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Año V Nro. 390 - Uruguay, 14 de mayo del 2010    
 
 
 
 
 
 
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Carlos Emilio La Banca

Reflexión de lo pasado en octubre
por Carlos Emilio La Banca

 
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         Yo Carlos Emilio La Banca (OREJANO) al pasar las departamentales me dirijo a Uds. Para decir lo que siento, pienso y creo.

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         A condición, eso sí­, de que alguien del P.N. no salga con algún domingo siete, como ya aconteció en anteriores ocasiones. Sin duda vienen cinco años de tinieblas. No tratarán© de culpar a sectores ni hombres de la derrota nacional, sino que creo que hemos sido todos, desde el más encumbrado dirigente, al más humilde militante.

         ¿Qué futuro nos queda? En una primera y muy preliminar reflexión, propongo tres tesis, intentando contribuir al debate en la Interna.

1. La importancia de la organización ciudadana de las base

         Estoy de acuerdo con el planteamiento de  que en los últimos años, ha habido una poderosa ofensiva Frenteamplista orientada a la dominación,  sobre la subjetividad de nuestro pueblo. De acuerdo,  excepto cuando la propuesta se resuelve como una tesis conspirativa, que imagina un plan cuidadosamente urdido del cual son partícipes desde los partidos políticos,  hasta medios de comunicación. La derrota que sufrimos con motivo dio lugar a un proceso de recomposición táctica y estratégica de las oligarquías Frenteamplistas. Pero eso deberá ser visto como un proceso complejo, no exento de contradicciones y fracturas, no como un plan perfecto diseñado y dirigido por algún cerebro maestro. La realidad generalmente es poco condescendiente con ese tipo de simplificaciones.

         Aparte de lo anterior, la mayoría de las veces seguimos discutiendo, en tono quejumbroso, más que como un esfuerzo racional de comprensión en profundidad, acerca de los formidables instrumentos de poder, de que dispone la coalición Frenteamplista ¿Por  qué seguir reiterándose alrededor de lo obvio? Sabemos que es así­. Mejor fuera analizar a fondo cómo funcionan esos mecanismos de poder, y cuáles contradicciones y debilidades tienen. Ello es indispensable si queremos enfrentarlos con alguna posibilidad de éxito.

         En todo caso, lo realmente esencial, es recuperar lo mejor de nuestras experiencias del pasado. Fundamentalmente una: el poder de la organización ciudadana. Si en algún momento existió la posibilidad y sin duda esta fue muy real de que triunfara, fue gracias a la organización de la gente y su movilización a nivel nacional. (nos hemos aburguesado)

         También sabemos que la experiencia del FA no puede ser extrapolada, simplistamente a los procesos electorales. Pero ello tan solo debería motivar la búsqueda de alternativas que establezcan el puente necesario. En todo caso, no creo que ese puente pueda ser creado al margen de los partidos. Estos deben fungir como instrumento articulador, de forma que las iniciativas autónomas de la ciudadanía, confluyan alrededor de un proyecto compartido de alcance nacional. Pero esto también demanda, por parte de la ciudadanía organizada, un acercamiento más crítico y menos emocional a los partidos, vale decir, ello supone reconocerlos como interlocutores legítimos y actores necesarios, pero teniendo claro –y denunciando cuando así­ se requiera- los vicios o limitaciones de que pudieran adolecer.

2. El papel del Partido Nacional

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         Si admitimos, pues, que los grandes problemas colectivos, en una sociedad compleja como la de Uruguay, no pueden ser resueltos exclusivamente desde organizaciones ciudadanas autónomas, reconoceremos, también, que necesitamos de los partidos y que, por lo tanto, como he dicho, deberíamos acercarnos a estos, con espíritu de diálogo crítico y positivo.

         En ese contexto, el papel del PN  resulta crucial. Los resultados de esta última elección dejaron en claro dos cosas: que la oposición al sistema casi no tiene presencia electoral sin ese partido, pero que, al mismo tiempo, el PN no pasa de ser una fuerza de segundo orden si no cuenta con el apoyo de una amplia alianza que atraiga a los demás -aunque pequeños- partidos de oposición, pero, sobre todo, que atraiga -mejor dicho que contenga y se sustente- en las fuerzas ciudadanas organizadas.

         En síntesis eso es lo que nos dicen los resultados obtenidos: no solo el lejano segundo lugar del Partido, sino los tremendamente insuficientes diputados/as y senadores/as del PN.  Este es mucho más grande y con mucha mayor capacidad de convocatoria que cualquier otro partido de oposición., pero es un partidito de segundo orden, sobre todo, frente al conglomerado de los partidos de izquierda.

