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Año V Nro. 321 - Uruguay, 16 de enero del 2009   
 

 
historia paralela
 

Visión Marítima

 

Sí, es antisemitismo
por Jeff Jacoby

 
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El odio a los judíos siempre ha sido multiforme, alterándose puntualmente para reflejar las temáticas de la distintas eras. En unas épocas puso sus miras en los judíos con la excusa de su religión, en otras, los judíos han sido acusados de quinta columna desleal a ser reprimida o expulsada. En nuestros días, el odio a los judíos se expresa de manera aplastante en términos nacionales: es el estado judío lo que obsesiona a los racistas.

         La crítica a Israel no le convierte a uno en un antisemita: se ha dicho por activa y por pasiva. Pero de alguna manera, ese mensaje no parece haber calado entre los cientos de  manifestantes antiisraelíes de Fort Lauderdale, Florida, que la semana pasada se concentraban para protestar por la operación militar de Israel en Gaza. Como sus pancartas y cánticos dejan claro, las políticas del estado judío no es lo único a lo que se oponen. Su animadversión va más lejos.

         Los manifestantes cantaron "¡Bombardeemos, bombardeemos Israel!" y llevaban pancartas acusando a Israel de "limpieza étnica" y portando mensajes tales como: "¿Tomó nota Israel durante el Holocausto? Feliz Hanukkah", A la docena de partidarios de Israel concentrados en la otra acera, uno de los manifestantes gritaba: "¡Asesinos! ¡  Vuelvan a los hornos! ¡Necesitan uno bien grande!”

         El conflicto árabe-israelí levanta fuertes pasiones, y la frontera que separa la desaprobación legítima hacia Israel del antisemitismo puede no ser siempre evidente. Pero cuando se escucha a alguien animando a los judíos a "volver a los hornos," es seguro asumir que la frontera ha sido superada.

         La página web holandesa Snaphanen publicaba el otro día una fotografía de un folleto que está siendo repartido en la plaza del ayuntamiento de Copenhague. Por una cara proclama: "¡Paz con Israel nunca!" y "¡Matemos al pueblo de Israel!" Por la otra cara: "¡Hay que matar a los judíos en cualquier parte del mundo!" La ortografía del folleto es pésima, pero su mensaje de antisemitismo genocida no podría estar más claro.

         Lo mismo se puede decir del mensaje lanzado en Ámsterdam el sábado, donde la multitud de una concentración antiisraelí cantó repetidamente, "¡Hamás! ¡Hamás! ¡Todos los judíos al gas!” Y el mensaje de Bélgica, donde manifestantes pro-Hamás incendiaban banderas, quemaban un menorah público, y pintaban cruces gamadas sobre las tiendas propiedad de judíos.

         Sólo infinitesimalmente menos vil es el mensaje pregonado en las manifestaciones de  Boston a Los Ángeles, pasando por Vancouver: “Palestina será libre desde el río hasta el mar” -- una nueva declaración entonada del llamamiento de Mahmoud Ahmadineyad a "borrar del mapa a Israel",

         Digámoslo una vez más: todo comentario negativo acerca de Israel no es una expresión de prejuicios raciales . Israel no es más inmune a las críticas que cualquier otra nación. Pero es necesaria una ceguera selectiva para no ver que el antisionismo hoy -- la oposición a la existencia de Israel, el rechazo a la idea de que el pueblo judío tiene un derecho de autodeterminación -- es simplemente el viejo perro del antisemitismo con un collar nuevo.

         El odio a los judíos siempre ha sido multiforme, alterándose puntualmente para reflejar las temáticas de la distintas eras. En unas épocas puso sus miras en los judíos con la excusa de su religión, satanizándoles como los asesinos de Jesucristo o los enemigos de la verdadera fe. En otras, los judíos han sido acusados de quinta columna desleal a ser reprimida o expulsada, como una enfermedad racial a ser extirpada físicamente.

         En nuestros días, el odio a los judíos se expresa de manera aplastante en términos nacionales: es el estado judío lo que obsesiona a los racistas. "Lo que el antisemitismo hizo una vez a los judíos como pueblo, ahora lo hace como nación," escribe la columnista británica Melanie Phillips. "Primero fue a por la religión de los judíos, y después fue a por los propios judíos; ahora va a por el estado judío",

         La afirmación de que el antisionismo no es racismo resulta absurda en cualquier otro contexto. Imagínese a cualquiera afirmando con vehemencia que Irlanda no tiene ningún derecho a existir, que el nacionalismo irlandés es racismo, y que aquellos que asesinan a irlandeses son en realidad víctimas merecedoras de la simpatía del mundo. ¿Quién entendería estas salidas de tono como algo diferente a fanatismo anti-Irlandés? ¿O quién creería que quien las pronunciase no albergaría prejuicios contra lo irlandés?

         De la misma manera, aquellos que satanizan y deslegitiman a Israel, aquellos que dicen que el mundo estará mejor sin él, que le exigen estándares de perfección que no se exige a ningún otro país del mundo, que elogian o simpatizan con sus enemigos mortales, que lo equiparan con la Alemania Nazi o la Sudáfrica del apartheid, que lo utilizan de chivo expiatorio de crímenes que no sólo no ha cometido, sino de aquellos de los que es víctima además -- sí, esa gente es antisemita, tanto si lo reconoce como si no.

         ¿Criticar a Israel? De acuerdo. Pero aquellos que con tanta virulencia denuncian a Israel en su guerra contra Hamás se están alineando con los fanáticos antijudíos más virulentos del planeta. Pueden proclamar que eso no les convierte en antisemitas. Pero es que sí lo hace. "Cuando la gente critica a los sionistas," decía Martin Luther King en 1968, “quiere decir judíos. Expresa antisemitismo".

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Fuente: The Independent Institute
 
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