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Año IV - Nº 251
Uruguay,   14 de setiembre del 2007
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Antes de regresar, que Duhalde regrese el dinero de la estafa que provocó

por Edgar Mainhard
 
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Si Eduardo Duhalde es la alternativa a Néstor Kirchner, la sociedad argentina carece de futuro. Duhalde no es un 'piloto de tormenta' sino quien provocó la tormenta, junto a Carlos Ruckauf, la Unión Industrial Argentina y grandes empresas que querían provocar una fenomenal transferencia de riqueza que sólo podía justificarse en un escenario de caos.

            Eduardo Alberto Duhalde intenta provocar alguna expectativa acerca de un eventual regreso a la actividad política. Debe estar aburrido de no hacer nada. Aunque, a decir verdad, nunca fue un político de mucha actividad, más bien lo suyo es la modorra en el San Juan Tennis Club. Lo que debe estar ocurriendo es que se le terminaron las actividades protocolares, las invitaciones formales que lo ayudaban a despejarse, a viajar al exterior con invitación y actividad incluida. Ahora no solamente tiene que pagarse los viajes, lo que no sería complicado de afrontar par él, sino que llega a algún país y carece de actividades, no tiene agenda. Duhalde no quiere regresar a la política sino que le aterra haberse convertido en un ciudadano 'de calle'. Y que sus teléfonos chillen menos que en el pasado.

            Duhalde desapareció de escena en 2003 y 2004 porque él creyó que Néstor Kirchner le guardaría lealtad por obsequiarle el poder, pero Kirchner comprendió que si no rompía con Duhalde nunca tendría un poder propio.

            En cualquier caso, ninguno de los 2 se detuvo a evaluar el resultado nefasto de sus políticas, y el populismo demagógico que instalaron para provocar un retroceso institucional-cultural-económico en la Argentina.

            El éxito de Kirchner fue percibir que lo del PJ bonaerense no era ideología sino dinero. A Duhalde se lo quitaba de escena comprándole la tropa. Más o menos como hizo Bartolomé Mitre con Justo José de Urquiza, cuando le compró la caballada para asegurarse su pasividad mientras iba a guerrear a Paraguay.

            Luego, Kirchner percibió que Provincia de Buenos Aires se encuentra en quiebra desde los días de Duhalde. Porque Buenos Aires estaba quebrada tuvo que emitir los patacones y como no alcanzaba, absorbía los recursos del Bapro. Cuando el Banco Central le hizo notar al Banco de la Provincia que estaba rompiendo las relaciones técnicas indispensables, Ricardo Gutiérrez, presidente del Bapro, y Carlos Ruckauf solicitaron que echaran al presidente del Banco Central, Pedro Pou.

            Más adelante, comenzaron a pedir la ruptura de la Convertibilidad. Provincia de Buenos Aires estaba huyendo hacia adelante y para ello contaron con la impericia política de Fernando De la Rúa y de Domingo Cavallo que les facilitaron la ruptura institucional y así ocurrió el 19 y 20 de diciembre de 2001. Llegaron al poder los gobernadores del Grupo Federal, con quienes no comulgaba Provincia de Buenos Aires. Por eso Duhalde y Ruckauf faltaron a aquella cita en Merlo, San Luis, en la que se resolvió el arribo de Adolfo Rodríguez Saá a la Casa Rosada.

            Pero la torpeza del puntano fue solamente comparable con su candidez y en 1 semana quedó afuera del escenario. Antes cometió la estupidez de un default sin saber hacia dónde iba ni por cuánto tiempo.

            En cuanto a Ruckauf, él creyó que él sería Presidente, pero tuvo que dejarle el honor a Duhalde, quien ejecutó la mayor estafa a los argentinos que habían creido en el sistema institucional: devaluó y ejecutó una pesificación asimétrica mientras los amenazaba con los piqueteros bonaerenses para que moderasen su furia.

