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Año III - Nº 216
Uruguay, 12 de enero del 2007
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Alvaro Kröger Las lecciones del Gallotero
O el fin de la virginidad progresista

por Alvaro Kröger
 
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            El que alguien llame "virtual" bloqueo terrestre que ha impuesto la administración argentina a Uruguay, está un poco miope: no es tan "virtual". Usando a algunos "muftíes de la ecología" de la provincia de Entre Ríos está causando un daño económico significativo a muchos sectores de la economía uruguaya, particularmente el turismo y el transporte de carga. No afecta en lo más mínimo a la planta de procesamiento de celulosa en construcción (Botnia) y su impacto directo en la economía en su conjunto no es tan despreciable como sostienen los argentinos estos días en La Haya. En cambio está teniendo efectos políticos  mucho mayores que los económicos, porque el gobierno se está dando cuenta que ha perdido su himen "progre" en el tálamo nupcial, en manos de un tipo que se dice "progre" pero es un "crudo capataz de estancia".

            El primer efecto político ha sido el de abroquelar al gobierno de Tabaré Vázquez y permitirle ganar tiempo sin asumir el costo político de resolver las contradicciones en el despelote que es la interna de su gobierno (y de su fuerza política), en el que, para perplejidad de sus propios votantes, la política del equipo económico parece más "neoliberal" y ortodoxa que la del propio gobierno de Batlle (además gracias a éste y al Partido Nacional es que está cosechando lo que aquellos hicieron). Desde los sectores del Poder Ejecutivo que todavía reivindican la lucha de clases se ambienta una ofensiva sindical que se ha salido de todo control, poniendo en entredicho el derecho de propiedad y esterilizando los esfuerzos del equipo económico por atraer inversores.

            Pero por obra y gracia del Gallotero, los uruguayos no hablamos hoy de otra cosa que del conflicto con Argentina y estamos todos alineados atrás de "nuestro Presidente". Un negocio redondo para el gobierno. Pero ésta es un forma muy simplista de ver las cosas: estamos atrás de la Institución "Presidencia", porque los que no votamos al FA consideramos que si ganó, lo hizo en buena ley. Sería interesante hacer un poco de historia-ficción y ver si el FA, en las mismas circunstancias, no estaría del lado de los piketeros argentinos, simplemente por oponerse al Poder Ejecutivo.

            Sin embargo, a pesar de estos costos económicos y políticos, hay un efecto muy positivo en toda esta situación y es que la sociedad ha tomado conciencia de que el camino que ha recorrido Uruguay en el proceso de integración regional debe ser revisado. Este proceso  de integración regional no ha sido más que otro intento para postergar una auténtica apertura comercial, una ampliación del alcance del viejo proteccionismo nacional a un  proteccionismo a escala  regional. Este fracaso (del Mercobluff) es hijo del fracaso de la ALADI, nieto del fracaso de la ALALC y bisnieto del fracaso de la CEPAL y la "sustitución de importaciones", a cualquier precio, incluso al precio de no globalizar nuestra economía y seguir vendiendo cueros "in blue", medias reses con un "saquito" de algodón y, por ejemplo, granito en piedras tal cual salen de las explosiones de las canteras. 

            Hoy este es un sentimiento generalizado, pero claro, en el medio tuvieron que transcurrir no sólo este problema de las plantas de celulosa, sino también la devaluación brasileña de 1999 y la hecatombe-robo o el robo-hecatombe argentina de 2001 que hicieron pedazos la sociedad uruguaya.

            También han quedado sepultadas, "six feet under ¡¡¡thanks, Thor!!!", las expectativas iniciales del gobierno de profundizar el proceso de integración a través de las supuestas coincidencias ideológicas de los gobiernos de la región.¡¡¡Y pensar que aún algunos trasnochados promueven  la "dimensión política" y el Parlamento del MERCOBLUFF!!!! Literalmente, esa estrategia se derrumbó y en los sectores ideológicamente más ortodoxos del gobierno ("la línea bolivariana" o "chavista") hay una auténtica perplejidad ante este derrumbe, ya que son los que no quieren reconocer que es imposible. Los deja sin estrategia alternativa frente a la razonable intención del Ministro Danilo Astori y su gente "de línea chilena" de bajarle el perfil al MERCOBLUFF y buscar un TLC con los Estados Unidos.

            El Gallotero, y la indiferencia del "compañero" Lula, le está dando una formidable lección  al gobierno, pero sobre todo al pueblo uruguayo, a un costo económico y político aceptable (¿?). Si aprendemos esta lección (y esperemos aprender) y el gobierno actúa en consecuencia, seguramente en el mediano y largo plazo los resultados económicos y políticos  compensarán con creces el costo coyuntural de esta lección, pero dejará un huella; quiérase o no, a partir de éstos episodios de culebrón bananero, los uruguayos veremos con ojos diferentes a los gobiernos argentinos.

