Año II - Nº 104 - Uruguay, 12 de noviembre del 2004

 

1 Campaa Mundial Seguridad en la Red

 

 
EL DESBARRANQUE
DEL PARTIDO COLORADO
Escribe: Ernesto Martínez Battaglino
 

AMIGOS: ÉSTE PRETENDERÁ SER UN ARTÍCULO DISTINTO.
ESPERO TENER LA HABILIDAD PARA QUE LO COMPRENDAN.


La idea es el de mostrar lo que fue y es el Partido Colorado
desde el punto de vista de un colorado por tradición
y de un batllista por convicción, pero que no lo obnubila
el partidismo para ver errores
ni deja de estar abierto a la sana crítica.


A NADIE DEBERÍA MOLESTAR EL RECIBIR UNA CRÍTICA DICHA CON HONESTIDAD Y RESPETO


Hoy se puede confirmar el ya famoso axioma de que "el poder desgasta". Pero para que esto verdaderamente se reafirme, debería agregársele, además y ahora, "que transitar por una de las crisis económicas más feroces conocidas en el país y que fuera bien utilizada por una inteligente y desprejuiciada oposición" -aunque de ella poco o nada de culpa el Gobierno tenga- es la más contundente forma de hacerlo caer en el descrédito total ante su población, y más, si es en el especial momento de estar blandiendo la poderosa arma que por suerte le brinda la Democracia, que es el VOTO. Quién bien puede confirmar esto, es nada más, ni nada menos, que el Partido Colorado del Uruguay, la gran y única víctima de estas últimas elecciones nacionales.

No le importó a la ciudadanía en el momento de votar el 31 de octubre, el de darle la espalda al Partido Colorado en la forma tan irrespetuosa y minimizante que lo hizo, sin tener en cuenta que es uno de los partidos políticos más antiguos del mundo aún vigentes y con más tiempo en el poder de una nación en estado de derecho, factor principal y determinante de haber llevado al Uruguay -pequeño país sin riquezas ostensibles- a ser uno de los mejores y más avanzados de nuestra Latinoamérica. Lo emula, en el tiempo de su formación y actuación, el otro partido histórico del Uruguay, que lo es el Partido Nacional o Blanco, dado que así naciera, conjuntamente con el Colorado, en aquellos férreos y aguerridos enfrentamientos de la patria vieja de principiante formación, en los campos de batalla de Carpintería, en aquel lejano año de 1836.

Ahí estuvieron enfrentados -una vez más- Fructuoso Rivera y Manuel Oribe, caudillos, guerreros de la independencia y políticos, que ostentaron el gran honor de ser el primer Presidente constitucional de la nueva república naciente (1830) y segundo Presidente electo (1834), respectivamente. Eran los mismos jóvenes que habían estado junto a José Artigas peleando por la independencia de la Banda Oriental del dominio español, en aquella primera y decisiva gran batalla de Las Piedras, realizada el 18 de mayo de 1811.

Y así siguieron reafirmando sus distintas personalidades, a veces juntos y otras tantas enfrentados, con posiciones antagónicas sostenidas en más de una oportunidad y ante avatares no bien claros ni definidos en cuanto a como cada parte entendía la independencia de la Banda Oriental y el verdadero alcance de nuestra autonomía o de nuestra dependencia o independencia, la que pendulaba entre Buenos Aires, portugueses y brasileños, que se alternaban, también, en el dominio de estas tierras. En ese casi desconcierto institucional, donde las conveniencias y las buenas intenciones generales colindaban muchas veces con los intereses y buenas intenciones también en juego de aquellos Caudillos con visiones poco claras sobre democracia, justicia y libertad, principios sin duda no muy comunes ni entendibles en aquellos tiempos en nuestra América, fueron los que llegaron a brillar más por el prestigio personal y popular de cada uno, que por los principios que pudieran sustentar. Así lograron ocupar aquellos primeros altos cargos en los comienzos de nuestra formación como República Oriental del Uruguay, con el beneplácito de todos.

Sobre aquellos pro-hombres que brindaron sus fortunas heredadas y propias por sus causas, y ponían en peligro hasta su integridad física en luchas aguerridas, cuerpo a cuerpo, defendiendo ideas y formas de interpretar el momento en que vivían sin mirar costos, más conviene hoy y en este momento, no querer visualizarlos con nuestras actuales vivencias, ya que correríamos el peligro de ser injustos con aquellos que tanto se sacrificaron para dejarnos una nación en formación e independiente. Ya existen y seguirán habiendo historiadores e investigadores que cada vez descubrirán alguna faceta más de unos y de otros sobre sus aciertos o sus errores, y así se irá moldeando la verdad de aquellos personajes y de aquellos tiempos, místicos a veces o denostados otras, según la visión sana o interesada de quien los haya interpretado.

