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Año IV - Nº 255
Uruguay,   12 de octubre del 2007
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Luis Anastasía

Historia Repetida: los “miedoambientalistas” vuelven a la carga

por Luis Anastasía (1)
 
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            La semana pasada estuvo agitada por acciones de las organizaciones no gubernamentales (ONGs) ambientalistas. Una vez más, se repiten argumentos infundados y procedimientos destinados a crear alarma en la población. Veamos cuáles son, cómo funcionan y por qué son falsos.

            El lunes, una delegación del grupo Guayubira le manifestó a la Directora Nacional de Medio Ambiente, Alicia Torres, su contundente rechazo a la aprobación ambiental de un proyecto de forestación de la empresa Stora Enso en el centro del país. El grupo ambientalista intenta, una vez más, imponer sus criterios aún cuando estén basados en falsedades y un desconocimiento flagrante de la realidad. Sus argumentos básicos siguen siendo la carencia de agua y la desertificación, la disminución de la biodiversidad, la disminución del empleo rural, entre otros temas. La culpa de todo, por supuesto, la tiene la forestación.

Sequía y “miedoambiente”

            Nada de lo que dicen es cierto, y es evidente que siguen desconociendo la capacidad técnica y la experiencia acumulada de los especialistas que  trabajan en el seguimiento y control de la forestación. Me llevó unos dos meses reunir, analizar, comparar y sintetizar la información existente en el país para recabar los datos que apuntan a conclusiones contrarias a lo que ellos sostienen y que los resumí en mi artículo “Los desiertos que vos hacéis”.

            Mientras yo apelo a los datos y hechos, a la información y a la experiencia, los grupos “miedoambientalistas”, y especialmente la ONG Guayubira, apelan a los sentimientos, generando miedo (que se ceba en la incertidumbre de la gente) con avisos de catástrofes inminentes.

            Para muestra basta un botón. El buque insignia de estos grupos es que en este siglo, o a más tardar en este milenio, se acaba el agua en el planeta y que vendrán las guerras por el dominio y el control de este recurso. Este argumento es absurdo y no resiste el mínimo análisis. El agua ha permanecido prácticamente constante desde que el planeta se formó y seguirá hasta mucho después que eventualmente la humanidad desaparezca, cuando el sol envejezca y cambie, lo que pasará en algunos millones de años. Consideremos algunos ejemplos.

            El caudal medio del Río Uruguay, a la altura de Fray Bentos, es de unos 6.000 metros cúbicos por segundo. Esto significa que estamos en condiciones potenciales de darle a cada habitante del planeta unos 86 litros de agua por día. Sin embargo, este río no es de los más caudalosos. Veamos que sucede con el Río Amazonas. Aún tomando el mínimo de caudal que este río lleva al Océano Atlántico (unos 100.000 metros cúbicos por segundo) tiene una capacidad potencial de suministrar 1.440 litros de agua por día para cada habitante existe en el planeta, un volumen sin duda suficiente.

            En Uruguay el promedio de lluvias es de unos 1.200 mm, lo que equivale a  1.200 litros de agua por metro cuadrado por año. Aún redondeando en 1.000 mm por año, para hacer la cuenta más fácil, en todo Uruguay se precipita aproximadamente unos 176 billones de litros, de los cuales la mitad al menos escurre por la superficie, con o sin forestación, y termina evacuado en la red hidrográfica. Esta cantidad equivale a unos 86 millones de millones de litros. No estamos ante un escenario de escasez, precisamente.

            Tampoco se puede explicar como causa la poca disponibilidad de agua en algunos sectores del país por la presencia de la forestación. No encontré ningún estudio conducido de forma seria que relacionara estos hechos. Por otra parte, el argumento no toma en cuenta que también hay algunos pozos en el país que se secan o tienen poco agua sin que haya un solo árbol en las inmediaciones. Pero la semana pasada vio a los ambientalistas pasar de las palabras a los hechos.

Disparen contra la DINAMA (El Regreso)

            El miércoles nos enteramos que se había cortado el tránsito en la Ruta 21. Esta manifestación pública se realizó ejerciendo el derecho de expresión pero que sin duda cercena el derecho a la libre circulación. Este corte de ruta fue resuelto por un grupo de vecinos y de ONGs (entre ellos nuevamente Guayubira) para oponerse a la instalación de la empresa  ISUSA cerca de Agraciada, en el departamento de Soriano. Si hacemos un rápido repaso de los fundamentos que se expusieron a través de las declaraciones a la prensa, vemos que son los mismos repetidos.

