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COSAS QUE HAY QUE SABER...
Y QUE HAY QUE SABER VALORAR
Ernesto Martínez Battaglino
El 1º de marzo próximo asume un nuevo gobierno en el Uruguay, convirtiéndose en la transición más trascendente de toda su historia, ya que es la primera oportunidad que desde su creación como nación independiente, los partidos fundacionales Blanco y Colorado que conformaron sus estructuras organizativas sociales, culturales y económicas bajo un manto democrático y de independencia, orgullo de nuestro país y ejemplo de avanzada en muchos aspectos, tanto en nuestra América Latina como en el Mundo, hoy ya no estarán en la conducción del país desde el Poder Ejecutivo. Asumirá, entonces, una fuerza política socialista de izquierda la que nunca había alcanzado el poder, con un lineamiento -por lo menos teórico- diferente al que conceptualmente han venido sustentando los partidos tradicionales del Uruguay.
Hasta ahora, bajo las consignas e ideas de blancos y colorados es que se fueron desarrollando los tres poderes básicos tradicionales en que se dividen las estructuras políticas del país, compuestas por el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial. Asimismo, todo el andamiaje que termina de darle forma a esos distintos organismos del Estado, tienen el sello de blancos y colorados, así como todo lo que componen las distintas políticas en las áreas de la cultura, de la previsión social, de la salud, del comercio, de la industria, de la agropecuaria, del sistema bancario y monetario, de los servicios, del comercio exterior, etc., etc. El cambio a operarse, por lo tanto, se presenta como importante. Revolucionario, diría.
Uruguay está dentro de las "naciones del sur", generalmente miradas como de segunda categoría, y entonces, catalogadas de "naciones en desarrollo", forma mucho más "benigna" -ahora- que la anterior categorización de "naciones subdesarrolladas" con que se nos denominaba en forma demasiado unificadora y sin tener en cuenta las grandes diferencias que mantenemos entre unas y otras naciones del Continente Latinoamericano, donde, si bien hay grandes carencias y también hay grandes diferencias sociales y de desarrollo en general, es bien enojoso el que se tenga una visión tan igualitaria para todas las naciones, que lo único que deja entrever es un gran desconocimiento por parte de los que se llaman "del primer mundo", aparentemente sabelotodo por ser provenientes de países donde todo funciona como sobre rieles (¿?), sin diferencias sociales ni económicas y donde todos, indefectiblemente todos, tienen las mismas oportunidades, limitadas solamente por sus capacidades intelectuales o morales, para así poder desarrollarse plenamente sin dificultades.
Es indudable que en países que han tenido la constancia, el ahínco y la suerte de poder desarrollarse en forma más rápida y contundente, muchas veces fue por poseer ricos territorios, extensos en tamaño y en población, además por estar ubicados geográficamente cerca de otros centros similares en riquezas y en población, que bien les fue permitiendo ir teniendo desde sus principios un mayor desarrollo comercial, que paralelamente traía más desarrollo industrial y una agropecuaria más intensiva y tecnificada, continuamente acicateada por la necesidad de "no perder rueda" ante avances de los otros, so pena de perder definitivamente la oportunidad de más ventas, y por lo tanto, de más desarrollo.
Y así se fue incentivando el arte, la cultura, la tecnificación en todas las áreas, así como el poderío bélico que las fue acompañando, como barrera protectora y hasta conquistadora de mayores riquezas, hechos que las ha convertido, sin duda, en las "naciones del primer mundo", demasiado difíciles para acercárseles a naciones como las nuestras, ya que ellas han hecho y siguen haciendo todo lo posible y hasta lo imposible -y algunas en forma hasta subliminal para poder mejor esconder sus intenciones- evitando que alguien más les saque una porción de su torta de poder.
Por lo tanto, luchar en un mundo tan desigual y todavía con la desgracia de estar mal ubicados en el globo terráqueo (aunque muy bueno e incambiable en otros aspectos), el Uruguay fue desde principios del Siglo XX un ejemplo digno de admiración, por lo que había llegado a ser en cuanto a desarrollo económico y cultural y un excelente lugar para vivir con las necesidades básicas satisfechas hasta por parte de las capas más pobres de la población.
Con los traspié propios de toda nación desvalida de un mercado interno potente y demasiado dependiente de las dos grandes naciones que la envuelven territorialmente hablando y que por lo tanto las convierten en los mercados naturales de transacciones comerciales, el Uruguay se fue desarrollando y afianzando, pero siempre queriendo poner su meta más allá de sus vecinos, muy inestables social y económicamente, que, por tal motivo, nos convertían a nosotros en muy vulnerable a sus contratiempos. Y así nos agarró la abrupta devaluación de enero de 1999 de Brasil y luego la hecatombe provocada por Argentina y que explotara a mediados de 2002, donde su devaluación y su corrida bancaria nos terminó de desequilibrar dentro de un panorama lleno de contratiempos de otro tipo, donde todos fueron influyentes para que todo se hiciera cuesta arriba para los uruguayos.
Así nos encontramos hoy, a vísperas de un natural y pacífico cambio de gobierno como es nuestra costumbre. Sin embargo, es imposible desconocer que en esta última elección no influyera esta espantosa situación económica, donde el gobierno actual, no obstante, poco tuvo que ver en sus resultados, aunque era muy difícil explicarles eso a un pueblo demasiado dolido y maltratado por la crisis, pidiéndoles que se pusiera a pensar que lo que ocurrió en el país en este último quinquenio le hubiera pasado igual, estuviera el gobierno que estuviera o peor aún, si no se hubiera actuado con la mesura y el coraje que este gobierno que hoy nos deja, lo encaró y lo manejó en la forma que lo hizo, que igualmente hoy, nos permite decir que tenemos la tasa de crecimiento más alta del mundo con un 13% del PBI y donde todos los indicadores económicos dan cifras inauditas y hasta algunas desconocidas para el país, que asombran y nos dejan perplejos de que se den, a tan poco de haber salido de la crisis más grande sufrida por el Uruguay.