            Duhalde nunca se hizo cargo de su apocalipsis. Él afirma que la devaluación ya la había ejecutado el mercado pero a decir verdad él llevó el dólar a $ 1,40 y luego casi llega a $ 4 y cuando se marchó estaba a $ 3. En el medio, se quedó con los depósitos de miles de argentinos para que los grandes deudores, comenzando por Provincia de Buenos Aires y siguiendo por grandes empresas endeudadas en dólares en el mercado local, ajustaran sus cuentas.

            Durante su discurso de asunción como senador nacional a cargo de la Presidencia de la Nación, Duhalde llegó a prometer que los ahorristas recuperarían su dinero y luego incumplió su palabra.

            Pero Duhalde no estafó a los grandes inversionistas, quienes ya se habían llevado su dinero del país, sino a los pequeños inversionistas y a los tenedores de bonos públicos por exigencia del Gobierno de De la Rúa y Cavallo: bancos y AFJP.

            Para justificar la estafa, Duhalde apeló al Diálogo Argentino (al que se prestaron la Iglesia Católica y las iglesias evangélicas), al hambre (los famosos casos de niños famélicos en Tucumán) y a una enorme cobertura mediática de quienes eran, por diferentes motivos, beneficiarios de la torta: desde Grupo Clarín a Crónica TV.

            Así y todo, el 'modelo pesificador' tenía problemas y casi se derrumba. Entonces apareció Roberto Lavagna en escena para intentar encarrilar temporariamente la situación. No para resolverla, apenas para emparcharla.

            El problema de Duhalde es que estaba jugando con fuego. Y un día se quemó: fueron asesinados en la estación ferroviaria de Avellaneda, Darío Santillán y Máximo Kosteki; y aparecieron las fotografías que demostraban qué había ocurrido. Duhalde no completó su mandato. Ofreció irse antes, pero puso una condición: que no ganara Carlos Menem, y a eso se dedicó su administración, que gozó de una ventaja que consistía en la vejez de Menem.

            Luego de fracasar en ofrecer el cargo a varias personas (Carlos Reutemann, Mauricio Macri, Roberto Lavagna), terminó eligiendo a Néstor Kirchner, su victimario. Y nadie lo lamentó porque eran las reglas del juego.

            Hilda Beatriz González de Duhalde dijo que su marido se dedicaría a reconstruir el Partido Justicialista, pero obviamente era ridículo. Duhalde no es un ideólogo y nunca lo fue. Él prefiere afirmar que es un hombre de acción, pero tampoco es cierto: pasa horas jugando al ajedrez en el San Juan Tennis Club, o solamente sentado mirando cómo otros juegan al paddle.

            De pronto Duhalde se despierta y afirma que regresa, para que su ex tropa comience a elongar. Pero no hay que hacerse muchas ilusiones. En 1988, fue Menem quien lo buscó y Duhalde aceptó acompañarlo porque Antonio Cafiero no le cumplió con la promesa de hacerlo senador nacional o algo similar. Luego, Duhalde fue elegido por Menem para desbancar a Cafiero, y hasta le obsequió el Fondo del Conurbano Bonaerense, US$ 600 millones anuales para que gastara a discreción mientras rumiaba su enojo porque Menem había conseguido la reelección.

            La verdad es que Menem siempre subestimó a Duhalde, más o menos como Kirchner ahora. Lo que Menem nunca imaginó es que Duhalde destrozaría al peronismo con tal de tomarse revancha.

            Pero el peronismo ya no existe. Cristina de Kirchner será elegida Presidente por el Frente para la Victoria que es parte del Frente para la Concertación Plural.

            Duhalde tendría que dar muchas explicaciones: desde la estafa hasta la legitimación de la destrucción del PJ. Para facilitarle las cosas, habría que buscarle alguna distracción nuevamente. Si ya no puede ser embajador ante el Mercosur, porque lo reemplazó Carlos Álvarez, que alguien invente algo. El hombre necesita distraerse.


Fuente: Urgente 24
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