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Dos países diferentes
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| por Francisco Gallinal |
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La interpelación al Ministro Astori, aún cuando de antemano se conocía el resultado de la votación en el Senado, sirvió para poner de manifiesto los enormes reparos que le merece al Partido Nacional la política económica del gobierno. Y los errores que en diferentes áreas se están cometiendo a tal punto que hasta el Presidente de la República se vio obligado a salir a respaldar al Ministro que, si recibió críticas desde el Partido Nacional, más las recibe dada día desde la coalición política que integra. Aunque seamos justos, cuando desde el Frente Amplio lo cuestionan, lo hacen mucho más en su condición de eventual pre candidato presidencial, que de Ministro de Economía.
En lo personal sirvió también para reafirmar un concepto que venimos sosteniendo desde hace tiempo; que no solamente tenemos políticamente dos países contrapuestos, enfrentados y divididos sino que además, en lo que al gobierno respecta vivimos en dos países absolutamente diferentes.
En efecto, mientras que para el Gobierno Nacional, para el Presidente de la República y para su equipo económico en el país en el que ellos viven no hay inflación, los precios de los productos que integran la canasta familiar no han subido su precio y por ende, no hay carestía; en el país en el que nosotros vivimos la inflación ha aparecido nuevamente en escena. A tal punto que ha superado la tasa del 8 % y de persistir la línea económica actual, muy probablemente nos veamos enfrentados a una inflación de dos dígitos al terminar el año.
En el país en que vive el gobierno, en la calle por la que caminan sus Ministros y Legisladores, la gente está encantada con la reforma del sistema tributario, y se deleita con la posibilidad de pagar por Impuesto a la Renta de las Personas Físicas, mucho más de lo que pagaba por el Impuesto a los Sueldos. La gente en ese país quiere más impuestos, porque desea de cualquier manera financiar los gastos del Estado que suben indiscriminadamente por encima de los ingresos.
Sin embargo en el país que habitamos nosotros, la gente está furiosa con el IRPF; no solamente porque tiene que pagar más, sino porque no se cumplió el anuncio que el Frente Amplio realizó en tantas oportunidades, que “iba a pagar más el que tiene más”. Sin embargo, hoy el que se queja más es el que tiene menos; hoy los que están preocupados son los policías y los soldados, entre otros, aunque no son precisamente ellos los que tienen mejores ingresos.
Es evidente que este gobierno, al igual que algunos de los que lo precedieron, se ha apartado de la gente, y no tienen claro lo que se habla en todos los rincones del país. De otra forma no defenderían a ultranza una reforma soberanamente injusta, que en medio del crecimiento regional y nacional le impide a los uruguayos disfrutar de ese crecimiento y, además, los obliga a pagar más impuestos. Ya sea por lo que se descuenta de los sueldos y las jubilaciones, ya sea por el impacto del IVA que también ha crecido como consecuencia de la aplicación de la reforma tributaria.
Para peor las medidas que se vienen tomando no apuntan directamente a frenar la inflación; ni van a apuntar porque el gobierno no se anima a actuar; si desean aliviar el impacto de ese terrible flagelo, son otras muy distintas las herramientas que se deben utilizar. Pero no, Astori no se anima a aplicarlas, ni sus socios de la coalición de gobierno aceptan que las aplique. Así vamos.
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