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Año V Nro. 355 - Uruguay, 11 de setiembre del 2009
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Es tiempo de elecciones y, en algunos países, tiempo de cambios. La democracia en nuestra región podrá reafirmarse, pese a los obstáculos levantados por dictaduras en ciernes, si se abre la posibilidad de la alternancia en el poder, reflejando así las esperanzas de los ciudadanos en un sistema cada vez más perfeccionado y robustecido. Esto sólo se alcanza abandonando el continuismo impuesto. “Hasta que no logremos limitar los mandatos de los políticos –afirma Antonio Marín Segovia- no podremos afirmar que vivimos en una sociedad democrática, plural, responsable...”. Ciertamente, sólo se advierten posibilidades de real alternancia donde prevalece la tolerancia, el libre accionar democrático de los ciudadanos y de las agrupaciones políticas y la certeza de la transparencia electoral. Aunque sea de Perogrullo decirlo, parece necesario insistir en que, sin seguridad de que se respetará efectivamente la voluntad de los ciudadanos, no habrá democracia, ni libertad, ni derechos humanos. El proceso democrático en Bolivia, 1982 – 2005, aun con sus tropiezos, fue auténtico. Se abandonó la práctica de la “democracia del cero votos” de los años cincuenta y sesenta y, en seis elecciones generales (1985, 1989, 1993, 1997, 2002 y 2005); siempre resultó triunfante la oposición. Así, la alternancia fue la regla. De esta práctica de más de un cuarto de siglo es producto el actual gobierno del Movimiento al Socialismo. Pero desde la inauguración del actual gobierno se celebraron otros seis actos electorales, reintroduciendo el fraude con la finalidad suprema de retener el poder por medio siglo: “No somos inquilinos, no estamos de paso por Palacio (la Casa de Gobierno)”, afirmó el presidente Evo Morales ya en campaña para su reelección, y puso en claro su propósito continuista: “Los dirigentes departamentales del MAS (el partido oficial) deben hacer un programa de gobierno no sólo para 5, 10 ó 20 años, sino un programa de Estado para 50 años”. Esto concuerda con lo que ya intentan –Chávez ya cumplió diez años en la presidencia de Venezuela- sus socios cercanos en Ecuador y Nicaragua para retener el poder indefinidamente. En otros países con sistemas electorales confiables, sí son posibles los cambios, es decir la sana alternancia. De acuerdo con los vaticinios de las encuestas, parece que en el vecino Chile se hace más firme la posibilidad de que en las cercanas elecciones generales la oposición derrote a la coalición dominante durante cuatro períodos presidenciales. Si esto sucede, no habrá drama: continuará la democracia, seguirían funcionando las instituciones y se respetará la ley. Similar posibilidad se da en el Uruguay, donde también se vaticina una posible derrota, en una segunda vuelta, del izquierdista Frente Amplio que tiene a un ex guerrillero como candidato al continuismo. En el Brasil, las cosas van en el mismo sentido: el popular presidente Inácio “Lula” da Silva, no ha conseguido hasta ahora transferir su alto grado de aceptación a su partido; su candidata parece sin muchas perspectivas y, si persisten las tendencias, habrá otro cambio, que tampoco será dramático, sino democrático. Un caso singular es el argentino. Anticipadamente, el gobierno de los Kirchner ha sufrido una dura derrota en las elecciones para renovar el parlamento. Sin embargo, y pese a algunas actitudes autoritarias, se prevé la continuidad democrática, pero con cambios a la vista. La alternancia en el poder renovará en los países en que se produzca la fe en la democracia y la seguridad de que el voto ciudadano es fuente de poder y de legitimidad. Es inimaginable aceptar dueños del Estado por medio siglo; deben ser inquilinos a plazo fijo y bajo el escrutinio del pueblo.© Marcelo Ostria Trigo para Informe Uruguay
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