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Año III - Nº 177
Uruguay, 14 de abril del 2006
Inscripto en el Registro de Derechos de Autor en el libro 30 con el No 379
 

 

 

 

El cash aceitero llega al biodiesel
Dreyfus, Cargill, ADM y Bunge están entrando muy fuerte al negocio en los Estados Unidos y en Europa. ¿Ocurrirá lo mismo en la Argentina?

Javier Preciado Patiño

En el último número de El Federal, el diputado salteño Andrés Zottos decía que el espíritu de la nueva ley de biocombustibles, con media sanción de la Cámara Baja, "apunta al desarrollo de proyectos para las pequeñas y medianas empresas". Pero en lo que se refiere a biodiésel, las señales que llegan desde países que cuentan con leyes de promoción de este biocombustible, incluido el corte obligatorio con gasoil, no se corresponden con los dichos del legislador.

Tanto en los Estados Unidos como en la Unión Europea, son los grandes jugadores del negocio de la molienda de oleaginosas los que están encabezando las inversiones en plantas de procesamiento de aceite para la obtención de biodiesel.

El último anuncio fue hecho por el grupo Louis Dreyfus, y está referido a la construcción de la planta más grande del mundo, que se instalará en el estado de Indiana (EE.UU.) y de la cual saldrán anualmente más de 300.000 toneladas de combustible vegetal. Esto demandará una inversión estimada de u$s 100 millones.

En tanto, Cargill anunció el emplazamiento de una planta en el agrícola estado de Iowa, con capacidad para 142.000 toneladas año y una unidad aparte para el procesamiento de 13.500 toneladas de glicerol, el principal subproducto que se obtiene de la conversión de aceite a biodiésel.

En Europa, donde la ley establece el corte obligatorio del gasoil, las principales crushers están liderando las inversiones en el rubro. Archer Daniels Midland ya tiene dos plantas en Alemania y en octubre del año pasado anunció la construcción de una tercera en Mainz, con capacidad para producir 275.000 t/año. ADM ya es la principal proveedora de biodiesel de Alemania y una de las más importantes de la UE.

Por su parte, Bunge también lleva adelante sus planes para posicionarse en este negocio. En sociedad con una compañía europea instalará plantas en Italia (Livorno), Austria (Bruck) y Alemania (Marl), que sumarán una capacidad de 430.000 toneladas. Para tener una idea de lo que significa este volumen, en 2004 toda la producción europea rozó las dos millones de toneladas, de la cual la mitad se produjo en Alemania.

Cargill, otra gran cerealera, también tiene su plan de bioenergía en el viejo continente. En Mainz (Alemania) construye al lado de su planta de molienda de oleaginosas una de biodiesel, con capacidad para 250.000 toneladas, con una inversión de 25 millones de euros. La compañía está expandiendo su capacidad de crushing en Alemania (tiene tres plantas), con la idea de mantener el abastecimiento de aceite tanto para el consumo humano como para la creciente demanda de energía.

La Argentina cuenta con la industria aceitera de mayor escala del mundo. La planta de Dreyfus en Gral. Lagos, con 12.000 t/día triplica la que van a construir en Indiana. De acuerdo con los datos del Dto. de Agricultura de los Estados Unidos, de las 40 Mt de soja que se producirán esta campaña en nuestro país, casi 30 millones serán molidas para ser exportadas como harina y aceite.

Por otro lado, las aceiteras están incrementando su capacidad de procesamiento, a tal punto que se estima que hará falta soja de Paraguay, Bolivia y el sur de Brasil para que no quede capacidad ociosa. Según los analistas de mercado, para fin de este año Bunge Argentina SA tendrá capacidad para procesar 26.800 t/día; Cargill 25.600 t/día; Molinos Río SA, 21.700 t/día; Louis Dreyfus, 20.000 t/día; Vicentín, 19.300 t/día y AGD, 17.800 t/día. Juntas suman el 85% de las 154.000 toneladas de capacidad total país proyectadas para fin de 2006.

La lógica indica que con un mercado cautivo de unas 600.000 toneladas de biodiesel al año, fruto de un corte obligatorio de 5% con el gasoil, las aceiteras sean las proveedoras naturales de la materia prima para esta industria.

Es muy difícil que pequeños emprendimientos logren rentabilidad como para poder competir en el abastecimiento a los grandes usuarios, que serán las petroleras. El negocio de la molienda es de un margen muy chico y en ciertas circunstancias hasta negativo, un factor que obligó a las empresas a aumentar su escala para lograr más eficiencia en el proceso.

Lo que resta por saber es cómo se integrarán en el negocio con las petroleras. Si serán sólo sus proveedores de biodiesel o si compartirán el riesgo del negocio de transformar aceite en combustible en joint ventures con las mismas petroleras.

 
 
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