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Año V Nro. 355 - Uruguay, 11 de setiembre del 2009   
 
 
 
 
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Nelson Maica C.
Derecho a la propiedad (II)
por Nelson Maica C. (Perfil)

 
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         La propiedad de la tierra, la forma más tangible de propiedad y la más elemental desde los días iniciales de la república, nunca significo el control absoluto sobre ella o el derecho irrestricto de usarla en cualquier forma que el dueño deseara.

         Las tradiciones que se remontan al derecho greco romano siempre han impuesto restricciones a la propiedad. Por ejemplo, la doctrina del derecho romano sobre perjuicios prohibía que el propietario diera a sus tierras cualquier uso que interfiriera en forma imprudente con los derechos de sus vecinos.

         La costumbre permitía a menudo la caza en tierras particulares o exigía que el dueño permitiera el acceso a sus ríos y lagos. La propiedad en forma de empresas comerciales también estaba sujeta a regulación; por ejemplo, los puertos, los transportes, las vías, eran sujetos a reglamentación, tanto en Europa como en las colonias.

         Los gobiernos han gravado con impuestos la riqueza individual y aun cuando la mayoría de la gente reconoce la importancia de la tributación para el suministro de servicios gubernamentales, los impuestos han sido y son una forma de sustraer algo de la propiedad del individuo.

         La forma más drástica de intromisión en los derechos de propiedad privada es quizá el concepto de expropiación, mediante el cual las autoridades pueden exigir a un propietario privado a transferir una propiedad al gobierno para algún propósito de interés público, como la construcción de una carretera o un canal, etc.

         En virtud de este tipo de contrasentido, especie de conflicto de intereses, entre la protección total del Estado a los derechos de propiedad y la restricción de los mismos en aras del interés público, los límites de la intromisión del gobierno en esos derechos nunca han sido del todo claros ni han estado exentos de polémicas. Y cuando hay exceso de fuerza y brutalidad, mucho menos, como ahora en este país y con auspicio del gobierno, por el simple capricho de imponer una ideología comunista esclavista no establecida en la constitución vigente y tampoco repudiada y demandada fieramente por la oposición política, como debería ocurrir. ¿Por qué no ocurre?

         Con el tiempo, el significado de la propiedad misma se ha transformado. Un pedazo de tierra sigue siendo una parcela, pero ¿qué decir de las inversiones en la bolsa de valores, la protección de un nombre de marca o las mejoras para un programa bioenergético?

         Así, como siempre ha ocurrido en la historia de otros países, también ha ocurrido en Venezuela y se le solicita a los tribunales que interpreten el significado de los distintos conceptos constitucionales en torno a la propiedad.

         El poder judicial ha sido a veces el defensor de los derechos de propiedad, otras veces no lo es, y se ha aceptado que sus decisiones, de ser racionales, serian convenientes para salvaguardar la libertad económica, fomentar la competencia y proteger el sistema de empresa privada.

         Los detractores de los tribunales han calificado esas mismas decisiones como una barrera contra ciertas reformas muy necesarias para proteger a los débiles y las criticaron, en su oportunidad, porque supuestamente debilitaban al naciente estado de asistencia y seguridad social. Al estado bienestar. Al estado paternal.

         Si bien es cierto que a veces ha habido pugna entre un poder judicial que intenta brindar protección total a lo que los jueces consideran como derechos de propiedad y los reformadores que creen en la necesidad de imponer límites en forma de restricciones o incluso transferencias, si nos concentramos en esas batallas perderemos de vista, tal vez, el verdadero significado de los derechos de propiedad en la historia.

         La mayoría de esas pugnas fueron por propiedades de negocios y contratos de trabajo que sin duda eran asuntos importantes, pero en muchos aspectos se han limitado al período de la transformación industrial del país.

         Esas luchas y esos problemas se habían resuelto y se seguían resolviendo. Los derechos en materia de propiedad de empresas son importantes, pero se les pudo restringir cuando supuestamente era necesario para proteger el bienestar general - el caso de la suspensión permanente de las garantías económicas desde 1961 hasta 1999 -; a menudo, los derechos del dueño de una propiedad individual deben ceder frente a la necesidad de que el Estado proteja a las personas débiles o que están en situación precaria y al contrario, también. El Estado tiene la obligación indeclinable de proteger a todos, a pobres y ricos, es su finalidad y razón de ser.

         Pero el interés por las propiedades y el amor a ellas como medida de la vinculación de la persona con la sociedad siguen estando vigentes y sentidas por todos los venezolanos. Es parte de su manera de ser.

         No se trata, como pregona el gobernante de turno a cada momento mediante el abuso de uso de los medios de comunicación y del poder, de un afán desmedido de dinero y codicia por la riqueza. Por ejemplo, el hecho de tener casa propia es considerado por los venezolanos no como un asunto de propiedad, sino como el logro de un sueño, un triunfo personal y de un lugar en la sociedad al cual tienen perfecto derecho y nadie puede quitárselo. Y este gobierno comunista y entregado a los cubanos esclavistas menos.

         Este apego a la propiedad se remonta a la fundación del país, cuando un gran número de colonizadores llegaron al Nuevo Mundo, en busca de oro y de tierra que pudieran trabajar y a la cual pudieran llamar suya. Como en efecto ocurrió, lo es y seguirá siendo.

         Los derechos de propiedad continúan siendo importantes hoy para cada ciudadano, para el pueblo venezolano.

         El derecho de poseer lo que uno ha creado, construido, comprado o incluso recibido como regalo - sabiendo que el gobierno no se lo puede quitar, salvo bajo estrictos procedimientos jurídicos - proporciona la seguridad material que va de la mano con otras libertades menos tangibles, como la de expresión y la privacidad. Las personas cuyos derechos económicos se ven amenazados tal como esta ocurriendo en la actualidad, están a la merced de un gobierno despótico, lo mismo que la gente a quien se coarta la libertad de expresión o el derecho de voto o el derecho a manifestar como esta pautado en la Constitución Nacional.

         Cuando se trata de derechos, los juristas expertos hablan a menudo de un "paquete de derechos", con lo cual denotan que éstos están estrechamente relacionados entre sí. Aun cuando ya no creemos que los derechos de propiedad sean la base de todas las demás libertades, pensamos que la libertad es como una sabana sin límites y cada uno de los derechos que la componen es importante para la preservación de los demás. Esto es cierto sin duda en el caso de la libertad de expresión y no lo es menos en el de los derechos de propiedad. ¡Hasta aquí, por ahora!

         Todas esas leyes comunistas esclavistas son inconstitucionales, ilegitimas e inaceptables y serán derogadas porque están en contra de la idiosincrasia de este pueblo. Este pueblo no es ni quiere el comunismo que pretende implantar el gobernante de turno. Preparemos el cambio y pronto.

“Los empleos públicos pertenecen al Estado; no son patrimonio de particulares. Ninguno que no tenga probidad, aptitudes y merecimientos es digno de ellos”. Simón Bolívar , 1783-1830.

Caracas, Venezuela, 01/06/09

© Nelson Maica C. para Informe Uruguay

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