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Año V Nro. 273 - Uruguay, 15 de febrero del 2008   
 

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Eduardo Rodríguez Veltzé

Patriotismo Constitucional
por Eduardo Rodríguez Veltzé

 
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          Los debates públicos que la Asamblea Constituyente no supo ni quiso conducir se están produciendo en los medios. Contribuyen a descifrar el trabalenguas del proyecto oficialista, aportan en crítica constructiva,  confirman el vigor del poder constituyente ciudadano y reviven la esperanza de reconducir un proceso extraviado.

          Una de las expresiones más gráficas del sentimiento constituyente, para explicar lo que no dice o quisiera decir el texto del proyecto, fue la invocación del padre Xavier Albó  a la letra de “Viva mi Patria Bolivia, una gran Nación...” para significar la existencia de la “nación boliviana”. Pero ni la letra de este segundo himno nacional está reflejada en el texto, ni fue el ritmo que pudo alegrarnos a todos los bolivianos para celebrar el final de la Asamblea, como ocurrió en marzo del 2006 cuando, bailes incluidos,  se acordó en consenso la Ley de su Convocatoria.

          Identificar y compartir un símbolo, un himno por ejemplo, es algo que despierta nuestro fervor patriótico genuino, revela sensaciones de pertenencia, de propósitos comunes, de aspiraciones al futuro. En tiempos constituyentes el ejercicio es aún más importante, es más gráfico y puede contribuir a identificar, de manera más simple y directa lo que nos une y evitar aquello que confunde o segrega. Se trata de recuperar lo virtuoso del patriotismo en la Constitución: el “Patriotismo Constitucional”, concepto ya muy debatido en otras latitudes para significar la importancia de nuevas formas de identificación colectiva, que trascienden a toda conformación étnica o cultural preservada históricamente. Surge de una nueva identidad que se articula en torno a valores democráticos compartidos, aún en sociedades muy diversas y complejas.

          Esos valores democráticos comunes, son la soldadura política entre todos los bolivianos con “identidad colectiva”, que despierta y se expresa en vocación de pertenencia a la “patria Bolivia”, la “gran Nación”. Sí, cuando cantamos el “Viva mi Patria”, cuando concurrimos a votar en paz,  cuando festejamos las victorias de la Selección Nacional, o cuando somos solidarios con las víctimas de los desastres naturales. Es en estas ocasiones cuando celebramos también nuestra diversidad de origen nacional, étnico o cultural porque nos sentimos ante todo “bolivianos”.  Tienen relación con nuestra historia, con la de nuestros mayores, pero también con aquella que vivimos en los últimos tiempos de recuperación y maduración democrática, asimilando valores universales de libertad,  de pluralidad e igualdad. Pero sobre todo tiene relación con la esperanza de que esos valores comunes se conviertan en el cimiento de una Constitución pactada, que reflejen principios y reglas compartidas para vivir en fraternidad.

          La Asamblea no estuvo a la altura de plasmar esos valores en un texto sencillo y claro que recupere y sintetice una identidad “boliviana” con la que todos, en nuestra reconocida diversidad podamos seguirla celebrando.  Acudió a construcciones teóricas complejas y contradictorias, reflejadas en un texto que divide más que une, complica y confunde a sus propios destinatarios y sucumbe a tentaciones ideológicas para construir un proyecto político hegemónico. No se puede simplemente borrar el sentimiento primario del patriotismo,  aún en maduración. Al hacerlo estaríamos perdiendo una oportunidad extraordinaria para construir una Bolivia que aún se siente y piensa unida.

          El compromiso democrático y el costo de conducir una Asamblea es demasiado importante para seguir banalizando su curso. No puede, entre otras cosas, seguirse alentando la realización de un Referéndum “dirimitorio” de un tema cuya “definición” no resolverá absolutamente nada trascendente para la inmensa mayoría de los bolivianos que no son terratenientes. Otra aproximación a la voluntad popular, podría más bien servir para adoptar el convencimiento de que es necesario reconducir el curso constituyente. Por qué no preguntar al soberano: ¿Está usted de acuerdo con la forma en la que se celebró la Asamblea Constituyente y en llevar a Referéndum el texto aprobado en Oruro?  y así dirimir la duda mayor.  

          Más allá de las saludables disquisiciones, dúplicas y réplicas que sigan a estas u otras ideas que se expresan post Asamblea, sobre lo que dice o quiere decir el  proyecto de texto constitucional, con sus aciertos o errores, resulta evidente que el “patriotismo constitucional” de los bolivianos, está aún vivo. Como dice la canción: por ella, (nuestra Gran Nación)  damos la vida y el corazón, lo hacemos por sentirnos libres e iguales,  al enfrentar solidariamente nuestras desgracias y al celebrar nuestras alegrías, hagámoslo igual a tiempo de ser los verdaderos constituyentes.

 
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