De ese entorno y de esos Caudillos, Caudillos con Mayúscula, surgieron el Partido Colorado comandado por el Gral. Fructuoso Rivera y el Partido Blanco comandado por el Gral. Manuel Oribe.
De entonces a hoy fueron solo esos partidos los que se alternaron en el poder, con una prevalencia rotundamente superior en el tiempo del Partido Colorado, aunque salpicado en más de una oportunidad por quiebres institucionales, donde el más reciente y lamentable, fuera el último que durara casi 12 años, desde 1973 a 1985. Fue una época de oleaje dictatorial militar que cubrió prácticamente toda América Latina, contagiando país a país como algo concertado por una maligna mente superior, que envolvió a todos estos pueblos por igual.

En las luchas y golpes de poder que hubieron en el siglo XIX, siempre estuvieron presentes más en juego los intereses de prevalencia caudillesca y el de cubrir cotos de poder personal, que esgrimiendo principios que importaran a la generalidad y fueran apoyados por los propios partidos políticos que se decían representar, ya que en esas instancias, siempre, hubieron unos pocos dirigentes que los acompañaban y una gran mayoría que los repudiaba, no importa si respondieran o no al Partido Colorado o al Blanco o Nacional, ya que siempre, habían de uno y otro bando grupos de concordancia con la insurrección y otros que decididamente los combatían.

Y así fue transcurriendo aquel siglo que acompasaba los primeros 70 años de nuestro país, que a pesar de esos quiebres que mucho daban que hablar más que de actuar, el país igualmente se iba consolidando y creciendo económicamente, a los tropezones, pero ayudado sin duda con el empuje que le venía imprimiendo la gran emigración de europeos escapando de la miseria y de las guerras, los que se convirtieron en factores determinantes para consolidar nuestra incipiente industria, el agro y el de ir haciendo evolucionar hasta mentalmente a nuestros pocos habitantes autóctonos que este país despoblado tenía. Las enseñanzas y visiones que aquellos europeos nos traían, de aquel igualmente primer mundo de la época, mucho más adelantado que nosotros a pesar de que echaba a su gente por haberlos dejado en la miseria, fue lo que terminó consolidando nuestra forma de ser y de crecer, mucho más europeizada que el resto de nuestra América, quedada preferentemente envuelta en la mentalidad conservadora de su población indígena.

Y así se inició el siglo XX, comandando al Partido Colorado, al Gobierno Nacional y al País todo, la gran figura de Don José Batlle y Ordóñez, que durante casi 30 años, personalmente, puso de pie al Uruguay iniciando una vida de prosperidad, de justicia social y de orden administrativo desconocido hasta entonces, no solo en esta nación, sino que en América y hasta en infinidad de las grandes potencias de la época, al punto que muchas de las leyes que hasta hoy son orgullo para muchos países por haber sido no hace tanto alcanzadas, nosotros, podemos sentir la emoción que fueron puestas en práctica acá, en nuestro pequeño Uruguay, muchísimos años antes por la visión y coraje de aquel gran hombre que puso al país en la evolución permanente dentro del modernismo que las épocas nos iban marcando, buscando la justicia, el bienestar y la prosperidad del país y de su gente.

El potencial ideológico que nos legara Batlle y Ordóñez traspasó su permanencia física a fines del año 1929, quedando vivo hasta nuestros días, casi idealizado, el que se nos fue incorporando a todos como una forma de vida que nos caracteriza como distintos de otros pueblos, impregnándonos de una forma de ser y de ver las cosas, incluso, hasta de aquellos que desde siempre se dicen no colorados y hasta contrarios -hoy- a las doctrinas económicas tradicionales batllistas de su primera época.

El Uruguay siguió transitando los naturales avatares de altas y bajas, común en todas las naciones, pero con un espíritu de pretender siempre ir alcanzando nuevas conquistas de bienestar, modernizando sus estructuras agropecuarias, base de nuestra economía, pero sin descuidar la industria y el turismo como lugares de riqueza y trabajo para la gente, así como tratando de hacerles llegar los servicios esenciales hasta para los menos pudientes, en forma gratuita algunos (enseñanza, salud, etc.) o con tarifas especiales para que a nadie les faltara electricidad y agua potable o una vivienda digna, por ejemplo.

