Miembro de
Proyect Sindicate apdu
       
 
separador                                          Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
              
     
Google Buscar en la

 
Año V Nro. 359 - Uruguay, 09 de octubre del 2009   
 
separador
En esta edición
separador
 
Paula Rodríguez Almaraz
Pedro A. Lemos
separador
Helena Arce
separador
 
Carlos Emilio La Banca
separador
Nelson Maica C.
separador
Fernando Patrón
separador
W, Daniel Gorosito P.
separador
Pilar Rahola
separador
Walter Sánchez Sedez
separador
José Luis Pomi

 
 
 
historia paralela
 

Visión Marítima

 
José Luis Pomi

Giacomo Puccini y el verismo
por José Luis Pomi

 
separador
   
rtf Comentar Artículo
mail
mail Contactos
pirnt Imprimir Artículo
 
 

         La ópera italiana, inmortal en el período clásico por la obra de puro estilo, realizada por aquellos maestros, verdaderos creadores del género, como Monteverdi, Paisiello, Pergolesi, Cimarosa, etc. sufre desde el comienzo del siglo XIX, una transformación vital, cayendo en lo artificioso y sacrificándolo todo, a las exigencias del virtuosismo vocal. Fue así, como surge la elaboración operística formada por arias y cavatinas, amoldadas a las cuerdas vocales famosas de la época, con absoluta prescindencia, las más de las veces, de la acción de la psicología del rol y de la propia interpretación musical del libreto.

         En pleno periodo romántico, aparece Giuseppe Verdi. Durante su producción de juventud, se advierte muy pronto en él, la tendencia a la expresión dramática leal, sincera y fogosa, sin poder sustraerse por completo a los vicios de las corrientes en boga.

         Apoyándose sobre una orquestación simple y por sobre todo, con la voz humana, obtiene sorprendentes acentos de vigor dramático (NABUCCO – ERNANI – RIGOLETTO – etc.) Son estas cualidades que adquieren mayor relieve en AIDA (1870) de la cual parte la franca evolución de Verdi, hasta el equilibrio sinfónico vocal, lo que consigue algún tiempo después en la tragedia de OTELLO (1877) y en forma genial en la comedia, al final de su carrera artística, legándonos el FALSTAFF (1893), donde derrochó un espíritu juvenil, que asombra aun hoy día, máxime si se tiene en cuenta que el Giuseppe  Verdi, contaba al escribirla, cerca de 80 años.

         El advenimiento de Wagner, con sus teorías estéticas y sus dramas musicales, y en primer término: LOS MAESTROS CANTORES, influyeron sobre esa evolución operada en Verdi. Así supo aprovechar tales enseñanzas, en el sinfonismo sobre todo, pero conservando siempre su poderosa personalidad y el espíritu de su raza, vibrante y diáfano, como también su inconfundible estilo melódico.

         En un magnifico estudio sobre La Música en la Civilización Occidental , el escritor Paul Henry Lang, se refiere a estos dos grandes compositores, diciendo:
”Wagner trazaba ideales; Verdi, hombres. Wagner prefería las figuras mitológicas, porque era en el pasado germánico que esperaba hallar sus propios ideales. Verdi no desdeñaba escoger cualquier asunto que le proporcionara caracteres humanos y no tenía ningún interés en la autenticidad de los accesorios de sus temas. La concepción de Wagner demandaba grandes héroes; Verdi, no construye el héroe, sino las pasiones de las cuales él, es vehículo y victima; sus hombres, son como nosotros, fundamentalmente débiles e ilusos, que solo se exhiben tal cual son, en sus pasiones y no en sus actos. Los héroes se nos manifiestan a la luz deslumbradora teatral, de las candilejas; parecen inmutables; no podemos quitarles ni añadirles nada, ni podemos cambiar sus espadas, sus lanzas, sus yelmos y pieles de lobo, por ninguna otra cosa. Los hombres y mujeres de Verdi pueden ser despojados de sus vestimentas exteriores, de sus golas del siglo XVII, de sus túnicas egipcias, de sus armaduras venecianas y vestidos gitanos, pero la patética importancia de Rigoletto, el abnegado amor de Aida, la astucia diabólica de Yago, el celo abrasador y absurdo de Otello, y la enfermiza sed de venganza de Azucena, pertenecen a lo eterno. Estos elementos constantes en el hombre, nos lo presenta Verdi en lenguaje musical en la ópera, la que trasunta la esencia del drama lírico; emociones humanas transubstanciadas de un esbozo literario a música pura “·

         Sobre finales del siglo, es donde se define con nitidez, esa comunión entre la tradición vocal italiana y el simbolismo alemán, que caracteriza esa nueva tendencia, donde prefiere argumentos de la vida real, por mas sangrientas y crueles que sean.