            A partir de la llegada de la izquierda al poder, la sociedad uruguaya ,incluyendo al gobierno y a la oposición, a los sindicatos y las cámaras empresariales, estamos todos haciendo una experiencia y estos acontecimientos son parte sustancial de esa experiencia que la venimos pagando con "sangre, sudor y lágrimas (Sir Winston Churchill dixit). En ocasión de las últimas elecciones, una ajustada mayoría aceptó la propuesta "progresista" y creyó inocentemente que con la renovación del elenco de gobierno y apoyándose en un conjunto de valores, postulados y creencias surgidos algunos de la propuesta ideológica clásica de la izquierda y otros (los más) del viejo tronco de convicciones batllistas, era posible lograr la postergada ilusión del "País Productivo". El gran problema es que las "convicciones batllistas", están en manos de cualquier loco suelto, no en las de José Batlle y Ordóñez.

            La izquierda uruguaya gobierna con la utopía del país productivo como horizonte y no siempre lo hace mal, hay veces que lo hace peor, pero lenta y dolorosamente va probando aquellos valores, postulados y creencias y los va dejando por el camino porque es evidente que no funcionan y que no conducen a la prosperidad, y no porque no sean buenos, es que son utópicos y como tales inalcanzables. Cuando se encapricha y se pone estrecha de miras comete sus errores más garrafales. En estos muchos meses la izquierda asimila la lección del Gallotero y empieza a estudiar otras lecciones: por ejemplo, la que le están dando sus "compañeros dirigentes sindicales", a los cuales como pago a favores históricos los dotó de un poder incompatible con el equilibrio en la relación trabajo - capital que requiere una sociedad capitalista. Sobre todo, cuando esos sindicatos continúan aferrados a una concepción "clasista y combativa" basada en los postulados marxistas y leninistas de la lucha de clases. Una pieza de museo ideológica que tiene escasos adeptos, incluso dentro de la propia izquierda uruguaya, pero que persiste entre la dirigencia sindical.

            La fantasía de la integración regional se evapora como se evaporó antes la fantasía sostenida por no pocos integrantes de la actual conducción económica, de que la reactivación de la economía surgiría de un aumento de sueldos y pasividades que supuestamente reactivaría el mercado interno. O como luego se evaporó la fantasía de que habría de pagarse primero la "deuda social" y sólo después la deuda externa e hicieron justamente lo contrario, o la de encontrar una fórmula para refinanciar a los deudores agropecuarios, o el intento de implantar una política monetaria que favoreciera a los exportadores, o de dotar de un "rol social" al Banco de la República y al Banco Hipotecario... y... y...

            ¡Me da pena ver que han gastado tanto tiempo y esfuerzo en el intento convencer del carácter ilusorio de esas ideas, cuando bastó la simple aproximación a la realidad para que se desvanecieran solas!. Falta de calle, que le dicen.... ¡no de estaño porque más de uno le ha sacado lustre a un mostrador!

            Y así, de a poco, irán cayendo otras fantasías tales como superar la pobreza a través del programa "PANES" o contener la delincuencia juvenil con el Código de la Niñez y la Adolescencia, mejorar la seguridad ciudadana liberando presos, resolver la reducción del negocio bancario con "soluciones políticas" o producir azúcar y alcohol en Bella Unión.¡¡Pagaría por ver la cara de los miembros del Tribunal de Cuentas cuando hagan los números y vean que la tonelada de azúcar de Ancap cuesta U$S 1200, mientras que del otro lado de la frontera cuesta U$S 800 y cuando vean que en Brasil la tonelada de alcohol combustible cuesta U$S 200 y Ancap tendrá un costo de U$S 450.!!

            Para el gobierno es importante insistir en lo que ha probado y funciona y rever lo que va probando y evidentemente no funciona, pero se empeña en mantener en la Cancillería a un hombre que no tiene la menor idoneidad para el cargo.

            Pero cuando hace esto debe evitar el sentimiento de culpa y debe explicar claramente por qué lo hace y no mantener un secretismo, dónde las cosas se saben por "trascendidos" o rumores. A veces pareciera que se avergonzara de abandonar un convencimiento histórico que no se conjuga con la realidad y adoptar otro propio de sus adversarios pero que funciona mejor. En lugar de tratar de convencer a su militancia de que nada ha cambiado debe explicarle por qué  el gobierno ha cambiado.

            Por su parte, para la oposición es importante comprender que no se trata tanto de desgastar al gobierno marcándole la incoherencia con su discurso preelectoral, como de capitalizar el proceso de maduración política de la sociedad en su conjunto, para quedar en posición de construir consensos en torno a políticas públicas sanas y de largo plazo, terminando con el circulo vicioso en el que una mitad de la clase política tranca a la otra mitad y el país entero queda de rehén. Y éste concepto es el que maneja nuestro gran amigo Raúl Seoane, cuando dice que hay que darle al Gallotero una "salida elegante" al conflicto de las papeleras y esa "salida" debe ser consensuada por todos los partidos políticos, porque a fuer de sinceros el problema con el gobierno argentino no es sólo de Vázquez y su gente: es de todos. 

            Ya llegará el tiempo de competir por quién es más adecuado para conducir un proceso en el que, con matices democráticos, estamos casi todos de acuerdo. Como en Chile, como en Irlanda, como en Suecia, como Taiwán, como Singapur o como Islandia ¡Como en el mundo que funciona normalmente! 

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