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El diálogo ido…
por Marcelo Ostria Trigo (Perfil)
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Ayer ha terminando el llamado “diálogo” entre los prefectos y el gobierno encabezado por el presidente de la república. No hubo sorpresas: no resultó nada. Sólo, al final, una fotografía de los participantes con caras de desencanto.
Fue un “diálogo” –en realidad un intento de negociación– que se sabía inútil, llevado sólo para complacer a los que, desde el extranjero, con paternal tono, nos decían: no se peleen, dialoguen, que éste es el medio para solucionar todos los problemas pacíficamente. Unos pocos creyeron que así se adecuaría lo que no es susceptible de concordar: las dos visiones de país, la una indigenista y racista, anacrónica y autoritaria y, la otra, democrática, con autonomías departamentales que recojan nuestra diversidad en un todo armónico. Realmente, poquísimos en Bolivia creían en este “diálogo”. Los propios interlocutores –presidente y prefectos– sabían que iban al fracaso. La apuesta, entonces, era quién lo rompería primero. Fue cosa de apariencias, de no mostrarse como los empecinados en su fracaso. Había que aceptar las recomendaciones insistentes de gobiernos, inclusive lejanos e ignorantes de la realidad boliviana, y de funcionarios de organismos internacionales, entusiastas, pero impertinentes.
La verdad es que la suerte ya estaba echada. El presidente, en uno de sus ardorosos y agresivos discursos –no faltaron los ataques virulentos a los prefectos opositores o, si se quiere de la "Media Luna"–, el día antes de ir a Cochabamba a dialogar, proclamaba que él ya era candidato a la reelección, amparado por una constitución que aún es sólo un proyecto. Así, Evo Morales fue a encontrarse con los prefectos, entre los que hay opositores al proyecto constitucional del MAS, adoptado ilegalmente en un cuartel militar y, luego, en Oruro, y que recoge todas las características posibles para entronizar un modelo inviable, que dividiría a los ciudadanos por su raza y definitivamente dictatorial.
“Las derrotas no tienen padres”, se suele repetir. Esta derrota para topos tampoco los tiene. Pero hay todavía quienes ensalzan este diálogo como un paso a la solución de los problemas. Son los que no pudieron convencer que vinieron a ayudar decentemente a que se resuelvan los problemas, como el delegado de la señora Bachelet que sale con el disparate de que este encuentro sirvió para ”acercar posiciones”. Necio el señor; ya alineado con el autoritarismo de Evo Morales, a su llegada nomás había afirmado que apoyaba al “gobierno democrático” vigente en Bolivia. Ni mención a lo que, en verdad, es democracia, es decir que las elecciones no garantizan que quien las gane vaya a respetar la vigencia de este modo de vida, las libertades y las instituciones republicanas. El señor Valdés, siguió con otra majadería: el diálogo, supuestamente, fue un avance; sí, pero hacia la imposición y, él y su presidenta, son cómplices de este sainete
Pero hay más y este es un asunto nuestro: ¿Habrá sido leal dialogar con los que dieron la orden de apresar a uno de los exponentes de la autonomía: el Prefecto de Pando, y durante una persecución judicial a miembros del movimiento cívico del Chaco tarijeño? Parece que no. Una exigencia razonable hubiera sido que se libere previamente a los ilegalmente detenidos.
Y se da otra incongruencia, culpable o comprometida. Estas son unas declaraciones sibilinas de un autonomista: “Uno de los productos colaterales del diálogo es que se ha restablecido una relación entre el Presidente y los prefectos. Por otro lado, se ha logrado amplificar el debate también a organismos internacionales que creo han sido testigos de lo que ha pasado aquí. En general creo que hay un buen escenario como para restablecer un clima de mayor entendimiento y no tan confrontacional como el que teníamos hasta ahora”. Así, vienen de la mano la tontería o de la ingenuidad. ¿Que no habrá un clima tan “confrontacional” (sic)? ¿En verdad creen esto, cuando los insultos, los ataques y los aprestos del oficialismo para cercar el parlamento y así forzar –entiéndase bien: forzar es una forma de violencia y confrontación– la aprobación de una ley de convocatoria de un referendo para aprobar con fraude, pues el gobierno no aceptó revisar el actual padrón electoral deformado, el proyecto de constitución del MAS? Con ese curioso criterio, se acerca la capitulación y, entonces, Dios guarde a Bolivia.
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