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Año V Nro. 355 - Uruguay, 11 de setiembre del 2009
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Al descubrirse que la lista oficial del Movimiento de Participación Popular, ofrecía sin costo preservativos comprados por el Ministerio de Salud Pública, (esto es adquiridos con dineros del presupuesto del Estado, que somos todos) como parte de su campaña proselitista entre los jóvenes, a quienes con doble sentido se les recomendaba usarlo hasta colocarlo en la ranura, la Sra. Ministra de esa cartera, Dra. María Julia Muñoz, tuvo que responder varios cuestionamientos de periodistas. Trató la funcionaria de explicar lo inexplicable. Pues por más vueltas que intentó dar al asunto, no pudo convencer a nadie.
Se trataba, una vez más de justificar el uso de recursos de todos los uruguayos, por parte del sector mayoritario del partido de gobierno, supuestamente convertido (por obra y gracia instantánea del consentimiento ministerial) en colaborador oficioso de la campaña de prevención contra las enfermedades de transmisión sexual que debe ser resorte de la cartera bajo su responsabilidad. Tal vez por ello -frente a lo cuestionado por la oposición- es que, se hayan ofrecido similares partidas de profilácticos a los demás partidos políticos, para de esta manera, intentar subsanar la omisión y ponerlos en pie de igualdad, con el partido de gobierno. Faltaba más. De investigar cómo, por qué razón o quiénes fueron los que autorizaron tal disposición de bienes públicos, ni se habla. Conocer quiénes fueron los responsables de tal liberalidad, al parecer, no importa. Todo es igual. Todo queda entre casa, nadie paga los platos rotos. Pero lo que realmente preocupa en toda esta historia, es la falta de templanza y el grado de intolerancia, demostrado sin tapujos por la Sra. Ministra de Salud Pública, al requerírsele por parte del Dr. Pedro Bordaberry explicaciones sobre el particular. Pues la lapidaria respuesta dada al presidenciable colorado, (“No hablo con hijos de dictadores”) ofende no sólo al Partido de la Defensa y a sus votantes, ofende la profunda tradición democrática y republicana que hizo grande a nuestro país. Ofende además, la mejor tradición jurídica de nuestra República y la base misma en que se fundamenta todo nuestro sistema de derechos, deberes y garantías, reconocidos en nuestra Constitución y en nuestras Leyes. Olvida la encumbrada funcionaria que, cada uno habrá de honrar y respetar a sus progenitores por el sólo hecho de serlo; pero lo cierto es que, cada quien, por más encumbrado o humilde que sea su origen, será en suma, solo “hijo de sus obras”, por las que se labrará su propio destino. Pretender denostar o condenar a alguien por los antecedentes de su progenitor, no tiene más asidero que en la falta de razón, contenida en su tan estructurada como pobre explicación de la cuestión que motiva esta opinión. La descalificación de quien no piensa igual, de quien se presenta como opositor, de quien cuestiona, es propia de regímenes políticos donde no impera el Estado de Derecho. Al faltarle el respeto al Dr. Pedro Bordaberry, no advierte la Dra. Muñoz en su soberbia, que nos lo falta a todos. El peligro de este tipo de concepciones radica en la intolerancia, que resulta ser, a la postre madre de todos los totalitarismos, sean del color que sean, por más que se intente ocultarlo. © Dr. Marcelo Gioscia Civitate para Informe Uruguay
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