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La columnista de El Tiempo, Yolanda Reyes, (nov. 4/07) entra a terciar en el debate entre los doctores Carlos Gaviria (presidente del PDA) y Luis Carlos Restrepo (Alto Comisionado para la Paz) sobre el delicado tema del delito político, citando algunos pensamientos de éste último que irían en contra de su actuación en el debate inesperado que tuvo con Gaviria en el set televisivo de CM&. Reyes extrae del libro de Restrepo Mas allá del terror varias reflexiones relacionadas con la defensa de la tolerancia y el reconocimiento al otro, para reclamarle por la supuesta intolerancia y estilo polarizado utilizado por él en su alegato con el doctor Gaviria sobre el delito político.
La columnista no se limita a hacerle tal reproche, que carece de sentido en cuanto el doctor Restrepo no ha abjurado ni cambiado sus ideas sobre la relación entre intolerancia, polarización y violencia, defendidas en su libro, sino que asume que la vehemencia en el debate es de por sí negativa. Para la columnista lo más destacable del debate no tiene que ver con el tema del delito político sino con las formas indebidas utilizadas por el Alto Comisionado que demostrarían una inconsecuencia con su prédica sobre la tolerancia. La vehemencia de ambos personajes se comprende si valoramos acertadamente las implicaciones que para un país asolado por la violencia degradada de paramilitares y guerrilleros tiene la tesis defendida por el doctor Gaviria, según la cual, la guerrilla procede por motivaciones altruistas, y el homicidio con fines políticos se justifica y en consecuencia merece un trato benévolo mientras los paramilitares actúan movidos por el dinero. El reclamo airado del Comisionado tenía que ver con el hecho de que sus tesis estaban siendo utilizadas por las Farc para justificar sus acciones criminales contra una democracia, sin que Gaviria, en su calidad de presidente del Polo Democrático, hubiese manifestado su rechazo.
Reyes plantea una contradicción entre las ideas de Restrepo sobre el autoritarismo, la intolerancia y el desconocimiento del otro y el hecho de hacer parte de un “gobierno inclinado hacia la guerra”. Pero, al hacerlo al margen de la trayectoria y las ejecutorias de Restrepo, la columnista comete un grave e injusto error de apreciación. Lo que nos plantea Reyes es que Restrepo tiene un planteamiento escindido, que no es consecuente con lo que dijo y enseñó en sus escritos antes de comprometerse con un gobierno guerrero, y lo trata de reducir por el odioso camino de la condena moral, a la condición de pensador incoherente, muy distinto al que ella conoció y leyó. El problema de Reyes es que su argumentación carece de consistencia en uno y otro sentido. Es decir, no se puede concluir de buenas a primera que el doctor Restrepo traicionó o afectó su coherencia al entrar a formar parte del gobierno de Uribe, porque Restrepo ha estado al frente de la política de paz, de desmovilización y de reconciliación entre el estado y los grupos armados ilegales. De ello se da cuenta en el exitoso aunque complejo e imperfecto proceso de desmovilización y desarme de los paramilitares, en el sostenimiento de conversaciones con el ELN y en la búsqueda de entendimientos con las FARC, estas sí, claramente, inclinadas a la guerra. Tampoco se le puede acusar de propiciar la intolerancia o la polarización, ni siquiera de haber ofendido al doctor Gaviria por el hecho de haber sostenido una discusión con él en términos muy firmes y enérgicos que no groseros. Por otra parte, resulta que el gobierno que la columnista tilda de “inclinado hacia la guerra” es el que tiene, resultados en mano, más realizaciones por mostrar que cualquier otro en las últimas décadas en materia de pacificación, lo cual es apreciable en la drástica reducción de varios indicadores de violencia. Y lo que nadie puede cuestionar, excepto si quiere ser poco riguroso con la realidad, es que uno de los grandes artífices de esos logros, ha sido, precisamente, el doctor Luis Carlos Restrepo, líder del proceso de negociación con los grupos de extrema derecha.
Aunque el doctor Gaviria no es culpable de haber sido citado por las Farc, si estaba impelido, por lo que representa políticamente, a expresar su rechazo porque de ahí se han derivado equívocos muy trágicos para Colombia. De otro lado, el debate debe adelantarse sin limitaciones de ninguna clase, es inaceptable que el doctor Gaviria pretenda reducir el tema a los especialistas en derecho penal y hable de él como si fuese aún un magistrado y no el presidente de un partido político y cuando el tema es ante todo de orden político. Suscribo la afirmación de Reyes de que “citar es un derecho del lector” y que “nadie sabe para quien escribe” pero es claro que no es lo mismo que los argumentos de uno sean citados por una organización ilegal para validar su estrategia violenta que ser citado por una respetable columnista, y que es muy grave darse cuenta de lo primero sin hacer una aclaración.
Es preciso desterrar de nuestros debates la fea costumbre de demeritar al contradictor porque sostiene un punto de vista que está en supuesta contradicción con algo que hubiese podido expresar en el pasado. Es un recurso que niega la validez del cambio de postura como si no fuese lícito o ético que ante situaciones cambiantes del mundo y la sociedad o por un ejercicio de reflexión sistemática una persona pueda modificar su pensamiento. No es el caso del doctor Restrepo, pero como sí era la intención de Yolanda Reyes, se justifica el llamado.
Medellín, nov. 6/2007
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