         La sola presencia parlamentaria y electoral del PN no basta, así­ nos lo demuestra, con contundencia, la experiencia disponible- para convocar a todas las fuerzas políticas y ciudadanas opuestas al FA. Para ello se requiere abrir amplios espacios de diálogo con las otras pequeñas fuerzas políticas y en especial, con todo el contingente de la ciudadanía organizada. Se requiere, en resumen, que el PN ejerza, a nivel nacional, un liderazgo de nuevo tipo.

         Me sospecho que esto implica hablar de una especie de refundación del PN, en particular una profunda reestructuración de sus liderazgos internos, y de sus líneas políticas dominantes. El PN debe ser un partido progresista con un proyecto progresista como tal. Pero para ello no utiliza la práctica política diaria de este partido. Sino que se remite a: el programa, los resultados del Directorio, los estatutos etc. o al expediente de desautorizar argumentos para que a partir de ello deducir que su argumento es el cierto.

         Pero como dice el pueblo: “el papel aguanta lo que le pongan”. Nada hacemos con estatutos, congresos y programas (que nadie lee) y que no se llevan a la práctica. Nada hacemos si el  partido sigue controlado por arcaicos dirigentes aburguesados en sus cargos e ideas.

          Ignoro si el PN tendrá la capacidad para llevar adelante un cambio de tal envergadura. Sin embargo, lo que hoy día creo observar me indica que si el PN no logra dar este paso, será muy, pero muy difícil, que Uruguay logre salir en un plazo razonable, de esta ya larguísima oscuridad Frenteamplista que padecemos.

3. Un proyecto progresista

         Retomo un concepto que conforme al cual hablo de progresismo para referirme a ese vasto, pluralista y heterogéneo conglomerado de expresiones sociales y políticas que se oponen. Ello incluye a gente y organizaciones que se consideran de centro, como otras de centro izquierda, e izquierda. En el plano político-partidario, los dos principales referentes son el PN, que oscila alrededor del centro político- y el P. Colorado. Existen opciones a la izquierda, las cuales, sin embargo, son renuentes al diálogo.

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         Esa es la realidad con la que contamos. En general, no parecen existir hoy día, ni para un futuro previsible, condiciones para un proyecto de izquierdas, si por tal entendemos el que representa el FA. Al decir esto último dejo de lado mis preferencias personales. Me refiero tan solo a lo que creo observar en la realidad socio-política actual. E, igualmente, y siempre sobre la base de tal observación, llego a la conclusión de que tan solo una propuesta progresista -no propiamente de izquierdas- resultaría viable como proyecto de oposición al sistema gobernante para los próximos años.

         Retomo aquí­ ideas que formulé en algunos artículos anteriores (1), para proponer que ese proyecto progresista, posiblemente tendrá en la agenda partidaria su eje articulador, visto que ésta es como al modo de un hilo dorado que, con variantes de segundo orden, recorre prácticamente todas las expresiones del progresismo nacional. Otras agendas, la de transformación económica, la ambiental, la republicana y la de cambio socio-cultural, seguramente deberán ser objeto de procesos de debate más amplios. Al final, y de prevalecer un mínimo de generosidad y sensatez, debería tenerse un programa progresista que probablemente no satisface plenamente a nadie, pero que si, debería satisfacer suficientemente a todos, y todas como para dar base a una amplia alianza político-partidaria y cívico-ciudadana. En general, y por lo que nos indica la experiencia acumulada, debería quedar situada en una suerte de centro izquierda.

         No será lo que yo ambicionaría -una propuesta de radicalización de la democracia, pero si, la única salida viable, decente y humana, ante la barbarie Frenteamplista.-

         Se que con esta reflexión me echaré más enemigos que amigos, en el Glorioso Partido Nacional, pero yo lo siento así­, y no quiero morir sin ver resurgir de sus cenizas como el ave Fénix, a mi querido partido. 

(1) Volver a las bases de los barrios como fuimos pioneros antes. Pedir a todo obrero Nacionalista su afiliación a los sindicatos para poder tener militancia, (en ellos lo pedía Wilson) (no correrlos como lo hemos hecho antes y tratarlos de comunistas).
Lograr el dominio de todas las asociaciones, comisiones barriales, ONG. Clubes Sociales y Deportivos y estar presente en ellas (antes lo hacíamos) Esto fue aplicado por el FA, ya que uno de los mandatos realizados por la Senadora Topolanski, fue de militar en todas las asociaciones (consta en video). Todo esto se lo regalamos al FA y ellos lo aprovecharon.- (Por esta manera de pensar y proyectar fui dejado de lado en las distintas agrupaciones Partidarias, prácticamente corrido)

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© Carlos Emilio La Banca para Informe Uruguay

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