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Año III - Nº 160 - Uruguay, 09 de diciembre del 2005

 

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Clara Collins
* Juan Morena Gelabert


Clara Collins era una elfa que vivía con su madre y que soñaba con convertirse en la directora del colegio al que iba James King. Eso sería muy difícil porque está de acuerdo en la amistad entre humanos y el reino.

Su más grande secreto fue que, cuando era maestra sustituta en Cuarta se enamoró de un trol que tenía reputación de violento. "Pero a mi jamás me tocó un pelo", dijo una vez Clara Collins porque sino, agregó, "agarraba unas tijeras y que bien que iba a cantar como soprano"

Salió con abogados pero eso no funcionó, entonces pensó en hacerse monja. Sí, vivir en un espacio cerrado y dedicado a Dios. No pudo, de noche se escabullía del convento e iba a jugar al casino que se encontraba a unas pocas cuadras. Apostaba pequeñas cantidades de dinero que era de la limosna. Cuando la Hermana Superior se enteró de ello, la hizo rezar en su celda.

Luego le llegó la oportunidad de hacerse con la clase de James, previo dejar los hábitos.

Estaba entusiasmada: moldear a su antojo a los pequeños, hacerlos amantes de la buena música y del ballet.

No lo logró, no pudo, ahora los niños la gobiernan pero sigue soñando con la silla de director.

El director actual es un trol mal educado que vive siempre comiendo y que tiene una enorme barriga que lo hace propenso a las flatulencias, en fin, "no es un ejemplo para los niños en desarrollo" -expresión que siempre utiliza Clara Collins en referencia al "engendro" (otra palabra de la maestra) de ese trol-.