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Día Internacional de la Mujer
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por Graciela Vera
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Periodista independiente
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El 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer.
Algunos colectivos lo conmemoran como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora ¡como si hubiera alguna mujer que no trabaja!
Hay muchas mujeres que no integran las estadísticas. Ni las de empleos, ni las de salud, ni las de educación, ni las de electoras; pero cuando se habla de trabajo no es necesario que se realicen estadísticas.
Millones de mujeres trabajan de sol a sol sin otro derecho que el de saber que siguen costumbres ancestrales.
Otros muchos millones realizan tareas que ni siquiera ellas saben que son trabajo, cuidando de sus hijos, atendiendo de sus familias, en acciones cotidianas.
También están las que se consideran trabajadoras porque tienen un empleo y se extrañarían si alguien les dijera que también es trabajo, lo que hacen antes de salir y después de regresar a sus hogares.
El 8 de marzo es un día que se conmemoró en muchos países y al que en algunos sitios se le consideró una celebración.
Parece una ironía que se celebre, el que sea necesario conmemorar un día para reivindicar derechos.
En España las mujeres ocupan la tercera parte de los cargos empresariales y políticos, el gobierno ha iniciado una serie de campañas tendentes a la igualdad de oportunidades; en Uruguay, país que tuvo una temprana legislación de protección a la mujer; donde la Ley de Divorcio por propia voluntad de la mujer se aprobó en 1913 y en 1946 se aprobó la Ley de Derechos Civiles de la Mujer; ley que, desde tres décadas antes que en otros países del continente, establece en su artículo primero que ‘El hombre y la mujer tienen la misma capacidad civil’; ostenta en la actualidad un muy bajo porcentaje de representantes femeninas en puestos de mando. Apenas tres mujeres ocupan carteras ministeriales, pocas aunque una sea tan importante como la de Defensa Nacional.
Sin embargo, y a pesar de todas las conquistas, estos dos países tienen un alto índice de violencia de género.
Actos que no difieren en número con los que señalan las estadísticas en el resto de los países europeos y algo por debajo de los que figuran en otros países americanos.
Muchas lacras opacan los logros alcanzados pero la violencia de género o asesinatos domésticos están entre las más aberrantes y no hay país por más ‘civilizado’ que se autodenomine, que esté exento.
¿Podemos entonces rasgarnos las vestiduras porque las mujeres de Arabia Saudí no tienen permitido votar y a las de Camerún el marido debe darles permiso para poder trabajar?
Pocas cosas deberían parecer extrañas en un mundo donde más de treinta países tienen leyes discriminatorias contra las mujeres.
En Guatemala un violador será exculpado si se casa con su víctima; las mujeres nigerianas deben soportar sin chistar los castigos si el esposo considera que deben ser regañadas y en Israel es sólo el hombre quién puede decidir el fin de un matrimonio religioso.
Los países que discriminan a la mujer forman parte de la Organización de Naciones Unidas, en cuyo seno se aprobó la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer; países como Marruecos donde siguen justificándose los crímenes por honor.
Amnistía Internacional publicó un informe que con el título, La discriminación, raíz de la violencia. ¡No a las leyes discriminatorias! denuncia a países como Sudán por permitir los matrimonios forzados; a Chile dónde el marido es el titular de la custodia conjunta de bienes; a la India en el que no es considerado delito la violación en el matrimonio y a Bolivia dónde a la mujer al igual que a los menores le está vedado trabajar de noche salvo en servicio doméstico, enfermería y poco más.
Argelia adoptó en 1984 un Código de Familia que acepta la poligamia y exige obediencia a las mujeres; leyes relativas a este tópico existen también en Yemen, Sudan y Japón.
La discriminación por sexo no es ajena a la legislación de Nepal donde la mujer pierde su herencia cuando contrae matrimonio, ni a la de Pakistán, país en el que el testimonio de una mujer como prueba en un juicio por violación tiene la mitad de valor que el de un hombre y ella, para demostrar la violación necesita al menos de cuatro testigos presenciales del acto de penetración.
En India, Malasia y Tonga no se castiga la violación en le matrimonio; en Afganistán el adulterio femenino sí se castiga y con hasta 10 años de cárcel e incluso se puede llegar a la lapidación, pena con la que puede castigarse también el adulterio de la mujer en Nigeria.
Amnistía Internacional denuncia que muchos países en el momento de ratificar esta Convención han establecido declaraciones o reservas que excluyen o restringen la aplicación en su territorio, lo que está claramente contraviniendo el compromiso establecido en el artículo 28 (ap.2).
Los países que han ratificado la Convención con reservas son: Argelia (reservas para los arts. 2, 9.2, 15.4 y 16. Arabia Saudí, reservas general a toda la Convención. Bahréin, reservas a los artss 2 y 16. Bangladesh, a los arts.s 2 y 26.1.c. Egipto, reservas a los arts. 2 y 16. Libia, a los arts. 2 y 16 (c y d) y Marruecos, reservas a los arts. 2, 15.4 y 9.2.
De los que firmaron el Tratado (Estados Parte), solamente los Estados Unidos de América no lo han ratificado.
Otros estados como Qatar, Somalia y Sudán ni siquiera aceptaron firmarlo.
El 8 de marzo del 2007 ¿Habrá cambiado algo?

Desde Almería, el sur del norte, marzo 8 de 2006.
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