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Año V Nro. 359 - Uruguay, 09 de octubre del 2009   
 
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Visión Marítima

 

No Sabe Nada, Pero No Fuma
Pruebas de idiotez
por Eduardo García Gaspar

 
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“No son las drogas, ni el alcohol tampoco, las causas fundamentales de los males de la sociedad. Si nos interesa buscar la fuente de nuestros problemas, no debemos hacer pruebas de drogas a la gente, más bien debíamos hacerles pruebas de estupidez, ignorancia, codicia y amor al poder”.

          La frase anterior es de P. J. O’Rourke, un escritor estadounidense con buen sentido del humor y con un talento especial para encontrar lo ridículo en lo que consideramos incuestionable. El tema viene a colación, por una de esas maravillas que suceden en los gobiernos.

          Entre las medidas gubernamentales mexicanas recientes está la emisión de reglamentos que prohiben fumar en lugares públicos. Lo prohiben por decreto, por mero ejercicio de la voluntad del burócrata que dice estar preocupado por la salud de la gente. Curiosa afirmación en un país asolado por la delincuencia y pésima calidad educativa.

          De entre todas las prioridades que existen en un país, de entre todos los problemas que se padecen, la autoridad selecciona uno y lo implanta usando la fuerza y asignando recursos para hacerlo obligatorio. Como si el país fuese a progresar y mejorar gracias a la prohibición del fumar en lugares públicos.

          La cosa no se detiene allí, la autoridad está preocupada por la obesidad del país y quiere tomar medidas contra la comida chatarra. Perfecto, seremos secuestrados y asaltados flacos y sanos. No pediremos cigarros a los secuestradores, ni papas fritas. Es como si existiera una regla no escrita que los gobernantes aplican.

          Ellos toman los problemas del país, hacen una lista de ellos en orden de importancia, y deciden corregir los menos prioritarios, dedicando a ellos su mayor empeño. O’Rourke tiene razón, los males de la sociedad, los reales, no se van a resolver con leyes que prohiban fumar, ni con impuestos a la comida chatarra, ni con limitaciones de horarios a los bares y cantinas.

          Menos aún van a resolverse con la prohibición del consumo de drogas (de hecho, todo eso empeora los problemas). Si queremos ir al fondo del asunto, deben prohibirse otras cosas, esas sí importantes y vitales, que son las causas reales de los problemas de cualquier país. O’Rourke lo ha expresado con su muy propio estilo.

          No debemos hacer exámenes de uso de drogas, ni prohibir fumar en restaurantes. Si queremos resolver los problemas nacionales, deben establecerse exámenes clínicos de otro tipo. Probar niveles de imbecilidad, de ineptitud, de necedad, de lujuria por el poder. Los resultados de esos exámenes podrían evitar al arribo al poder de gente que dañará a todos.

          Suena a broma, no lo es. Es un tema que ha sido tratado seriamente, por ejemplo, por una historiadora, B. Tuchman y por la escuela del public choice en Economía: la personalidad del gobernante, sus rasgos y los efectos que tiene. Tuchman lo explicó muy bien: si un loco predica en una calle, nada pasa, pero si ese loco llega a un puesto de gobierno todos sufrirán consecuencias.

          Apunto aquí una de las manifestaciones de esa ineptitud que indica lo bondadoso que sería poner exámenes de prueba a los gobernantes: la prohibición de fumar en restaurantes y bares, una medida que en la mente del gobernante tiene más alta prioridad que elevar la educación escolar, que es miserable en México. De las escuelas saldrán alumnos sin preparación, pero que no fuman.

          Si alguien hiciera una lista de las medidas más urgentes que necesita un país, me gustaría saber en qué lugar se colocaría la emisión de leyes en contra de fumar en todos los restaurantes. Sólo es un ejemplo. Y no podría estar arriba de problemas de pobreza, de educación, de desempleo, de finanzas públicas, de energía.

          El tema bien vale una segunda opinión para señalar un fenómeno político claro: la selección de las más bajas prioridades del país para su solución inmediata, descuidando lo que en verdad importa. Porque, ahora usted no puede fumar en un restaurante, pero tampoco puede despedir burócratas ni maestros mediocres. ¿Cuál es más importante?

          O’Rourke, lo que he leído de él, tiene un don, el de molestar profundamente. Por dos razones. Lo hace de manera cruda, directa y en un lenguaje que en ocasiones es vulgar. La segunda razón es que pone el dedo en la mera llaga, en el corazón del problema. Imagine si hubiese pruebas de médicas de imbecilidad, como las hay de uso de drogas.

Post Scriptum
         En una conversación sobre el tema de la prohibición de fumar, una persona defendió esa ley argumentando la salud de la población. El que no fuma tiene una vida más saludable. Es cierto. Pero también tiene una vida más saludable el que no toma sal, el que no toma azúcar, el que no toma grasas, el que lee libros buenos, el que hace ejercicio, el que se levanta temprano, el que toma comidas balanceadas, el que se abriga en invierno…

         ¿Quiere alguien que un burócrata le dicte qué hacer para vivir sanamente? Adelante, que lo obedezca, pero que no me fuerce a mí a hacerlo. No quiero tener a un burócrata enfermo de poder diciéndome que ya tomé dos cervezas y que no puedo tomar la tercera, o la cuarta.


Finalmente, resulta curioso que al mismo tiempo la autoridad mexicana prohiba fumar en ciertos lugares con el objetivo de cuidar la salud del ciudadano, y promueva la promiscuidad entre estudiantes menores de edad con lo que se elevarán las enfermedades sexuales.

Con autorización de © Contrapeso.Info

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