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Año IV - Nº 259
Uruguay,   09 de noviembre del 2007
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La vejez, era esto

por José Carlos García Fajardo (Perfil)
 
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            Cómo afrontar los riesgos de una vida demasiado larga es algo que preocupa a las compañías de seguros. La web de Unespa, la patronal que agrupa a las empresas de este ramo en España, incorpora un simulador para calcular cuanto tiempo de vida le queda a una persona, presunto asegurado. Uno mismo puede hacer un sencillo test sobre sus hábitos alimentarios, sexuales, salud, costumbres para calcular cuántos años puede vivir todavía. Uno de los sectores que más se aproximan a la realidad en sus cálculos es de los seguros de vida, más aún que los bancos, que tampoco son mancos.

            Más bien deberían llamarse "seguros de muerte" porque lo que se arriesga es la vida y las compañías anotan como negativo el tiempo que vive el asegurado por encima de lo calculado para su póliza. Cierto que en la letra pequeña ya se cuidan de amarrar todo lo que pueden.

            Como la esperanza de vida se ha alargado mucho en los países desarrollados, han tenido que crear nuevos productos que sirvan como complemento a las escuálidas pensiones que jamás progresan al ritmo del coste de la vida. De ahí que el peligro sea vivir más que los ahorros propios.

            Mientras que los planes de pensiones ofertados por los bancos experimentan un justo rechazo porque mantenían inmovilizado tu dinero y, al cabo de diez o quince años te encontrabas con que tus ahorros no habían crecido como te habían prometido sino que en ese 25% de "renta variable" parecían cargar todas las pérdidas de sus carteras, además de "gastos de mantenimiento". Ha sido un abuso del que los medios de comunicación no se han ocupado como hubieran debido.

            Por eso han surgido en el mercado productos que ofrecen una renta vitalicia con tal de que les transfieras, a tu fallecimiento, la vivienda o los bienes inmuebles que afectas a esa póliza de seguros. Tradicionalmente, los bancos te prestaban dinero para comprar un inmueble; ahora, en las hipotecas inversas, consigues una renta mensual vitalicia entregando como garantía el piso que ya tenías en propiedad.

            Si falleces antes de lo previsto, el banco o la entidad aseguradora hace un cálculo de lo entregado, de los gastos y del lucro cesante y, si queda algo, irá a tus herederos si los tienes, y así lo has especificado en el contrato.

            En España, se calcula que unos tres millones de personas mayores de 65 años, propietarios de su piso o de algún otro inmueble o cartera de valores, muestran interés por contratar una póliza que les garantice una renta vitalicia, aunque sepan que van a perder en esos cálculos de valor y en las estimaciones de los riesgos pero lo prefieren a mantener una propiedad hasta el final de sus días y pasar necesidades en esos años tan importantes. Y  son muchos los que confían  más en una institución que gestiona decenas de miles de patrimonios a vender ellos su propiedad y gestionar lo que obtengan por ella.

            Hemos llegado a la paradoja de que resulte perjudicial para algunos que mantengamos hábitos saludables, como acudir a revisiones médicas periódicas, actividades físicas al aire libre, seguir una dieta adecuada, asumir las nuevas circunstancias físicas y psíquicas de esa mal llamada "edad dorada" y que aprendamos a no escuchar los reclamos de la publicidad que nos enfoca ahora como "nichos" de consumidores. Hasta nos denominan senniors objetivos de sus campañas. Mientras no se ayuden de algún modo violento para que coincidamos con sus previsiones estadísticas todo va bien. Pero no hay que bajar la guardia. Va a resultar que no sólo se trataba de añadir vida a los años, después de añadir años a la vida… sino que vamos tener que saber morirnos a tiempo para que les cuadren las cuentas.

            La vejez no puede ser sólo una "faena", como sostiene Philip Roth, con el que estoy bastante de acuerdo, pero pienso que, bien llevada, es preferible a morirse, o a aburrirse y sentirse marginado hasta hacernos invisibles. Mira por dónde, los mercaderes nos van dando pistas.


Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias
 
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