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Las FARC, un gran problema regional
por Dr. Francisco Gallinal
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Todos quienes en forma directa o indirecta seguimos a diario la información internacional, nos hemos formado en el transcurso de los últimos años una idea muy clara de lo que significan las FARC, Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, cuáles son los objetivos que se proponen y a que medios recurren para intentar alcanzar sus fines.
Incluso pensábamos que nadie, a esta altura de los acontecimientos, puede dudar de que se trata de un movimiento terrorista que pretende derrocar a las instituciones colombianas y a sus gobiernos democráticamente electos. Y que, para llevar adelante sus propósitos, cualquier instrumento les resulta hábil, ya se trate del secuestro, el asesinato, los atentados de toda naturaleza o el tráfico de estupefacientes que es, sin ninguna duda, su principal fuente de financiamiento.
Las FARC han acorralado y jaqueado a la democracia colombiana, que ha intentado recorrer casi todos los caminos posibles para superar el problema de la guerrilla y lamentablemente no lo ha logrado. Ni el diálogo, ni la negociación, ni la acción de intermediarios, entre otras tantas herramientas, han resultado efectivas para desterrar el flagelo de la violencia que azota a este país hermano con severa crueldad.
Frente a ese panorama el Presidente Uribe ha decidido enfrentar de lleno el problema y, mediante el uso institucional y legítimo de la fuerza, actuar de manera tal de terminar con el terrorismo, y devolverle la paz y la tranquilidad a sus compatriotas. Compatriotas que, por otra parte, lo han premiado con la reelección precisamente por esa actitud franca y decidida. Lo que no ha sido obstáculo para que, de ser necesario, se allanara a negociar por sí o por otros.
En los últimos días el problema adquirió una dimensión regional mucho más grave, como consecuencia de los hechos que todos conocemos, sobre los que no vamos a insistir porque mirando hacia delante, la tregua en el intercambio de acusaciones que se obtuvo a través de pronunciamiento de organismos internacionales, y de acercamientos logrados por estos, es una muy buena señal.
Lo que nos dejó perplejos es la visión que sobre el tema tiene la coalición frenteamplista que gobierna al país, la que en su declaración de la Mesa Política, señaló todo lo contrario de lo que la Cancillería manifestó a través de un comunicado público. Para el Frente, las FARC es un movimiento insurgente, compuesto por militantes, que no han recurrido al secuestro de personas sino por el contrario al “arresto” de distintas personalidades. Entre ellas, ni más ni menos que la ex candidata a la presidencia de Colombia Ingrid Bentancur, que lleva ya seis años de cautiverio, en las peores condiciones y con riesgo de vida.
Secuestrada a la que el recientemente fallecido “Canciller de las FARC”, Raúl Reyes, en sus archivos calificó de mujer difícil, complicada, rebelde, como si la pérdida forzada de la libertad en condiciones además inhumanas, debiera ser tomado con buen humor, tolerancia y dedicación.
A tal punto llega esta posición del Frente Amplio que en reciente discusión en el Senado de la República, no solamente defendieron o calificaron en los términos referidos al terrorismo colombiano sino que además se negaron a condenarlo en la forma propuesta por la bancada del Partido Nacional.
Nosotros podemos aceptar una crítica al gobierno de Colombia por su incursión en tierra ecuatoriana; pero eso no nos impide ver la raíz de todo este problema que radica exclusivamente en el terrorismo de las FARC, cuya condena debe ser proclamada por toda fuerza democrática.
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