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Ideas para la nueva generación política
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| por Andy Rivas |
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Sólo cuando los políticos tradicionales argentinos den verdadero lugar de crecimiento y poder a la nueva generación política, la Argentina sentirá que, hoy, un verdadero cambio es posible
A pesar del largo proceso de consolidación de la democracia en Argentina, los ciudadanos continúan cuestionando el accionar de sus representantes electos y poniendo en duda sus decisiones. Como enunció Simón Bolívar, éstos no han logrado producir la mayor suma de felicidad, ni la mayor seguridad social, ni la mayor estabilidad política que cualquier país necesita como premisa básica del desarrollo de sus habitantes. El caso puntual Argentino, presenta una gran debilidad en el accionar de sus tradicionales políticos desde el año 1983. El nacimiento de nuevos líderes es mínimo y el recambio casi nulo o familiar.
Por este motivo, el real fortalecimiento de la vida democrática gira en torno de un eje fundamental: la verdadera participación en las tomas de decisiones de las nuevas generaciones políticas que sean capaces de llevar adelante un nuevo proyecto de vida social colectiva teniendo en cuenta los modernos desafíos y las históricas falencias nacionales.
Las nuevas generaciones constituyen el futuro de los pueblos y la base para el desarrollo de una agiornada cultura política democrática. La nueva generación política debe ser producto de una larga formación entre una juventud capacitada y los políticos experimentados que permitan actuar en los verdaderos espacios. Deben ser motivados a involucrarse para erradicar el “analfabeto político” dirigencial y tomador de decisiones que no mira, no escucha y no habla.
Esta nueva generación política ya existe en Argentina pero no se le permite terminar de acceder a los espacios donde verdaderamente se produce el cambio. Estos cientos de nuevos políticos saben utilizar los momentos conflictivos aprendiendo y construyendo desde ellos. Saben estudiar, pensar, planear y actuar estratégicamente para reinventarse anticipando cambios, en vez de ser chupados por ellos. Comprenden que el mejor modo de predecir el futuro, es trabajar desde el pasado en el presente. Saben entender el desafío del cambio, saben utilizar los vientos de cambio que traen nuevas ideas, visiones y acciones del mundo exitoso. Son como la caña de bambú: flexible durante la tormenta sin quebrarse, estando intacta al momento de volver a salir un nuevo sol. Dentro de esta nueva generación política, que debe ser estimulada por la actual, se comprende que las situaciones más conflictivas suelen ser las más desafiantes y es acá donde los buenos líderes sienten el comienzo del éxito. Saben comprender y asimilar que es posible crecer, en mayor o menor medida, en contextos sumamente desfavorables, o bien han podido permanecer activos entre decepciones y fracasos. Aceptan los conflictos como una oportunidad para crecer. Son la base necesaria para mejorar, se convierten en el punto de inflexión, son la oportunidad correcta; para que de una vez por todas se ponga manos a la obra y se solucionen desde la base los problemas que a muchos hacen rendir y fracasar.
Esta nueva generación política sabe que la mediocridad intelectual nos lleva a no aprender de las situaciones críticas, de los errores; nos condena al fracaso y nos hace retroceder ante él. Esta nueva generación se atrevió a superar los problemas aprendiendo a ser originales en sus planes, creativos en sus decisiones, visionarios, innovadores en sus técnicas y supo aprender en la calle lo que, años atrás sentenció Bolívar: “que el arte de vencer; se aprende de las grandes derrotas”. Y, comprendiendo donde esta la base del error; con inteligencia, serenidad, voluntad y carisma supo sobrevivir en el logro de sus objetivos.
Pero sólo los buenos líderes saben ver desde donde nadie ve, sólo ellos saben crear antes que otros creen; sólo ellos tienen la esperanza de triunfar donde nadie ha triunfado. Sólo algunos se anticipan ante que otros lo hagan y más aún; sólo un pequeño grupo arriesga a imponer sus pensamientos soñando con una victoria.
Es por eso que en una Argentina democrática en la cual el debate, la innovación y la competencia en igualdad de condiciones deben ser rectores de nuestro crecimiento; no tenemos excusa de no aprender de los conflictos que nos aquejaron, nos aquejan y jamás dejarán de hacerlo. En todos está la posibilidad de seguir siendo simples espectadores o convertirnos en líderes del presente, los cuales soñemos en grande y construyamos en chico. Es aquí donde, si conocer una Argentina mejor nos interesa, aprenderemos que en los que se involucran y construyen está la capacidad de ser líderes. Líderes del cambio sobre el conflicto. Y, observaremos que sólo cuando los políticos tradicionales argentinos den verdadero lugar de crecimiento y poder a la nueva generación política, la Argentina sentirá que, hoy, un verdadero cambio es posible. Hasta que esta nueva generación no tenga el espacio de acción, en la verdadera realidad política, todo será un hermoso slogan de una eterna campaña que nunca termina y siempre se recicla. Evolucionemos.
Fuente: Relial
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