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Año III - Nº 221
Uruguay, 16 defebrero del 2007
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La chequera de Chávez y las crisis energéticas
generan revuelos en América Latina
 
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América Latina vive por estos días momentos turbulentos, con el avance de distintos sectores más o menos progresistas (según sea el caso) y con graves problemas energéticos, que son los motivadores de gran parte de los acuerdos entre los países. El enfrentamiento entre Venezuela y USA es paradigmático en una lucha más relacionada con intereses económicos que con ideologías y que termina arrastrando a la región a una polarización que puede ser nociva en un futuro.

            La chequera de Hugo Chávez, repleta de petrodólares que por no poder gastar en su país invierte en forma de tratados políticos junto a sus amigos en América Latina, comienza a desestabilizar la región polarizándola (a capricho del venezolano) entre los pro USA y pro Venezuela.

            Así, Chávez genera poder y lo acrecienta en Latinoamérica a través de pactos políticos. Al no poder gastarse los millones de petrodólares que brotan de los pozos del lago Maracaibo, el venezolano adapta su retórica progresista al bolivarianismo, que con algunas modificaciones personales se transforma en socialismo del siglo XXI. La unión de la región bajo una misma bandera, ese deseo tan ferviente de Simón Bolívar, comienza a verse en la práctica  bajo préstamos y prebendas que Chávez otorga a quienes le muestran su apoyo.

            Porque resulta que Chávez no sólo tiene dinero, sino que además dispone de recursos energéticos que distribuye en la región a discresión: aquellos mandatarios que manifiesten su apoyo al proyecto que el venezolano impulsa se verán beneficiados por la benevolencia del mandatario.

            El caso de Ecuador es paradigmático. Correa, presidente electo de ese país, manifestó desde un principio su amistad con Hugo Chávez y se hizo más papista que el Papa. Los réditos los vió en el recuento de votos de la segunda vuelta electoral, que lo nombró presidente desplazando al millonario Álvaro Noboa, que perdía así por tercera vez una elección.

            Los ecuatorianos vieron la brecha y se mandaron. El apoyo de Chávez no era para nada despreciable en un país que en una década cambió 7 veces de presidente y que no encuentra un referente estable. De esta manera, los ecuatorianos se suman al proyecto bolivariano analizando sumar su petrolera estatal a PDVSA y generando tensiones con USA por el levantamiento de la base de Manta (que USA tiene para combatir a la guerrilla y a los narcos en Colombia); y con los organismos internacionales, que aunque ya entendieron la onda refinanciadora de las izquierdas de la región, ven sus intereses perjudicados.

            La decisión de Ecuador de caminar con Chávez en su proyecto genera problemas con su vecino colombiano. Las quejas ecuatorianas acerca de las fumigaciones en la frontera entre ambos países no sólo tienen que ver con los cultivos sino también con el conflicto que le plantea a Colombia el hecho de que Ecuador quiera debilitar la posición de USA en la lucha contra las guerrillas. La primavera del año pasado mostró a Colombia con varias denuncias contra Ecuador y Venezuela por dar refugio a las FARC.

            A la vez, Chávez sigue con sus relaciones carnales con Cuba y mantiene a Centroamérica medianamente contenta con provisiones de petróleo. Martín Torrijos en Panamá y el sandinista Daniel Ortega en Nicaragua ven cómo tienen que dejar de preocuparse tanto por la energía desde que papá Chávez inició el envío de sus barriles baratitos y sus créditos con intereses ridículos.

            Por el lado del sur, el venezolano entró al Mercosur pisando fuerte. Buscando la unificación (por supuesto bajo su liderazgo) Chávez propone la creación de medios de comunicación exclusivos del grupo (como es el caso de la radio sudamericana que presentó durante la cumbre de mandatarios de Río de Janeiro), la utilización de una moneda común a la región y la creación de un Banco Central latinoamericano.

            En este sentido, el venezolano buscaría "coparle la parada" a Brasil, hasta ahora el líder del grupo por el peso de su economía. Si bien las relaciones entre Lula y Chávez son buenas (de hecho Lula dió su apoyo a Chávez durante las elecciones que pusieron al venezolano por tercera vez en la presidencia), en Venezuela tienen el petróleo y Brasil necesita más energía.

            Brasil se encuentra renegociando el precio del gas con Bolivia. País pobre el de Evo Morales, se resigna de a poco a aceptar lo que los brasileños no pagarán mucho más de los U$S 5 por millón de BTU y hoy el mandatario boliviano viaja a Brasilia con ganas pero sin esperanzas. Bolivia tiene el gas, pero no tiene ni dinero para extraerlo, ni salida al mar para exportarlo, ni mayores clientes a la vista.

            Además, hace pocos días Brasil anunció junto a USA que impulsarán un proyecto en común para estudiar las posibilidades de la utilización de biocombustibles en contraposición a los combustibles fósiles.

            De esta manera Brasil todavía prescinde del gas venezolano y para eso espera que se termine la construcción del primer tramo del Gasoducto del Sur. Con esa prescindencia, Brasil, que históricamente lideró la región, se mantiene alejado de las redes de dependencia que genera Chávez.

            Para la Argentina, la cosa no es diferente. Chávez anuncia el salvataje a Sancor a cambio del envío de productos lácteos a Venezuela en un futuro, anuncia la exploración en conjunto entre ENARSA y PDVSA en el Mar Argentino, ordena la construcción de buques tanque en Río Santiago para exportar petróleo y, sobre todo, compra bonos de la Argentina, con lo que la Argentina pudo saldar la deuda con el FMI en enero del 2006.

            Todo este movimiento de Venezuela por la región está dado por el poder inmenso que generaron los petrodólares desde la nacionalización de los hidrocarburos en ese país, y por las ansias de poder de Chávez, que parecería que busca ampliar su mandato a todo el continente.

            A su vez, mientras los gobiernos más de izquierdas se frotan las manos, USA mira con preocupación creciente la situación. Si bien las advertencias a Chávez por parte del país del norte (recrudecidas luego del enfrentamiento en la ONU por el puesto no permanente en el Consejo de Seguridad) nunca se detuvieron, el mandatario venezolano sigue tirando de la soga con provocaciones y no deja de buscar aliados en una batalla que polariza a la región de una manera peligrosa.

Fuente: Urgente24

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