En esto se destacó el otro Batlle de mediados de siglo, Don Luis Batlle Berres, que fuera el último encargado de darle el gran empujón a estas conquistas promovidas por su tío, el Gran Batlle, poniendo en práctica el mismo recetario que con tanto éxito había promovido al país y que nuevamente lo reactivaría, promoviéndolo a transitar por su mejor período de esplendor, tranquilidad y bonanza, antes que el mundo se empezara a globalizar a partir de los años 60/70 del siglo XX, lo que hiciera cambiar los caminos tradicionales transitados hasta entonces, ante una economía agresiva y dominada por las grandes potencias económicas y militares de aquellos tiempos, que son las que hoy perduran con su misma impronta, hecho que nos obliga a seguirlos, so pena de quedar al margen de la economía mundial y de no alcanzar el mejor desarrollo que la técnica actual pone al servicio del hombre.

Esa fue y es la meta del batllismo, el que terminó dándole la verdadera y actualizada forma de ser al Partido Colorado, dado que no se ató a doctrinas quedadas en el tiempo y sí a principios, que permanentemente buscaron los mejores caminos dentro de la evolución que las soluciones les fueran presentando. Ahí aparece la otra generación Batlle, nuestro actual Presidente el Dr. Jorge Batlle Ibáñez, que desde muy joven buscó ser "presidente" sin lograrlo (elecciones de 1966), pero para poner en práctica su ya desde entonces convencida política "liberal" como mejor adaptada a la época, en contraposición con la doctrina sustentada por su tío abuelo Don José Batlle y Ordóñez y su propio padre, Don Luis Batlle Berres, hijos de otra época.

Jorge Batlle, si bien utilizando estas otras armas que los nuevos tiempos nos presentaban como mejores adaptadas al momento, demostraban, una vez más, que el ser "batllista" no era un dogma inamovible, sino que era dinámico y adaptable a los cambios, pero siempre sin perder el objetivo, el mismo que el Partido Colorado y el Batllismo de todas las épocas, siempre sostuvieran y buscaran.

Algunos lo entendieron, pero la gran mayoría no, como ha quedado demostrado en esta última elección y en los plebiscitos últimamente votados en contra o a favor -según así fueran propuestas las leyes por el gobierno o propiciadas por la oposición- o así resultaran determinadas leyes que en el Parlamento han tenido negativas, traspié, cambios y demoras -permanentes palos en la rueda- para que las soluciones no llegaran y se hiciera carne el de "cuanto peor mejor", pero solo para los intereses de una oposición ávida de poder y de revanchismo, sin importarles tanto el pueblo que decían defender, pero sí para que más rápidamente se alzaran con el gobierno, como así resultara en forma terminante al obtener la mayoría más contundente de las que se conocen el 31 de octubre último, lo que le dará al nuevo Presidente Dr. Tabaré Vázquez y al EP-FA-NM, las mejores armas para poner en práctica su plan de gobierno, sin que pueda decir, luego, que las cosas no salieron como hubieran querido por las trabas de la oposición, que en el caso, no tendrá casi fuerza parlamentaria como para hacerlo.

Independientemente de los conceptos expuestos como base ideológica, democrática y de justicia que ha sustentado desde siempre el Partido Colorado Batllista, es justo y noble el reconocer que no todo siempre anduvo sobre ruedas y manejadas con la pulcritud y el orden que lo merecía -desaciertos de hombres pero no de principios- hechos que pueden llegar a dar cierta razón a ese pueblo que en forma exageradamente tajante, en esta oportunidad le dio la espalda a un partido que desde siempre se había caracterizado por estar junto a los más necesitados.

