, al clausurarse el Festival y luego de un banquete extraordinario -tal vez el de mayores proporciones de los que se dieron en esos días en Punta del Este-, y cuando todos estarían en plena digestión por la opípara cena, el director John Sutro y la actriz Glynis Johns fueron vistos en el conocido restaurante «El Mejillón», a la madrugada, ¡comiendo milanesas! Él, de lustroso smoking negro, y ella, de vestido de «soirée» y capa de armiño. Excentricidad británica que le dicen.
La delegación francesa fue la segunda en número de participantes: diecisiete personas.
Punta del Este se conmovió por primera vez en forma ostensible, la tarde que llegaron los ómnibus conduciendo a la delegación de Estados Unidos de Norte América. Normalmente, la llegada de los artistas pasaba inadvertida para el público, lo que impidió demostraciones de júbilo que de otra manera, se hubieran sucedido a cada instante. «...No era una muchedumbre la que se había juntado para recibir a los viajeros del Norte, pero es lo cierto que alrededor de doscientas personas intentaron tomar por asalto a los dos autobuses en que llegaban. Desde afuera se veía perfectamente a los artistas, pero el público, en general no daba con sus nombres. Se buscaba con preferencia a Joan Fontaine, que pasó largo rato en meditada actitud de maquillarse rostro y boca, hasta que los ómnibus partieron de nuevo para llevar a los huéspedes a sus respectivos alojamientos. Desde ese momento comenzó la caza del artista americano, que estuvo a cargo de los fastidiosos coleccionistas de autógrafos, que alcanzaban su libretita a cualquier desconocido, en la esperanza de que fuera un personaje...».
La delegación norteamericana fue, por lejos, la más numerosa: cuarenta y siete personas.
Durante el desarrollo del Festival los actores y actrices fueron asediados por los denominados «cazadores de autógrafos», constituyendo una verdadera pesadilla para los artistas del séptimo arte.
Según la prensa de la época la gente no se conformaba con la dedicatoria y la firma en un retrato o en una tarjeta. Al final desfilaban por las manos de los admirados huéspedes pañuelos, carteras, cajillas de cigarrillos y ¡ hasta hubo quien en el colmo de la euforia les presentó un billete flamante de cien pesos ! Sin dudas, un recuerdo difícil de guardar.
La inauguración oficial se realizó en la noche del 15 de febrero en los salones del Cantegril Country Club, bajo una incesante lluvia, y se contó con la presencia del Presidente de la República don Luis Batlle Berres y su señora esposa doña Matilde Ibañez Tálice.
A las 23 horas quedó inaugurado el local del cine Cantegril, también bajo una lluvia torrencial. En la oportunidad se exhibió un cortometraje sobre la vida de José Artigas, héroe máximo del país anfitrión. El film se denominaba «Artigas, Protector de los Pueblos Libres», y se trató de la primera película documental uruguaya de exaltación a la memoria del Jefe de los Orientales.
También se exhibió la película norteamericana «El Odio es Ciego».
Luego de la inauguración, una reunión en la nueva boite del Cantegril Country Club -»Noa-Noa»- congregó a los invitados especiales. La sensación la causaron la actriz italiana Mariella Lotti y el actor mexicano Pedro Armendariz cuando bailaron el tango «La Cumparsita», interpretado por la orquesta típica de Roberto Lurati.

Material publicado por Realidad.com.uy