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Así estamos, así no podemos seguir
por Dr. Marcelo Gioscia Civitate
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El acto político organizado por la Presidencia de la República en pleno centro de Montevideo el pasado sábado (pese a la prohibición constitucional y al malestar generado entre los comerciantes y vecinos de la zona), ha demostrado una vez más y entre otras cosas, cómo se manejan los recursos públicos.
Pues, aunque se haya tratado de minimizar este aspecto, el mismo no es menor, y resulta un nuevo ejemplo de las marchas y contramarchas en que ha incurrido el Primer Mandatario. El mismo que, ante la crisis financiera internacional (que en principio no iba a alcanzar al Uruguay), por un lado, exige el mayor de los ahorros a nivel de los ministerios y las empresas públicas y por otro, autoriza tamaño desembolso, como si viviéramos en una “isla de abundancia y fantasía” alejada de toda influencia externa.
Fuimos testigos de la utilización de nuestros dineros en un acto de claro carácter político partidario (en el que otra vez, predominaron las banderas del Frente Amplio y las pancartas para anular la ley de caducidad), donde se intentó afirmar el liderazgo dentro del conglomerado de izquierdas (que sabe que no las tiene todas consigo en la próxima consulta a la ciudadanía) y al mismo tiempo, seguir promoviendo en pantalla gigante (para quienes concurrieron y en directo a todo el país y al exterior) la imagen de los tres candidatos oficialistas.
Lamentamos no coincidir con el Primer Mandatario: no presenciamos una “inversión en democracia”, sino una sobre exposición mediática, soberbia y tendenciosa desde el telón de fondo, (en el que se destacaban las palabras: “así estamos”, “así seguimos”) que debiera haberse ahorrado.
Nuestra República cuenta con un formidable espacio desde donde se puede trasmitir a todos los habitantes de este país, el informe que intentó brindarse de cuatro años de gestión, que es el Palacio Legislativo. Si ese recinto se consideraba reducido, para las pretensiones de la Presidencia, la tecnología hubiera hecho el resto y seguramente con un costo menor.
Pero además, la oposición, que ha dado muestras más que suficientes de “lealtad institucional”, merecía un trato menos soberbio y más respetuoso.
Nuevamente perdió la oportunidad el Sr. Presidente de la República de hacernos sentir que es el primer mandatario de todos los uruguayos, incluso de quienes no lo votamos y de los que le prestaron su voto, pero que seguramente, no lo volverán a hacer.
Creemos lealmente que, desaprovechó la ocasión para tratar los temas que preocupan a la gran mayoría, y (hacernos conocer cuáles serían las medidas que adoptaría en su último año de gobierno para enfrentarlas) entre ellos el de la inseguridad reinante –que afectó al menos a cinco de los ministros que le acompañaban- y que sin embargo, fue descalificado con el argumento del “cambio en la modalidad delictiva”; el asunto de la sequía y el magro apoyo brindado al sector agropecuario merecía una referencia adecuada a la altura de las circunstancias y no la ocasión de una burla; la situación económica de los trabajadores (inflación incluída) a quienes intentó tranquilizar argumentando que no iba a cargar la crisis sobre sus espaldas (sin reconocer que la imposición tributaria, con el IVA, el IRPF y ahora el IASS ha llegado en este gobierno a límites casi insostenibles).
En suma, se trató de un discurso largo y tedioso, plagado de guiñadas cómplices a los sectores de su propio partido político, donde se desdibujó la investidura presidencial con posturas burlescas y soberbias hacia la oposición y donde dejó en claro que, este acto, lejos de buscar la concordia, contrapuso las banderas y pancartas de su partido político a las cacerolas, que se hicieron escuchar en varios barrios de Montevideo por quienes se sintieron agraviados por la decisión de llevarlo adelante.
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