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Se cerró el cierre
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| por Luis Alberto Lacalle Herrera |
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Era inevitable que ocurriera, es más, ya ocurrió. Un empresario al que sus obreros ocuparon la fábrica resolvió clausurarla y como resultado se han perdido definitivamente más de veinte puestos de trabajo. Es la consecuencia lógica del cansancio, la desilusión y el final de la paciencia de quienes no quieren seguir viviendo un permanente acoso por el solo hecho de ser empresarios.
Una vez más indiquemos claramente cuál es nuestro concepto de “trabajo”. Para nosotros el término debe de usarse en su sentido amplio, es decir de actividad humana o material dedicada a obtener un beneficio, ya sea un salario o una ganancia del capital. Tanto los obreros como los empresarios trabajan. Sus intereses son convergentes, pues a ambos conviene que la empresa funcione mejor. Rechazamos, por supuesto, el concepto destructor de “lucha de clases”. Más bien creemos en lo que puede denominarse competencia de clases. Claro está que no quieren lo mismo exactamente las dos partes, el capitalista y el trabajador, pero a cierto nivel, en un mundo lógico y no fanatizado, a ambos conviene la prosperidad. Otra cosa será cómo se reparte, qué porción mejora el salario cuando la ganancia empresarial es mayor. Pero lo que no admite dos respuestas es que si no hay ganancia no habrá ni salario ni dividendos.
El veneno del marxismo ha calado hondo. Incluso hemos oído decir entre nosotros que lo que se propugna es el odio de clases, más allá de la tradicional lucha que clásicamente se promocionaba. Así vemos como se destruye a la sociedad en un plan que no ve el que no quiere verlo.
Estarán algunos muy satisfechos. Veinte familias más sin trabajo son una buena cosecha para los que buscan más resentidos. Seguramente más de uno de los obreros pensará ahora - demasiado tarde - si realmente valía la pena llevar las cosas a esos extremos. Pero ahora ya pasó lo que tenía que pasar y lo que seguirá pasando. Cómo harán los gobernantes para explicar estas cosas a los presuntos inversores, no lo sabemos. Será difícil que lo entiendan. No comprenderán que quepa en la cabeza de alguien que se pueden ocupar locales privados ajenos, que se puede utilizar maquinaria ajena para producir sin permiso del dueño.
Difícil de entender, aún para nosotros que vivimos en esta pobre patria nuestra, digna de mejor destino….
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