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LA PARTICIPACIÓN DE PABLO FORLÁN
PERMITE ALENTAR ALGUNA ESPERANZA
* Fernando Pintos |
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Finalizó el campeonato de fútbol en España y Diego Forlán se hizo acreedor al Pichichi, ese trofeo que se otorga al goleador de la temporada. Esa sí es una noticia gratificante y cuando menos un poco de luz entre tantas tinieblas que regurgita, en la actualidad, el fútbol uruguayo. Diego Forlán es uno de esos jugadores que son un ejemplo dentro del campo de juego, y no sólo lo digo por sus actuaciones en Independiente de Avellaneda, Manchester United y Villarreal, sino, además, por su comportamiento cada vez que le ha correspondido vestir la camiseta celeste. He ahí un jugador que no se arruga, no se achica, no se afloja y no le tiemblan las rodillas cada vez que tiene que vestir los colores gloriosos del seleccionado nacional. Sería bueno que tuviéramos once jugadores con esas mismas características, no más que once, y si así fuera puedo asegurarles que Uruguay no sólo clasifica para el próximo Mundial, sino algo más importante todavía: que es uno de los protagonistas del mismo. Lamentablemente, no tenemos una oncena de Diegos Forlanes y deberemos contentarnos, buenamente, con lo que nos toque en suerte. Diego Forlán, Paolo Montero y a ver si algún otro por el estilo& Y así las cosas, roguemos porque esa cruel y veleidosa deidad de las eliminatorias mundialistas no se ensañe con Uruguay en demasía y nos permita, a fin de cuentas, disputar un pasaje para Alemania 2006 contra el equipo de Oceanía que nos toque en suerte, el cual habrá de ser, Australia& Una selección que bien podría dejarnos fuera de la próxima cita mundialista si no andamos con buen paso en esa instancia definitoria.
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Pero volvamos a Diego Forlán. No le ha tocado jugar en uno de los equipos grandes de España: ni Real Madrid, ni Barcelona, ni Valencia, ni Deportivo La Coruña. Ha estado defendiendo los colores del Villarreal, prácticamente un recién llegado a la Liga de las Estrellas. Y a pesar de ello, consigue el Pichichi después de marcar 25 goles, cifra nada despreciable en cualquiera de las ligas más competitivas del planeta. Forlán le arrebata el anhelado Pichichi a un jugador africano, Samuel Eto'o, quien ha sido ni más ni menos que la figura goleadora del Barcelona, el indiscutible campeón de la liga. Esto ya de por sí sería un mérito, porque uno se pregunta qué no hubiera hecho Forlán si hubiera tenido la suerte de jugar el F. C. Barcelona o en el Real Madrid en lugar de hacerlo para el modesto Villarreal. Y sin embargo hay más: en el F. C. Barcelona todo el mundo ha jugado el campeonato tratando de contribuir para que Samuel Eto'o ganara el Pichichi. Le ha servido goles en bandeja, le han hecho tirar todos los penales, algún árbitro le ha servido uno que otro regalillo& Entonces, ¿qué no han hecho por él?, sería la pregunta más adecuada. Por el contrario, para Forlán no hubo ayudas a ultranza. No ha sido el encargado de tirar penales en el Villarreal, pues tal tarea recayó sobre los hombros del argentino Juan Román Riquelme. Es decir: en el modesto Villarreal no se pusieron como meta prioritaria hacer que Forlán ganara el Pichichi& No les ha molestado que lo ganara, pero tampoco les ha quitado el sueño. Con esto, el mérito del Pichichi para este jugador uruguayo es mucho mayor, pero hay alguna que otra cosa más para agregar al respecto.
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Como si todo lo anterior fuese poco, cabe recordar que en la penúltima fecha de la "Liga de las Estrellas", Diego Forlán visitó el Camp Nou, feudo del F. C. Barcelona, y allí les marcó tres goles a los catalanes. Hacía más de una década que un mismo jugador no le convertía tres goles al Barcelona en su propio estadio. Mérito adicional para el jugador uruguayo, quien agrega a su haber algo que todos los futbolistas deberían tener o cuando menos buscar: verdadera calidad de gente. Por el contrario, el señor Eto'o, quien durante buena parte del campeonato había hecho el ya muy manoseado show del "sufrimiento ante el racismo" (¡Hay flor, cuidado que te machuco!), sacó las garras en las etapas finales del campeonato español. Primero, para celebrar el campeonato barcelonés ultrajó al Real Madrid con una serie de expresiones desafortunadas. Después, arremetió con unas declaraciones airadas, sugiriendo que el Pichichi le había sido arrebatado de manera anómala. Demás está decir, que aunque la mona se vista de seda, tal cual mona ha sido y será, se queda. Tal ha sido el caso de este africano.
Volviendo con Pablo Forlán, parece destinado a convertirse en una especie de némesis para los africanos. Recuérdese aquel partido mundialista que Uruguay perdía tres a cero contra una selección africana, y aquel tres por tres conseguido en un segundo tiempo imborrable, gracias en buena medida al ingreso, el aporte y las ganas de Diego Forlán. Y véase, ahora en el 2005, la manera en que le ha arrebatado el codiciado Pichichi al africano Samuel Eto'o. Ahora, nos queda una esperanza: que Diego Forlán también se convierta en verdugo de los equipos que todavía deberemos sortear en el curso de estas eliminatorias sudamericanas al Mundial de Alemania 2006. Estoy de acuerdo en que son tan sólo esperanzas, pero, después de todo y atendiendo al panorama patético que presenta nuestro fútbol en este primer lustro del siglo XXI& ¿Qué otra cosa podemos tener, los uruguayos, más allá de la pura y sencilla esperanza?
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