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Año V Nro. 351 - Uruguay, 14 de agosto del 2009
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Con la televisación gratuita del futbol a través del canal oficial el Kirchnerismo obtiene el control del opio de los pueblos. Su propio coliseo romano. Recomiendo a los lectores de Mirador Nacional hacer un viaje por la realidad argentina revisando las notas periodísticas publicadas en los últimos meses o tan solo comparando las tapas de los diarios u opiniones de analistas de coyuntura. Podrán encontrar la incongruencia habitual a la que nos acostumbraron la mayoría de los dirigentes, sumando señales concretas de desgobierno, debilidad política del oficialismo, falta de políticas de estado. Desde subestimación de la capacidad de percepción de los hechos por parte de ministros y secretarios de estado hasta contundentes señales de inmoralidad y desidia en pos de alcanzar objetivos personales, defenderlos y preservarlos. Dicen gobernar para el pueblo y lo hacen para incrementar su propia fortuna. También otros, desde un discurso opositor, terminan siendo funcionales a las necesidades de instalar desorden y confusión en la opinión pública. La palabra “unidad” no está en el diccionario. Sucede que podemos observar a simple vista una serie de hechos y factores que conforman el mapa de la realidad subjetiva que aflora por encima de los requerimientos concretos para evitar el choque violento con el final del populismo de turno en esta década. Planes sociales que ya no pueden ser financiados, pobreza extrema, un sistema de salud colapsado, educadores sobrevivientes al despotismo y la desolación, aumento de tarifas en los servicios públicos que llegan hasta el 500 % y que apuntan a oxigenar la caja oficial. Organismos multilaterales de crédito que con justa razón dan la espalda a la necesidad de dinero requerido por nuestro gobierno. Ministros que nos son ministros, una Presidente que conforma gabinete con hombres de cuarta, con discursos berretas y pobreza intelectual. La oposición que, haciendo el juego del bueno y el malo allana el camino para que, en 2011 el sillón de Rivadavia lo ocupe o un peronista moderado o el propio actual Vicepresidente de la Nación. Resulta todo tan retorcido que alinear piezas de la crisis socio política que vive Argentina es tarea para un simposio de científicos y Psicoanalistas o mejor dicho para los discípulos del mago Merlín. A los economistas deberían darles cursos de política, a los políticos de macro y micro economía, a los empresarios alejarlos del egoísmo e impregnarlos de sensibilidad social, a los sindicalistas ungirlos con el aceite sagrado del realismo más concreto y a todos inyectarles sentido común. ¿Donde está Francisco De Narváez que hasta el 28 de junio solamente hablaba de inseguridad o Daniel Scioli que era la espada electoral de Kirchner, los intendentes bonaerenses que promovieron a través de sus punteros el corte de boleta para que su poder se mantuviese y así debilitar la posición central? Argentina no padece una realidad compleja, atraviesa un alto grado de mediocridad general que, mezclado con la avaricia y el poder enfermizo, dejan al pueblo desprotegido, desnudo ante cuanta turbulencia afecte al sistema democrático. Dantesco* es tener a Venezuela como un aliado estratégico. En una cabeza enferma o desesperada cabe pensar que la revolución socialista, que nunca tuvo prédica en nuestro país pueda ser el ejemplo a seguir. Un amigo me dijo: Mire estimado Gabriel Oliverio, estamos frente a una Argentina desmoralizada por la impunidad, la falta de autoestima y el descaro que ha emergido. No puedo ser optimista frente a este panorama. El escepticismo ha invadido mi alma y bloqueado una parte importante de mi capacidad de análisis. Esta nueva Aristocracia dice colocarse del lado del pueblo y reconocer sus derechos para contener el avance de las masas y mantenerse en el poder. Levantando banderas simuladas que terminan avasallando con presión impositiva y dádivas miserables la confianza honorable otorgada con el voto. Preservando así una dinastía enferma de dinero y poder que lucha por sobrevivir mediante el despotismo, el temor y la falsa influencia arrancando de cuajo las garantías legítimas de la libertad de expresión, trabajo y pensamiento. *Dantesco: espantoso, infernal, terrible, impresionante, tremendo, espeluznante, aterrador". Fuente: Mirador Nacional
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