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Año V Nro. 359 - Uruguay, 09 de octubre del 2009
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Las formas revolucionarias que surgieron en el pasado siglo XX, e incluso con anterioridad, se sustentaban en el ideario de la regeneración social, económica, política y cultural. La idea de reinventar el Estado y sus instituciones conlleva la noción de transformar las visiones y las concepciones que se poseen en determinado momento sobre la realidad. Hay dos maneras de hacerlo: en el escenario de la libertad de pensamiento o en el de un totalitarismo homogeneizante. La idea de renovarlo todo, es decir la noción del cambio, es sin duda el mayor logro de la especie humana, sin ella la historia suma cero. Sociológicamente, la figura por la que se logra todo cambio real es la Revolución, empero, no todo cambio supone una revolución. Las revoluciones o procesos de cambio positivos implican la incorporación de elementos nuevos que coadyuvan el bienestar de la gente, se avanza cuando lo nuevo abre posibilidades positivas a futuro. En el sentido dialéctico del término, la Revolución se logra mediante el trastrocamiento del orden instituido, y su reemplazo por otro teóricamente superior. La ley dialéctica manda que el nuevo orden sea cualitativa y cuantitativamente mejor al régimen anterior. Sucede, sin embargo, que la historia es intrincada y caprichosa, pues en los hechos no toda revolución supone un avance. Hay procesos que trastocan el orden establecido y sólo obtienen un retroceso. El proceso talibán es un buen ejemplo actual, o Cuba cuya Revolución ancló la sociedad de ese país en el siglo pasado, o la ex-Unión Soviética que colapsó en el más escabroso desastre, lo que muestra que una revolución “retrógrada” sólo puede producir desastres. En el caso que nos ocupa; Bolivia, bajo el poder del MAS (Movimiento al Socialismo) y la presidencia de Evo Morales, no se termina de definir el signo del proceso en la medida del esfuerzo que el régimen imprime en retrotraer la historia 500 años atrás se asemeja al trastrocamiento talibán y poco se ve de una voluntad de avance en la historia en consonancia con el siglo XXI. Paralelamente, una confusa visión socialista no permite ver con claridad que diseño de sociedad se pretende en la “futura” Bolivia. Para teóricos como Patz, el proceso pasa por un indigenismo socializante con connotaciones marcadamente racistas. Todos los argumentos de los “indigenistas” de nuevo cuño se inscriben en la lógica escarmentadota propia de la matriz fascista. El eslogan “ahora es cuando” sintetiza la semiología ideológica de estas posturas. Hoy, resulta difícil apreciar a estas alturas si la revolución del actual régimen boliviano que encabeza Evo Morales que hace unos días de visita oficial en España dijo que los “indígenas bolivianos no guardaban rencores de la conquista y la colonia”, esté realizando un esfuerzo por llevar la historia adelante, y a través de ello mejorar las condiciones de vida de todos los bolivianos, tomando en cuenta que la que dirige es la nación más pobre de Sudamérica. Esto desde una perspectiva moderna y acorde con el siglo XXI, o si por el contrario se trata de una revolución talibán, racista y excluyente, con los ojos puestos en el pasado, y una visión confusa del futuro. ¡Hasta el próximo análisis…!© Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez para Informe Uruguay
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