         Algunos musicólogos, han señalado que LA TRAVIATA (1853), es el punto de partida del verismo, porque el tema y sus situaciones dramáticas anuncian en verdad, el advenimiento de esta escuela operística. Creemos que no se equivocaron. Y agregamos nosotros, que años mas tarde, en 1875, CARMEN es junto a LA TRAVIATA, las óperas que dan el primer paso hacia la ópera naturalista, en el estilo que se llamó “verismo”.

         La obra que consideramos la piedra fundamental de este nuevo estilo, es CAVALLERIA RUSTICANA (1890) de Pietro Mascagni, inseparable hasta nuestros días con I PAGLIACCI (1892) de Ruggero Leoncavallo.

         Ambos compositores hicieron muchas tentativas, pero ninguno logró volver a producir otra ópera capaz de mantenerse en escena, hasta nuestros días.
Músicos de indudable talento teatral, fueron junto a éstos, los cultores del verismo: Giordano, Catalani, Zandonai, Cilea, y sin lugar a dudas, Giacomo Puccini, fue el verista mas capacitado y el de mayor fuste, quien supera el verismo puro llegando a una especie de romanticismo musical naturalista

         Puccini consagró su capacidad al ejercicio de la ópera y sobresale entre sus contemporáneos, merced a sus facultades de incentiva superior como músico.

         Lamentablemente esa entrega incondicional al género lírico, hace que muchos escritores excluyan el nombre de Puccini, como si éste fuera un producto extraño a la época y a los acontecimientos, y se resisten a considerarlo como parte integrante del post-romanticismo musical.

         Jamás se le podrá reprochar el haber escrito casi exclusivamente óperas, porque ese reproche no se le hace Wagner ni a Verdi.

         Tampoco Puccini no es el autor de una célebre ópera. Es un músico auténtico, exponente de una época poco favorable para el ejercicio de una estética paralela al pujante impresionismo.

         El haber escrito TURANDOT, su última ópera, es mérito suficiente para justificar su trascendencia.

         Puccini ha sido un hombre de teatro, inflexible con sus libretistas. Su fino y certero sentido teatral lo han guiado a la creación de sus obras maestras.

         Después de sus dos primeras óperas: LE VILLI y EDGAR, seleccionó su temática argumental en un ciclo de criaturas vivientes que van desde el fraude amatorio de MANON LESCAUT, hasta el fracaso amatorio de Liu.

         Es digno constatar como, aun no siendo Puccini el libretista de sus óperas, es el poeta promotor y definidor de sus criaturas, y de la base argumental de sus óperas, el amor. A través de él se vale de algo tan antiguo como el hombre: la pareja de amantes.

         La pareja es el germen inspirador de todo el proceso teatral pucciniano. Sus más grandes aciertos se encienden en la conciencia del amor de una pareja, que aún amándose no puede llegar a ser feliz.

         Con talento y fuerza imaginativa, fue creando un mundo, característicamente suyo, con un clima emocional y dramático, tan personal como su estilo musical.

         Por propia definición tenía: “más corazón que cerebro”.

         Por su genio creador, Giacomo Puccini representa un hecho muy importante, en la Historia de la Opera. Sin lugar a dudas, sigue siendo un maestro insuperable, por su sentimiento, por su ternura, por su sensibilidad, por su extraordinaria integridad, por la magnitud creativa, por su estilo armónico, y por su sello inconfundible.

         Para quienes no hayan comprendido a este gran compositor, sean estas líneas el comienzo para encontrar a un auténtico músico teatral.

         Y para quienes tengan en sus manos, la responsabilidad de un espectáculo de ópera pucciniana,  el respeto para aquel hombre de teatro que creó sus personajes y supo infundirles su inspiración creadora, sin desvirtuar lo que él hizo y quiso, sin traicionar el espíritu de la ópera.

         Giacomo Puccini merece ese tributo de respeto.

Giacomo Puccini - O mio babbino caro

© José Luis Pomi para Informe Uruguay

Comentarios en este artículo

» Arriba

separador

 
21
Informe Uruguay se halla Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
Depósito legal No. 2371 deposito Nos. 338018 ley No - 9739, dec 694/974 art. 1 inc A
20
Los artículos firmados son de exclusiva responsabilidad del autor
y no reflejan, necesariamente, la opinión de Informe Uruguay
20
Los enlaces externos son válidos en el momento de su publicación, aunque muchos suelen desaparecer.
Los enlaces internos de Informe Uruguay siempre serán válidos.
21
 
Estadisticas Gratis