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Venezuela: Atrapado sin salida
por Pedro Lastra
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Al presidente de la república se lo consumen los demonios. Corroído por dentro por el virus de la derrota inicia un lento proceso de desfiguración.
Hoy, cuando volvía a invocar los espíritus del mal para hacerles la vida imposible a gobernadores y alcaldes opositores, su rostro adquiría el tono ceniciento de ese mal del siglo llamado cáncer. No un cáncer molecular, biológico, medular o sanguíneo. Sino un cáncer espiritual. Antesala de la destrucción del propio tejido linfático del liderazgo. Chávez se nos derrite a vista y paciencia de sus seguidores. Y consciente de que se achica en el corazón de los venezolanos se infla artificialmente como un espíritu maligno.
Las cámaras del canal de casi la mitad de todos los venezolanos insistieron en desenmascarar la pérdida de convocatoria presidencial manteniendo cuadros cerrados sobre pequeños grupos de ardorosos y desesperados seguidores rojo-rojitos. Todos a punto de solatar el berrinche. No hubo una sola toma general, abierta, como para poder medir la asistencia. De haberlo hecho se hubiera visto cuan graneado se hallaba el espacio de la convocatoria, cuan poco nutridas se veían las galerías, cuán escuálidas comienzan a ser las manifestaciones presidenciales. El hombre va palo abajo. Y de él bien podría decirse lo del personaje de la maravillosa película de Milos Forman interpretado por Jack Nicholson: se encuentra “atrapado sin salida”.
Comienza a volar sobre el nido del pájaro cucú. Levita de desesperación y procede siguiendo una lógica propia de seres desquiciados: se le antoja que su derrota es una victoria, por lo tanto todos debemos aclamarlo victorioso. Se le antoja que los victoriosos son unos derrotados, y deben ser llevados a la cárcel. Se mira al espejo y al verse el bigotito que comienza a asomarle debajo de su nariz dándole un extraño parecido con el caporal austriaco que desatara la Segunda Guerra Mundial, comienza a acusar de fascistas a las víctimas de sus persecuciones.
Está viendo el mundo al revés. Está atrapado, sin salida. Por eso, los seres pensantes que aún quedan en Venezuela – y que no son muchos – deben ir en su auxilio. Proponerle salidas, mostrarles caminos de escape, ayudarlo a sobrellevar la pesada carga de esa gigantesca estantería de iniquidades que se le viene encima. Podría terminar aplastado por el ropero de sus errores. Cosa que a nadie conviene.
Chávez comienza a dar lástima. Provoca pena ajena. Se le pegaron los platinos. La reconquista de la Alcaldía Mayor y del Estado Miranda lo lleva a soñar con la recurrente pesadilla del 11 de abril. Confunde de Antonio Ledezma con Alfredo Peña y a Henrique Capriles Radonsky con Enrique Mendoza. A la Coordinadora Democrática con el Movimiento 2D y a Manuel Rosales con Carmona Stanga. De tanto mirarse en la iconografía de Simón Bolívar y creerse su resurrección corpórea cree que la historia es un escenario en que se mueven los mismos actores con distintos disfraces. En una misma comedia de nunca acabar.
Señores, el teniente coronel se nos extravía. Hay que darle una mano. Así, atrapado sin salida, le dará por creerse la reencarnación de Hugo Chávez Frías. Y ese sería el colmo: contar con un Chávez Frías duplicado. La propia pesadilla.
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