            Uno es que la DINAMA no tiene técnicos, y que a éstos “los contrata la propia empresa que se instala para evaluar el impacto ambiental”, lo que según un productor de la zona, vuelve “medio ridículo todo eso". Esta afirmación no hace más que reiterar lo que clama el grupo Guayubira y otras ONGs ambientalistas, pero sólo demuestra que desconoce la normativa del país y de la mayoría de los países del mundo. Es cierto que las empresas que van a ejecutar un proyecto incluido en el listado de la normativa ambiental, deben realizar el estudio de impacto ambiental y presentarlo a la DINAMA. La ley admite que las empresas realicen ese estudio con su  personal especializado o con personal externo contratado. El proceso del trabajo, que se basa en protocolos y manuales aceptados a nivel internacional, consiste básicamente en estudiar y reconocer el ambiente receptor de un proyecto y luego, en un análisis prospectivo, identificar aquellos impactos relevantes  generados por la ejecución, operación y abandono del proyecto. Una vez realizado este paso, se diseñan las medidas y procedimientos apropiados para minimizar los impactos, ajustándolos a una situación en que los impactos estén por debajo de lo exigido por la normativa. Para lograr ésto se diseñan procedimientos a ser contemplados durante la ejecución y la operación de la obra, en lo que se denomina Plan de Gestión Ambiental, cosa que el proyecto debe cumplir ya que se toma en cuenta en las condicionantes en las que la DINAMA, eventualmente, otorga la autorización ambiental previa.

            Ahora bien, este estudio es analizado y evaluado por los técnicos especializados de la DINAMA y puede ser rechazado o solicitarse ampliación de información hasta cubrir todos los aspectos que se consideren relevantes. Si este estudio está mal hecho o con información insuficiente y la DINAMA lo rechaza, como ha sucedido, el responsable del estudio corre el riesgo de perder su trabajo. Si es hecho por profesionales externos, contratados con ese objetivo, su principal cometido es realizar correctamente el trabajo ya que el profesional es responsable por el estudio. Si falla o no realiza una adecuada gestión en la obtención de la autorización correspondiente, está arriesgando su prestigio y sus futuros contratos, en un mercado que en Uruguay se ha vuelto muy competitivo.

            En síntesis, la DINAMA no carece de técnicos capacitados ni los profesionales que realizan los estudios son unos mercenarios, aún cuando las ONGs ambientalistas y las personas en general tienen esa opinión. Esto se repite sistemáticamente desde hace tiempo, con mayor énfasis en los procesos referidos a las autorizaciones de las plantas de celulosa.

La miel y los “miedoambientalistas”

            Otro de los argumentos planteados y reiterados es el de los efectos sobre la producción de la miel. En este caso lo que se plantea es que no podrán vender miel de producciones situadas dentro de un radio de 5 kilómetros donde haya  industrias instaladas. Relacionados con las industrias celulósicas comenzaron manejando unos 50 km de radio y ahora son 100 km donde no se podrá vender ninguna producción. Varias personas hemos investigado tratando de encontrar la normativa específica a este tema. Nunca hemos encontrado nada, a excepción de la información que existe en las propias páginas web de los sitios de organizaciones ambientalistas. Lo más cercano que estuvimos es que alguien maneja una hermética información que sostiene que dentro de 6 años esa normativa se pondrá en vigencia en la Unión Europea pero por más que intenté profundizar esa información no obtuve ningún resultado. Hace unos meses se contactó conmigo alguien de la Provincia de Entre Ríos preocupado porque le habían dicho que CONAPROLE no iba a adquirir ningún producto lácteo ni miel en 100 km a la redonda de las plantas. Busqué el número de teléfono y me contacté con una secretaria del Directorio. Lo que recibí como respuesta fue unos cuantos segundos de silencio y luego el asombro ante mi pregunta: CONAPROLE nunca se había planteado eso.

