La bancada de ediles del Partido Nacional acaba de presentarle a la Intendencia Municipal de Montevideo una iniciativa transformadora del sistema de acceso al transporte capitalino, mediante la instrumentación del boleto obrero.
La primera reforma pasa por que más gente pueda subirse al ómnibus, ya que en los últimos años se ha visto caer sistemáticamente la venta de boletos. La crisis económica que atravesó el país acentuó esta realidad, por la sencilla razón de que miles y miles de montevideanos no pueden pagar los treinta pesos necesarios para, por ejemplo, ir y volver del trabajo.
Cualquier trabajador deja arriba del ómnibus en el entorno de 800 pesos por mes, significando esto un porcentaje muy importante de sus ingresos para aquellos de salarios más deprimidos. Esta ecuación ha llevado a que miles de personas hayan optado, por necesidad, por trasladarse a pie o en bicicleta a sus empleos, a veces varios kilómetros diarios, lo que se constata fácilmente en la ciudad. Con frío, calor o lluvia muchos trabajadores no tienen otra alternativa ante la imposibilidad de pagar el boleto.
Así la calidad de vida de estos uruguayos se ha visto resentida y con ello la dignidad de la ciudad, que se erosiona cuando no puede asegurar ciertos derechos plenamente, como es el de trasladarse sin limitaciones.
La economía de las empresas también se ha perjudicado y el subsidio al transporte que la Intendencia otorga a éstas, lleva implícita la paradoja de que también lo pagan con sus impuestos municipales quienes no pueden subirse al ómnibus.
Durante la campaña electoral municipal anunciamos la iniciativa de implementar un boleto obrero, idea que contenía el programa de gobierno del Partido Nacional. El mismo, a un costo del 50% del valor actual, redondeando 8 pesos, está dirigido a quienes perciban menos de dos salarios mínimos nacionales y a aquellas personas que sean beneficiarias del plan de emergencia. Hablamos, en aquel entonces, con algunas empresas de transporte que vieron con buenos ojos la iniciativa que les permitiría recuperar pasajeros y, también, por una responsabilidad social que es oportuno destacar. Poder acceder nuevamente al ómnibus significa muchas cosas, algunas muy sencillas, pero también muy profundas. Dará, entre otras, la posibilidad que un padre de familia pueda llegar un rato antes a su casa, luego de la jornada de trabajo, y estar un rato más con sus hijos, e incluso poderlos ver despiertos. Son cosas chicas para el mundo, pero inmensas para quienes no pueden hacerlo.
La propuesta está en manos de las autoridades municipales desde esta semana y, de honor es decirlo, hemos visto a las mismas, comenzando por el intendente Ehrlich con una disposición muy positiva para escuchar las propuestas que el Partido Nacional realizó y también para entender que el ejercicio del gobierno requiere comprender la importancia de la oposición.
Tenemos diferencias, que fueron expresadas durante la campaña electoral, con las administraciones municipales pasadas y seguramente las tendremos en el futuro, pero ello no obsta a que exista un clima de diálogo para ejercer una tarea de construcción desde la oposición.
Sin ir más lejos, en estas horas la bancada nacionalista le hizo saber al intendente que es imperioso implementar una auditoría externa e independiente sobre las finanzas municipales, que aclare de una vez por todas las interrogantes sobre el abultado déficit municipal generado en estos últimos quince años. El Dr. Ehrlich no comparte la idea, a pesar de que su partido las está llevando adelante en todo el Estado, lo cual marca una inconsistencia manifiesta. Esta y otras cuestiones se irán dilucidando con el tiempo, pero mientras tanto unos y otros demostramos que las diferencias no pueden postergar iniciativas que benefician a la población y a la ciudad.
Por ello la idea del boleto obrero está a disposición de la intendencia, aunque nuestro papel sea la oposición. Así la entendemos.