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Una semana llena de justicia |
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por Germán Queirolo Tarino
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Fue esta una semana muy particular, la justicia, ese anhelo profundamente humano, ha iluminado con su llama varios de los ámbitos donde la opinión pública, el común de la gente, señalaba carencias.
Empecemos tal vez por lo más nuevo: El Tribunal de Apelaciones en lo Penal decidió anular el polémico fallo del Juez Euguren por el cual, algunos de los propietarios de La Pasiva, acusados por la Dirección General Impositiva por delitos de defraudación tributaria, fueron condenados a tareas comunitarias. El polémico fallo que despertó las iras del Director de Impositiva y le valió un procesamiento penal por el delito de desacato por ofensa, delito que como veremos parece haberse puesto de moda, fue considerado incorrecto por una instancia superior de la justicia uruguaya.
A buena parte de la sociedad uruguaya, esta noticia le resultó gratificante. Mucha gente sintió que la delincuencia de guante blanco podía impunemente adueñarse de los dineros ajenos, mientras que cualquier ladrón de gallinas agarrado con las manos en las plumas, arriesga un tiempito en el ComPen si encuentra al juez de mal humor.
Suponemos que Uberfil Monzón lamentará profundamente que la decisión del tribunal, lo prive de los duchos funcionarios de Euguren, en una condena no exenta de sadismo. Marina Arismendi, seguramente consideraría que la pena dictada por Euguren no fue leve ni por asomo ya que ella misma pidió en su oportunidad que otra repartición del estado se quedara con el cura que preside con mano de hierro el INDA.
Por un lado es una pena, yo me imaginaba a los pasiveros siendo evangelizados por el Cura Uberfil a la vez que los ponía a supervisar las compras de INAU, una tarea en la que yo vigilaría de cerca de los penados, por si las moscas. El Padre Monzón había expresado al diario El País, su satisfacción con el desempeño de los penados en la tarea que desarrollaban y lamentablemente ahora deberá conseguir sustitutos.
El segundo hecho, casualmente tiene que ver con Mr Z y se refiere a las pintadas bastante infames realizadas por artistas que gozaban del mecenazgo del edil de la Lista 15 Jar Sánchez (me pregunto que clase de nombre es ese, y como se puede sobrellevar una vida normal llamándose "Jar" durante toda la escuela y el liceo, Jarrón debe haber sido lo más liviano que le habrán dicho).
Tanto los artistas como el mecenas, fueron procesados por el delito de desacato por ofensa, qué como mencioné anteriormente, parece ser el delito más de moda, al grado que seguramente figure entre "lo más" de la revista Galería.
Me imagino la sección: Lo más: “Haber sido procesado por el delito de Desacato por ofensa",
Lo menos: “que te hayan mandado a trabajar al INDA con el Padre Monzón, un cura de lo más agitador que se toma en serio ese business de dar de comer a los pobres". No puedo esperar a que un ejemplar caiga en mis manos.
Y si hilamos fino, Jar y sus mecenazgados, se vienen salvando de lo que puede ser un proceso penal mucho más grave enmarcado en la Ley Anti-discriminación, cuyas penas dan como para considerar seriamente esa colección de adjetivos calificativos que la gente suele aplicar a sus semejantes. Y por ahí hasta justo hubiera sido. Si nos ponemos a analizar detenidamente el letrerito que los plásticos de alquiler pintarrajearon en los muros, acusando a Z de haberse vendido a los judas de Tienda Inglesa. El término "judas" utilizado, es instigatorio y denigrante, utilizado a los efectos de "agravar" el acto de corrupción ante los ojos de los lectores del cartel. Funciona como adjetivo calificativo y no como sustantivo y eso se desprende claramente de cualquier lectura sana.
El juez Vomero los mandó al mecenas y a sus protegidos a tomarse unas inspiradoras vacaciones en la cárcel, donde podrán reflexionar abundantemente sobre las casualidades de la vida, que los mandó a guardar por el mismo delito que pena, con prisión en suspenso, el destinatario de sus brochazos.
Y ahora, la frutilla de la torta.
La más esperada, la sellada.
Militares, debo decir más bien, "malos militares" encarcelados por delitos vinculados a las horrendas violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura, y encarcelados dentro del marco de la Ley de Caducidad, que nos guste o no, y no me gusta, fue votada por la mayoría del Parlamento y ratificada por la mayoría de los uruguayos.
Algunos dicen que con toda intención Wilson instó a los redactores de la Ley, a dejar algunos resquicios por donde se colara oportunamente la justicia. Si fue así, y no tengo por que dudar de esa afirmación, sobre todo examinándola en el contexto histórico, contexto del que Wilson tenía plena conciencia, no cabe menos que admirar la habilidad y la visión de estadista del desaparecido líder nacionalista.
Ese paso adelante en el camino de evitar que al menos, algunos de los horrores no queden impunes, hace bien a la sociedad en su conjunto y también a unas fuerzas armadas que no tienen porque vivir, veinte años después de terminada la dictadura, en permanente estado de sospecha.
Siveira, el violador de chicas y chicos liceales, Gavazzo cuya sonrisa socarrona era un insulto para la sensibilidad democrática de una sociedad que a duras penas toleraba verlo por televisión sin vomitar, Gilberto el Escurridizo, que no sólo deshonró el uniforme ensuciándolo con sangre de personas maniatadas, sino que además, deshonró su propia palabra fugándose de sus custodios, entre otros, reposan ahora entre rejas.
Buscamos justicia, no venganza, fue la afirmación del Presidente Vázquez, afirmación si se quiere, "a la uruguaya", que refleja ajustadamente, la sensación de la sociedad ante los procesamientos. Los procesados, que estarán encarcelados en un establecimiento que se encuentra en construcción, para evitar su contacto con presos comunes con la grave posibilidad de daños graves o muerte que ello conllevaría, en una decisión que provocó protestas en algunos sectores, fueron acusados de crímenes cometidos en el exterior, extremo del que no los protege la Ley de Caducidad.
Para completar esta fiesta de justicia, faltaría que el perjuro, Bordaberry, quien llegó al gobierno cabalgando en una Democracia que no sólo arrasó con su golpe de estado, sino que además quiso extinguir definitivamente por intermedio de un proyecto insano que ni siquiera los militares encontraron cuerdo, también recibiera su parte en el reparto de esa torta amarga de la que nos obligaron a comer.
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