            Pero además, como siempre, no explican por qué se va a ver afectada la producción de miel de los 56 apicultores poseedores de 2.400 colmenas en un radio de 5 km de la posible futura planta de ISUSA. No lo explican por una sencilla razón y es que no lo pueden hacer. No hay un solo efecto del funcionamiento de esta industria que altere o inhiba la producción de miel.

ISUSA: una empresa modelo en la mira “miedoambiental”

            Es cierto que el predio donde se plantea construir la planta tiene un índice CONEAT elevado para el promedio del país, pero no quiere decir que el funcionamiento de la planta altere o afecte mínimamente, ya sea de manera inmediata o por efecto acumulado, los suelos del entorno. Basta con hacer una sencilla investigación para encontrarse con una información relevante. La empresa ISUSA lleva funcionando más de medio siglo y es la única en el país que fabrica fertilizantes. Miles de toneladas de insumos han sido utilizados por el agro. La investigación constante de esta empresa en la  producción y empleo eficiente de fertilizantes ha sido un punto de apoyo en el explosivo crecimiento de los productos del agro. ISUSA no sólo actúa dentro de la normativa ambiental vigente en el país, sino que además cuenta con profesionales especializados en salud ocupacional y en temas ambientales, que  llevan adelante el programa de responsabilidad ambiental de la empresa. Además, está adherida al Programa de Cuidado Responsable, de aplicación internacional en la industria química y antecesora de la norma ISO 14.000. ISUSA fue una de las primeras empresas en certificarse por las norma ISO 9002/200 por UNIT, que incluye en su protocolo capítulos inherentes al correcto comportamiento ambiental y que están relacionados con el control de calidad de la empresa. Además está en proceso de certificación ISO 18.000, una moderna norma que abarca la calidad, salud ocupacional y medio ambiente.

            Como si fuera poco, tiene contratado un auditor externo que realiza informes mensuales a partir del monitoreo aleatorio de sus emisiones y la situación del entorno.

            La planta de producción de fertilizantes que se plantea instalar, uno de cuyos subproductos es el ácido sulfúrico, utiliza tecnología del 2006, que incorpora  todos los cuidados inherentes a un sistema sin efluentes líquidos o “efluente 0”. En realidad debemos precisar que el único efluente líquido, para el cual se va  a desarrollar el adecuado tratamiento, es el producido por los efluentes líquidos  de baños y vestuarios, contenidos y aislados del suelo. Las emisiones gaseosas están sometidas a un sistema que asegura que no producirá ningún efecto en el entorno, ni mucho menos lluvia ácida.

            Otro de los argumentos que se maneja es que el proceso industrial utiliza vanadio (más precisamente pentóxido de vanadio o anhídrido vanádico), considerado peligroso. Sin embargo este compuesto, que se emplea  como catalizador, es almacenado en recipientes adecuados y posteriormente vendido, ya que tiene valor de mercado.

Contra los “miedoambientalistas”, el pensamiento crítico

            Hace dos meses se realizó una reunión informativa ante la comunidad para explicar las características del proyecto. Sin embargo, lo que tuvo mayor  relevancia en la prensa fue esta manifestación en la que los que opositores al  emprendimiento pretendieron alertar a la población, anticipándose así a otra  reunión informativa que iba a realizar ISUSA junto a la Intendencia de Soriano y la DINAMA. Sin embargo, la mayoría de los habitantes de la zona está a favor de la instalación, aunque de esta información se publicó sólo dos o tres renglones.

            Una forma de intentar el dominio sobre las personas es infundiendo miedo. Históricamente, la estrategia de comunicación de los radicales ambientalistas apeló a la manipulación de los datos con el objetivo de sembrar el pánico con pronósticos catastrofistas que jamás se cumplen.  Muchas veces esta manipulación sistemática fue ejecutada con prepotencia. Pero si dejamos que el miedo se imponga perderemos nuestra capacidad de pensar, de preguntarnos por qué, de reclamar y construir respuestas lógicas y debidamente fundamentadas. El pensamiento crítico es lo que nos permite sobreponernos a nuestras dudas y temores, y lo que nos libera de la  manipulación de los “miedoambientalistas”. Así podremos evitar que la historia vuelva a repetirse.


(1) Analista ambiental de proyectos industriales y de infraestructura

 
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