Es oportuno, entonces, que los amigos lectores de INFORME URUGUAY, lean las palabras del Presidente Dr. Jorge Batlle y que recogiera la Agencia EFE, reproducidas por el diario El Observador del día 13 de los corrientes, y que siguen a continuación.
URUGUAY / POLÍTICA
Batlle: "yo aspiraba cambiar al Uruguay y no lo conseguí"
El presidente dijo que "el país necesita un cambio muy profundo, que no se ha realizado todavía" y que espera "que el próximo Gobierno no retorne al pasado". Y agregó: "me la pasé atajando goles"
A un mes y medio de dejar la presidencia de Uruguay, Jorge Batlle siente que no cumplió su objetivo de modernizar el país y confía en que el primer Gobierno de izquierda de la historia uruguaya, que asumirá en marzo, lo consiga.
"A la presidencia llegué porque llegué, no fue un objetivo. Yo aspiraba a mucho más, aspiraba a cambiar el Uruguay, y no lo conseguí", aseguró Batlle en una entrevista con EFE.
Bisnieto, sobrino nieto e hijo de presidentes, Batlle, del Partido Colorado, que ha gobernado el país casi ininterrumpidamente durante 170 años, entregará el próximo 1 de marzo la banda presidencial al socialista Tabaré Vázquez, oncólogo e hijo de obrero.
"El país necesita un cambio muy profundo, que no se ha realizado todavía y espero que el próximo Gobierno no retorne al pasado", agregó.
El presidente no muestra arrepentimiento ni piensa que haya fracasado por no conseguir su objetivo, ya que está convencido de que las circunstancias externas fueron las que determinaron el rumbo de su Gobierno.
"Fui como un golkeeper (portero) desde que entré (marzo de 2000), hasta 2003 me la pasé atajando goles", afirmó.
En 1999, Brasil devaluó su moneda y la competitividad de Uruguay, cuyas exportaciones iban dirigidas a ese país en un 50 por ciento, se derrumbó. En 2001 llegó la fiebre aftosa y paralizó el sector agropecuario, el motor de la economía del país.
En julio del 2002, la situación explotó y Uruguay, arrastrado por la corrida bancaria argentina, sufrió la peor crisis económica de su historia, que todavía hoy genera consecuencias, como el desembolso de 120 millones de dólares que el Estado tendrá que pagar a cuatro bancos extranjeros socios de una institución quebrada.
En poco menos de seis meses se retiró el 47 por ciento de los depósitos bancarios, cuatro bancos quebraron, el dólar se devaluó, miles de ciudadanos quedaron en la ruina y el desempleo llegó al récord del 20 por ciento.
Cientos de miles de ciudadanos emigraron y la imagen de Batlle cayó estrepitosamente.
La espontaneidad y el verbo fácil del presidente no contribuyeron a apaciguar los ánimos: en el punto más álgido de la corrida bancaria, el presidente no pudo contener las lágrimas al dirigirse a la ciudadanía por televisión.
Batlle prefiere olvidar el pasado y mirar a corto plazo, a los resultados económicos del 2004, que fueron verdaderamente sorprendentes: tras cuatro años de recesión el país consiguió un crecimiento récord del 12 por ciento, las exportaciones subieron un 40 por ciento en relación al año anterior y se superaron las metas impuestas por el Fondo Monetario Internacional.
"Espero que de esto también me echen la culpa a mí", señaló, para luego añadir que "ya ha dicho (el Gobierno electo) que seguirá por el mismo camino, la gente votó por el cambio, y lo primero que hacen es hacer lo mismo".
Batlle se refirió así a los anuncios hechos por el Gobierno electo de que su política económica va a ser de ortodoxia fiscal y monetaria, a pesar de que su primer objetivo será aplicar un Plan de Emergencia Social.
"Si quieres justicia social, tienes que tener medios económicos para sustentarla y Uruguay sólo lo consigue abriéndose al mundo".
Esa es la columna vertebral de su concepción política, el camino a la modernidad, y es el "consejo" que le quiere dar a su sucesor.
"Es preciso que recuerde constantemente que este país vive de su capacidad de insertarse en el mundo, es un país que si se cierra muere", argumentó.
Sin embargo, esta apertura la dirige a los países desarrollados y no a sus socios regionales: "Si Estados Unidos me compra la carne a un dólar, ¿se la voy vender a Brasil que me la compra a cincuenta céntimos? Estados Unidos es esencial para Uruguay, es el país más importante y si no se consolida la relación no tenemos alternativas", dice.
Uruguay firmó a finales del año pasado un Tratado de Protección de Inversiones Mutuas con Estados Unidos, y el Gobierno electo ya ha anunciado que en caso de no estar de acuerdo con el contenido lo derogará.
"Sería un gran error", subrayó el presidente.
Batlle critica sin tapujos la integración regional y sudamericana y, sobre todo, la creación de nuevas estructuras, como la flamante Comunidad Sudamericana de Naciones.
"Es una comunidad de pobres que no se pueden comunicar entre sí", asegura.
Afirma que, en cuanto traspase el poder, seguirá dedicándose a la política, "lo único" que sabe hacer.
Es una ardua tarea la que le espera, ya que en las últimas elecciones, el Partido Colorado obtuvo el 11 por ciento de los votos, el peor resultado de su historia.
(EFE) Fecha: 13/01/2005 | 13:46
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