A pesar del natural desgaste que el poder da y de la gran crisis sufrida últimamente, que tanto afectó a tanta gente como decíamos al principio, hay que valorar que no fue culpa de esta última administración lo ocurrido en el 2002, que aunque terrible, le vino "for export", como a cualquiera, pero con la ventaja de que supo muy bien salir de la hecatombe en la mejor forma para nuestros intereses, por lo que me niego a que se le haga cargo de la totalidad de los avatares últimos de los que no es culpable. En cambio, sí acepto los que ocurrieran desde la vuelta a la democracia a partir de 1985, donde el Partido Colorado y el Partido Nacional se alternaron en la responsabilidad de haber gobernado en cuatro oportunidades (1985/1990; 1995/2000 y con la colaboración del Partido Nacional 2000/2005) el Partido Colorado , y habiéndolo hecho una vez (1990/1995) el Partido Nacional, por lo que no es tan excepcional que si las cosas no se hicieron con la prolijidad necesaria y la autoridad no cuidó el hacer cumplir estrictamente la corrección administrativa como debió hacerlo, fundamental factor de la crítica de estos últimos 20 años de gobiernos, el descrédito de los políticos, y fundamentalmente de los del Partido Colorado por ser el que ha gobernado últimamente, es hasta lógico haber sido el más castigado.

Es evidente que en cada etapa y con responsabilidades compartidas, los dirigentes políticos se fueron anquilosando, descuidando detalles como es el de preservar sus imágenes y la propia pulcritud de su accionar (no solo hay que ser, sino que parecer), lo que fue provocando un descalabro administrativo y de credibilidad en los mandos, al punto que la burocracia dominó a los jerarcas, y por añadidura, los gobernados le perdieron el respeto a los gobernantes. Esa negligencia, ese dejar hacer y mirar para otro lado, demostró que no tuvieron la valentía y la decisión (quizás por miedo a perder votos) de poner coto a excesos desmedidos de sus propios subalternos, muchos igualmente correctos, pero bien sabemos de los que "aprovechando la ocasión...", se transforman en no cumplidores, que al ver en la impunidad cómo otros no cumplen con sus cometidos o lo hacen a desgano y hasta dolosamente, así como viendo a quienes ganan suculentos sueldos sin siquiera ir a trabajar o tratando de parecer que trabajan, también fueron desmoronando la credibilidad de los de adentro de la administración, estuvieran donde estuvieran dado que el contagio es rápido y lacerante, como así trascendió a la propia población civil, donde esos excesos y esas negligencias de los que tenían que poner fin a lo que nunca debía de haberse producido y poco o nada hacían, conquistaron el descrédito total de la población, que fue lo que trasuntó la magra cosecha de votos del Partido Colorado y el fenomenal repunte de una fuerza nueva que nunca había ejercido el poder, como prueba y esperanzas de que las cosas se hicieran mejor.

Si el Partido Colorado no hace "un mea culpa", revisa actitudes pasadas y proyecta nuevas posturas para el futuro, recambia las viejas figuras ya desgastadas aunque sin duda valiosas algunas, pero dejándolas para que solo queden como referentes y como consultores, obligándolos a dar un paso al costado para que se renueve la dirigencia y venga savia nueva con mentalidad modernista para actuar y para comunicarse con la gente, esta colectividad se irá perdiendo en el tiempo sin remedio, a pesar del gran historial que ostenta y de la permanente vigencia de sus postulados principistas.

Tenemos la ventaja de no necesitar copiarle a nadie nada, ya que prestigio, ideas, principios políticos, sociales, económicos y productivos nos sobran, además de contar con un plantel importante de técnicos y de experientes hacedores de la cosa pública, ya que no todos fueron y son negligentes en sus deberes.

Bien que hay un buen material de recambio en el seno del partido, como lo ha demostrado esta tanda nueva de la "Lista 15", de ministros, de técnicos y de dirigentes jóvenes de edad y jóvenes por su no desgaste en la función pública, que ya dieron pautas de capacidad y de realizaciones. La cantera no se ha agotado, por suerte, y hay muchos más deseosos de tener una oportunidad de salir a la lucha política con los ideales del batllismo, que son los ideales del pueblo, siempre fuertes y vigentes.

Confío en la cordura y maduración de los grandes del Partido para que les den una rápida cabida a ese necesario recambio. De ello depende la vuelta a los primeros planos del glorioso Partido Colorado.

Quizás este rotundo coscorrón que le ha dado la ciudadanía, sea el necesario empujón para el cambio que venía necesitando.

Confiemos en lo del dicho: "No hay mal que por bien no venga".

P.D. : Gracias "INFORME URUGUAY" por permitirme expresarme tan partidariamente.
Gracias por ser como sos, diversificado, pluralista y abierto a todos y para todos.
Gracias por tus 2 años semanalmente en el Uruguay y en el mundo.
Gracias por haber sido y seguir siendo un lazo de unión entre todos los uruguayos.

Ernesto Martínez Battaglino
Redactor Responsable de Informe Uruguay