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Año III - Nº 160 - Uruguay, 09 de diciembre del 2005

 

La música de fondo corresponde a una Chirimia

La tiorba y el Poder
* Fernando Quiroga

"alla Serenissima Principessa l'Infante di Spagna Donna Isabella arciduchesssa d'Austria", reza la dedicatoria del libro de tiorba de Alessandro Piccinini.

Guitarra Barroca

Si ustedes tienen la curiosidad de saber quién era la señora, y meten ese título espectacular en uno de los monumentales cds que existen en la actualidad en algunas bibliotecas, para saber quién es, les saldrá a ustedes que se trata nada menos que de la hija de Felipe II, el hijo a su vez de Carlos V, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y una de las personas que más poder han tenido en éste mundo.

Tanto poder tenía, que en su imperio "nunca se ponía el sol", de grande que era, porque empezaba acá arriba dónde estoy yo ahora, bueno un poco más al oeste y al centro de España, porque Felipe II instauró la capitalidad de Madrid en la Piel de Toro, empezaba acá digo, y terminaba por allá dónde ahora están ustedes, leyendo pacientemente lo que a mí se me pasa por la barratina comentarles sobre la música y afines.

Y son afines, sí, la tiorba y el poder. Hemos visto cómo de la mano del poder de los Medici llegaba a Francia y de la mano de los Gonzaga a Mantua, y ahora vemos cómo de la mano de la familia Austria llega a España.

Efectivamente, doña Isabella Clara Eugenia de Austria, recibió la dedicatoria del libro de Tiorba de Piccinini, y aunque no sabemos si pagó o no la edición, sí sabemos que contrató en el Monasterio de las Descalzas de Madrid a Filippo Piccinini, que como se sabe formaba parte de la formidable saga de tiorbistas procedientes de la familia Piccinini.

Chirimia

En la hoja de salarios de Las Descalzas aparece numerosas veces el nombre del tiorbista italiano.

En los archivos de las Reducciones Jesuíticas en Paraguay, el conjunto de misiones jesuíticas que existieron entre 1609 y 1768, año éste el último en que las misiones desarrollaron su actividad en la zona, aparece documentado el uso de la tiorba en esas tierras dónde ustedes viven, había existido un Conservatorio de las Reducciones.

Antonio Sepp escribe que allí "les enseñaba (a los indios) a tocar el órgano, el arpa, la tiorba, la guitarra (barroca) el violín la chirimia y la trompeta".

Si hoy decimos que "así llegó la tiorba a España", no haremos más que reafirmar que en el mundo hispánico, extendido por medio planeta conocido en aquél entonces (Marco Polo ya había descubierto las rutas de la seda hacía un montón de años) en el mundo hispánico, digo, se oía la tiorba de estruendo que inventó un día un modesto "guardarropa de música" de la corte de don Ferdinando de Medici, pocos días antes de su boda con Cristina de Lorena, en el fastuoso jolgorio que conmoviera la ciudad de Florencia durante quince días.