Aguarde unos instantes...
hasta que cargue completamente la página y desaparezca esta imágen.

Año III - Nº 143 - Uruguay, 12 de agosto del 2005

 
Menú de Navegación

CIUDAD CICLÓPEA SUMERGIDA
ENTRE SUEÑOS NEBULOSOS

* Fernando Pintos

Como muchos habrán de recordar, en el ya muy lejano año de 1989 -¡caída del muro de Berlín! Fin de la Modernidad y principio de la Posmodernidad, según autores como David Lyon- el tan emblemático como retorcido cineasta Tim Burton dirigió la primera versión posmoderna de un clásico de las historietas y la televisión de los años 60: "Batman". Los protagonistas: Michael Keaton y ese tremendo actor que ha sido y sigue siendo Jack Nicholson. En 1992, cuando aquellos que ya se había derrumbado mucho más estrepitosamente que el muro eran la Unión Soviética y sus satélites de Europa oriental, Burton repitió la receta con una nueva cinta sobre el tema, a la cual tituló "Batman Returns". Imagino que ya sea por haberlas presenciado en los cines, en los canales de cable, en la televisión abierta o en videos alquilados, absolutamente nadie en Uruguay habrá dejado de ver esas dos películas. Ahora bien: para trasladar las historias del enmascarado de los cómics a la pantalla grande y para hacerlo con el toque magistral de Tim Burton, los diseñadores tuvieron que ponerse a la tarea de diseñar una especialísima Ciudad Gótica, combinando para ello gran cantidad de influencias y diseños arquitectónicos. Finalmente, pudieron concretar algo verdaderamente especial, a lo cual la diseñadora Cheryl Carasik definió con bastante acierto, en un rapto de inspiración, como "Teutonismo de la edad de las máquinas". ¿Habrá alguien que recuerde con sumo detalle aquella extraña ciudad? Gracias a un adecuado diseño y también al uso particularmente parco de iluminación y colores, la Ciudad Gótica de Burton me ha recordado algunas cosas. Como primera instancia, se me ha ocurrido que existe en ella, una reminiscencia aquel estilo arquitectónico -tan fuertemente influido por el Art Nouveau- que caracterizó la obra del genial catalán Antonio Gaudí& Cuya historia, por cierto, es tan gótica y tenebrosa como la misma ciudad recreada por Burton y equipo. Recordemos la obra de Gaudí: extrañas formas casi monstruosas, de impresionante majestad y sobrecogedora belleza. Figuras que resaltan con los perfiles y el énfasis de centinelas inmóviles. Torres que se recortan contra el cielo con evidente talante de vigías monstruosos. Unos mosaicos que, vistos desde lejos, parecen transformarse en escamas de criaturas coriáceas y ciclópeas. Pero después, recordemos algo más: la imponente granítica y gélida arquitectura totalitaria engendrada por las mentes de la Alemania nazi, de la Rusia comunista y, en menor medida, de la Italia fascista& En su momento, hubo hasta quienes criticaron a la Ciudad Gótica de Tim Burton atribuyéndole influencias de toda aquella pesada y grotesca arquitectura totalitaria.

Ahora bien: ¿en razón de qué estoy trayendo todo lo anterior a colación? La respuesta es simple. Algo muy cercano a una extraña combinación entre la Ciudad Gótica de Tim Burton y las formidables creaciones de Gaudí se viene deslizando esporádicamente, a través de la nebulosa que conforma mis sueños más profundos, de muchos años a esta parte. Y lo viene haciendo desde muchísimo antes que yo conociera la obra de Gaudí o viera las películas de Tim Burton. En mis sueños -lo poco que puedo recordar de ellos- camino sin rumbo a través de una ciudad de esa índole, una ciudad desierta, una ciudad vacía& Pero una ciudad a la que sé que pertenezco sin lugar a dudas& Esos extraños sueños arrancan desde la niñez. Y al hablar acerca de ellos, estoy refiriéndome a los sueños más profundos y herméticos, los verdaderamente enigmáticos& Aquéllos de los cuales no suele quedar casi ningún rastro, apenas minutos después de recobrar la conciencia para volver a sumergirme en el mundo real. Como he dicho, tales sueños arrancan de la niñez, lo cual es como decir que comienzan a surgir desde un terreno casi virgen. Y tienen un carácter cíclico, pues se repiten de tiempo en tiempo. Ellos no corresponden a ninguna experiencia que haya tenido en esta vida y, por ese preciso detalle, sólo me ha quedado especular acerca de apenas un par de posibilidades que pudieran explicarlos de alguna manera.

La primera de tales explicaciones se apoya en una ciencia a estas alturas tan convencional como la psicología: más allá de lo que se denomina consciente y subconsciente, muy posiblemente extraviada en algún oscuro y recóndito rincón de mi inconsciente, debe existir alguna oscura fantasía que insiste, esporádicamente, en estructurar aquellas ensoñaciones fabulosas. La segunda explicación es un poco menos racional pero un poco más posmoderna& Ella consistiría en aceptar que la reencarnación existe y que, en algún remoto lugar del tiempo y del espacio, alguna vez un retazo de mi ser ha caminado por una ciudad como esa con la cual sueño. Por cierto, si yo aceptara que la reencarnación existe, me negaría a hacerlo de la manera convencional, la cual consiste en pensar que siempre alguien que muere en determinado momento pasado, habrá de reencarnarse en otro ser similar y en determinado momento futuro. Esa sencilla explicación no la puedo aceptar por una razón simple: en el momento de morir abandonamos esta dimensión, para trasladarnos exactamente hacia una que podría denominarse, al igual que la famosa serie televisiva de los años 60, "dimensión desconocida". Y no sólo desconocida, sino, además, completamente ajena a cuanto podamos conocer en esta vida y absolutamente desligada de la nuestra y de sus fenómenos naturales. En esa dimensión no sería factible que tuvieran validez las coordenadas de tiempo/espacio que caracterizan a la nuestra. En consecuencia especulo que, si existe la reencarnación, se habrá de poder reencarnar no sólo hacia el el futuro -y eventualmente el presente-, sino, más que nada, hacia el pasado. Y de ser así, no se habrán de respetar, ni mucho menos, las coordenadas espaciales que conocemos& De acuerdo a esto, se podría, muy posiblemente, reencarnar no sólo en otra época, sino también en cualquier otro mundo, entre los cientos de millones que pueblan el universo. Y algo más, todavía: siguiendo con esta línea de pensamiento, determinados sueños podrían filtrarse en el inconsciente de los seres, mas no sólo como un recuerdo de reencarnaciones pasadas, sino como un reflejo o adelanto de reencarnaciones por venir. En definitiva, todo eso consiste, apenas, en un montón de aventuradas especulaciones intelectuales& o pseudo-intelectuales, si lo prefieren así.