|
Se encuentra un joven en el confesionario. "Padre, resulta que hace cuatro días fui a visitar a mi novia, pero mi novia no estaba. Estaba su madre, estaba sola, estaba yo solo, estaba la casa sola, estábamos los dos solos, padre, y he pecado".
"Está bien, hijo mío, estás perdonado".
"Si padre, pero aún no he terminado. Fui al otro día a ver a vi novia, pero tampoco estaba; estaba su tía, estaba sola, estaba yo solo, estaba la casa sola, estábamos los dos solos, padre, y he pecado".
El cura le repite, "está bien hijo, estás perdonado".
"Si padre, pero aún no he terminado. Después, al otro día, fui a visitar a mi novia; estaba mi novia, estaba sola, estaba yo solo, estaba la casa sola, estabamos los dos solos, padre, y he pecado".
Como no escucha al religioso contestarle, sale del confesionario diciendo: "padre, padre", y mira hacia el techo y ve al cura trepado en una lámpara.
"¿Padre, qué hace usted ahí?", le interroga.
El sacerdote le contesta: "estoy yo solo, estás tú solo, está la iglesia sola, estamos los dos solos ¡Ni el diablo me baja de aquí!"

Un destacado miembro de la Real Academia Española aprovecha que su mujer estaba de viaje para llevarse a casa a su amante. Pero la esposa regresa antes de lo previsto y entra en la habitación y pilla a su marido en plena faena.
"¿Pero qué haces con esta mujer en la cama? ¡Estoy sorprendida!"
El académico, sin inmutarse, hace gala de sus conocimientos lingüísticos y le responde:
"No, querida, el sorprendido soy yo. Tú estás asombrada".
|