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Año V Nro. 355 - Uruguay, 11 de setiembre del 2009   
 
 
 
 
historia paralela
 

Visión Marítima

 
Dr. Jorge T. Bartesaghi

Volando los puentes
por  Dr. Jorge T. Bartesaghi

 
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         Apenas unas décadas atrás, en momentos en que la URSS, -al amparo de su filosofía marxista leninista-, pretendía expansión y hegemonía en varias zonas del planeta incluida nuestra América Latina, la izquierda vernácula se quejaba, y a veces con alguna razón, de muchos “cucos” inventados para aterrorizar al electorado, al menos a aquellos que se suponía ignorantes o temerosos.

         Cierto es que se trataba de una época donde las comunicaciones en general, y en especial la información audiovisual, no tenían el grado de universalización con que cuentan hoy en día, al punto de que ya no se concibe un lugar en el planeta donde no se capte, en tiempo real, las imágenes y sonidos de cualquier suceso de interés.

         Por tanto hoy es mucho más difícil inventar hechos inexistentes u ocultar aquellos que sean de real interés para la gente.

         Sin embargo la izquierda criolla parece haber olvidado sus agravios de ayer y aquella vieja prédica por la que se oponía a toda comparación de actitudes con sus correligionarios filosóficos de la Unión Soviética y afines.

         Sorprende entonces que hoy el Frente Amplio sustente su estrategia electoral en la edificación de nuevos “cucos” intentando convencer a incautos y desprevenidos en base al presunto “terror” que podría provocarles las falsedades o deformaciones invocadas.

         Estamos verdaderamente impactados por las actitudes, dichos y hechos en general, de la fórmula presidencial frenteamplista, que se ha lanzado desembozadamente a un ataque frontal contra el Partido Nacional con especial virulencia sobre sus candidatos Luis Alberto Lacalle y Jorge Larrañaga.

         El Frente Amplio, autoproclamado cultor de la seriedad política, impulsor de programas y proyectos, descarta toda posibilidad de confrontar ideas y soluciones para el país, para enfrascarse en diatribas, insultos y descalificaciones institucionales y personales.

         Y para ello no escatima presencia. Lo hace tanto por intermedio de actores de segunda línea, como por acciones directas de sus comités de base a través de pancartas o pintadas agresivas e insultantes, pero también, y fundamentalmente, por las actitudes de los integrantes de la fórmula presidencial, quienes, en sus distintos estilos personales no han cesado de agraviar al Partido Nacional mediante la descalificación y el insulto a sus candidatos.

         Y el insulto llega tanto desde la procacidad chabacana habitual en el senador José Mujica, que no reconoce ámbitos ni barreras para sus exabruptos, como desde la insoportable soberbia del Cr. Danilo Astori, quien, en ese estado de envanecimiento que le provoca la admiración de sus propias virtudes (extrañamente no reconocidas por sus correligionarios), no cesa de denostar y menospreciar las capacidades intelectuales de sus oponentes.

         Pero no sólo se apela a la descalificación personal sino que, mediante un análisis deformado del pasado reciente, se intenta amedrentar, aterrorizar diríamos, al electorado, al menos a aquel de mayor vulnerabilidad, con la creación de nuevos “cucos” que supuestamente determinarían la pérdida de ciertos beneficios sociales.

         Tal enfoque de una campaña electoral entraña un camino equivocado y no se compadece con elementales normas de la ética republicana retroalimentada siempre por la dignificación de la persona humana y sus valores morales, y no por la descalificación y el agravio personal.

         La pérdida de ese tradicional valor del respeto al adversario ha prohijado pérdidas mayores aún, como son el uso de mecanismos incorrectos en la acción proselitista, especialmente la confusión de los límites indelebles que deben existir entre estado, gobierno y partido.

         Y así hemos visto sucederse, con naturalidad que induce a suponer legitimidad, Consejos de Ministros a “cielo abierto”, verdaderos actos histriónicos con aplausos garantizados por el “acarreo” pagado por fondos públicos, al Presidente incursionando en la campaña electoral con absoluto desprecio del mandamiento constitucional, y por si fuera poco, la apropiación de bienes públicos (preservativos del Ministerio de Salud Pública) para ser entregados graciosamente en cajitas con publicidad del MPP con leyenda que, a pesar del doble sentido, no pierde su carácter procaz.

         El país, que ya no puede ocultar su fragmentación, que necesita imperiosamente tender puentes entre sus mitades enfrentadas, no debe admitir una campaña electoral que en lugar de contraponer programas, proyectos y propuestas dentro de un marco de respeto y tolerancia, agudice la fractura social por el enfrentamiento que producen los insultos y agravios.

         Felizmente ni el Dr. Lacalle ni el Dr. Larrañaga han cedido a la instigación de descender al campo de la descalificación del adversario. Descontamos que no lo harán en el futuro a pesar de que el vendaval arreciará cada vez con mayor fuerza.

         Deben preservar los puentes que el Frente Amplio todos los días intenta volar pues ellos serán imprescindibles para el mejor futuro de los orientales.

         El próximo gobierno solo podrá ser de cuño nacionalista o frenteamplista, pero, en ambos casos, sin mayorías absolutas.

         Alejado del agravio, con la mano tendida, el Partido Nacional conserva intacta su posibilidad de construir un gobierno de recomposición social.

         El Frente Amplio en cambio, con su actitud de crispación, enfrentamiento y agravio sólo dinamita los puentes del entendimiento, único camino para lograr el país que todos queremos.

© Dr. Jorge T. Bartesaghi

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