El guardián, el alacrán y yo…
Dr. Enrique Rimbaud Decano de la Facultad de Veterinaria
Managua - Nicaragua
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Eran más o menos las tres de la tarde de un lunes en la Casa del Gobierno Regional de Bilwi donde me encontraba trabajando… cuando de repente… esa rara combinación de los excesos gastronómicos de fin de semana, haber volado ese mismo día, la madrugada, el calor, la presión del huracán que se venía y el mate, siempre el fabuloso y poderoso mate… me provocaron un desbarajuste tal en el triperío en que las ganas de ir al baño se transformaron en urgencia…
Tomé la llave del baño de la oficina de los alemanes, y con ese andar cuidadoso que pone uno cuando piensa que puede no llegar, me fui trasladando al baño, entre dolores de barriga y un sudor frio que perlaba mi frente y recorría la espalda…
Me concentro en la llave, colocarla y ver para donde diablos abre la maldita cerradura, cuando siento que alguien me grita en medio de las risas de la gente:
- Chele!!! Cuidado con el guardián!!!
Mi cerebro no podía procesar el mensaje, entenderlo y al mismo tiempo abrir la puerta, por lo que opté por esto último, y una vez abierta, bajarme la ropa y sentarme en el inodoro fue todo uno, descargando el cuerpo antes de tocar el inodoro con las nalgas…
Ya tranquilo, luego del momento freudiano, me dedico a observar a mi alrededor, constatar que hay papel higiénico (cosa que no había previsto), regodeándome a la vista del papel más usado en este mundo… veo diarios viejos tirados en el piso, un poco de humedad en las paredes y techos, decidiendo finalmente concentrarme en terminar lo que había venido a hacer…
Estaba en esos menesteres, cuando siento un ruido, como que rascan madera, recorro el lugar con la mirada y veo los diarios en el piso moverse un poco, extrañado, los levanto, y con gran sorpresa descubro un alacrán negro como el azabache, brillante, y de no menos de quince centímetros de largo…
El alacrán me ve (supongo), se arrolla, abre y cierra sus pinzas como diciéndome algo, levanta la cola, y me apunta amenazadoramente con su aguijón…
- Mirá coso – le dije – no tengo nada contra vos… vos no me jodés, yo no te jodo…
Creo que me escuchó… porque en seguida desenrolló la cola, y se fue caminando marcha atrás hacia una esquina, desde donde ambos nos podíamos ver…
Terminé lo que había venido a hacer, tras lo cual me limpié y me vestí, siempre mirándonos fijamente el alacrán y yo… traté de hacer todo con lentitud para que no sintiera amenaza alguna, me despedí cortesmente, y me fui del baño dejando al "guardián" en él…
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