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Hombres y Mujeres Por Anabella Loy Licenciada en Antropología
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Sin entrar en ningún tipo de debate acerca de los derechos de las minorías sexuales (lesbianas, gays), las culturas humanas se han construido sobre la diferencia de los sexos. Todas las sociedades han establecido una división sexual del trabajo, fundada en el contraste entre la estructura física femenina y la masculina: somos mamíferos masculinos y femeninos.
Esa constatación de diferencias se ha expresado a través de mitos, metáforas, analogías, que oponen noche y día, luna y sol, bien y mal, vulnerabilidad y fortaleza, privado y público, doméstico y productivo, subjetivo y objetivo, etc.
Pero cada cultura elabora una idea de lo femenino y lo masculino, y le imprime cualidades e imágenes como las arriba mencionadas.
Para algunas sociedades, las funciones reproductivas de las mujeres las han hecho depositarias de poderes mágicos o religiosos, en otras su "impureza" -ligada a su sexualidad y a la reproducción asociada- las ha excluido de esos poderes.
Pero siempre esos papeles se basan en una invención, en una arbitrariedad, nunca en la biología, que funda las diferencias pero no los roles asociados a las mismas.
Ninguna cultura ha dicho que no existan diferencias entre hombres y mujeres, todas han elaborado diferentes conjuntos de valores asociados a cada sexo, aunque esos conjuntos puedan contradecirse entre sí (la debilidad como elemento inherente a la mujer, la mujer como bestia de carga, a modo de ejemplo).
Las preguntas que surgen son las siguientes: si esas diferencias asignadas, extrabiológicas, se presentan de la misma manera en todos los casos, y si esa constatación de diferencias sexuales socialmente definidas es operativa o no para el desarrollo de las culturas en la que se manifiestan.
Se pregunta Margaret Mead, una de las grandes pioneras de la antropología: "¿No son las diferencias sexuales extraordinariamente valiosas, un recurso de nuestra naturaleza humana que toda sociedad ha utilizado, pero que ninguna ha empezado aún a utilizar plenamente?"
Las relaciones entre hombres y mujeres, y entre padres e hijos son temas muy importantes, esas diferencias pueden ser maximizadas o minimizadas en función de su valor económico.
La misma autora analizando los roles sexuales en tres sociedades de Nueva Guinea, sostiene:
"En una (de esas sociedades) tanto los hombres como las mujeres actúan como esperamos que sean las mujeres: de una manera delicada, cariñosa y maternal; en la segunda ambos actúan como esperamos que sean los hombres: feroces y emprendedores; y en la tercera, los hombres se ajustan a nuestro estereotipo de la mujer, son gatunos, se rizan el pelo y van de compras; mientras que las mujeres son enérgicas, dominantes, y no se adornan".
(Aclaro que los estereotipos a los que ella hace referencia son los de la sociedad norteamericana de mediados del siglo pasado)
Cuando una sociedad imposibilita desde la base a un sexo para realizar un conjunto determinado de actividades (políticas, religiosas, laborales, etc.), debería cuestionar primero sus propias certezas, a los efectos de aprovechar el aporte de cada individuo, en el entendido de que las diferencias entre los sexos suelen ser construcciones culturales de diferencias, que a menudo encubren discriminaciones.
Nuestra biología impone limitaciones a los dos sexos, pero la perspectiva comparativa de las diferencias culturales, arcaicas y actuales, que habitaron o habitan sobre la Tierrra, nos conduce a replantearlas. Las necesidades humanas básicas son distintas hoy en relación a un siglo atrás, las mujeres no afinamos nuestras cinturas con corsés, e incluso nos hemos liberado de unos cuantos corsés ideológicos, religiosos, domésticos.
Por eso, los ideales actuales de ser mujer o ser hombre son hoy tan particulares y tan diversos, los roles asociados al sexo han sufrido cambios notables, -al menos en algunos sectores de las sociedades occidentales- de manera que lo femenino se ha introducido en el modelo masculino, y lo masculino en el femenino.
El hombre tierno, comprensivo, generoso, romántico e intuitivo se ha posicionado como ideal masculino para muchas mujeres. Preguntarnos si existe, es harina de otro costal.
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