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Brundibar
* Fernando Quiroga |
El ayuntamiento donde yo trabajo hace todos los años la producción de una ópera pedagógica, lo hace con los profesores y alumnos del conservatorio, además de reclutar por las escuelas de la ciudad, públicas y privadas, cantantes diminutos que tengan buena voz y dotes para la música.
Es difícil encontrar el material para éstas cosas porque tiene que ser adaptada al nivel de los alumnos al mismo tiempo que tiene que tener un atractivo para el público.
Son conocidos los nombres de compositores como Purcell, que escribieron obras para orfanatos, escuelas, centros de estudios de diferentes categorías que fueron estrenadas por los mismos alumnos.
A todo el mundo le vendrá a la cabeza Carl Orff y otros compositores.
Brundibar es el nombre del malo, en la ópera de Hans Krasa que fue estrenada en Checoslovaquia poco antes de que estallara la segunda guerra mundial.
Brundibar es un músico ambulante que toca el acordeón, y que se cree el amo de la calle, mientras Pepicek y Anika son dos niños pobres que tienen la madre enferma, y que tienen la genial idea de intentar ganar algún dinero cantando en el "territorio" de Brundibar.
El coro relata los hechos, como en las antiguas tragedias griegas.
El vendedor de helados, el panadero y el lechero venden sus productos en la calle, el policía vigila que todo esté en orden.
Un gorrión, un gato y un perro, ayudan a los niños protagonistas de la obra.
El público también participa, pueden cantar si quieren, con el coro que relata los hechos.
Brundibar y el policía echan a los niños cantores, por turbar la quietud de la calle.
Los niños duermen al raso, y durante la noche, los tres animales mencionados más arriba prometen ayudarlos.
Éste año me tocó intervenir como solista de guitarra en ésta ópera desconsolada, que anticipa el ambiente de la guerra europea, que luego se convirtió en mundial.
Mientras manejo hasta el teatro, pienso en las películas de Chaplin, aquellas en que el cómico intenta alertar a los americanos y al mundo de los peligros que se están corriendo en Europa, pienso en el espíritu sombrío de Hoover y en tantos otros personajes que llego a la sala con el ánimo frío y distante.
Desde la silla y a través de la espesa masa de la orquesta veo las caras de algunos de mis alumnos que intervienen como cantantes en el coro, el hijo de alguna profesora que hace de solista, algunos profesores que forman la primera fila de violines, flautas, instrumentos varios.
El espíritu de Pau Casals y sus obreros artistas, el alma de los socialistas catalanes está presente siempre en la representación de éstas obras hechas con estudiantes, viene fácilmente a la memoria el recuerdo de la guerra española, la represión, el exilio.
Porqué será que el viento de la guerra no deja nunca de soplar en el recuerdo de los europeos? Y sobre todo, porqué será que el dolor ha sido casi siempre imprescindible para producir éstas obras geniales?
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