Seguramente los avances que en las próximas horas haremos en el terreno de los derechos humanos callarán más de una boca; esta frase amenazante, no propia del cargo, expresaba el presidente Vázquez en Pando, en el último Consejo de Ministros el pasado 3 de agosto. Cinco días después, en conferencia de prensa y rodeado de los tres comandantes de las Fuerzas Armadas, afirmó que había un "99% de posibilidades" de encontrar restos de desaparecidos en unidades militares, y dio con ello un mensaje público de la inminencia de estos hallazgos.
Si a ello se suma que se hablaba por parte del secretario de la Presidencia de un área muy precisa del batallón Nº 14, de unos cuarenta metros cuadrados y de que las excavaciones deberían ser a 80 centímetros de profundidad, ya no quedaban dudas de que se estaba en los minutos previos a sucesos de trascendencia.
Como si fuera poco, todo el país pudo presenciar en informativos y diarios las tomas gráficas que documentaban cómo el Comandante en Jefe del Ejército recibía a la hija de la Sra. María Claudia García de Gelman en el batallón mencionado, y recorría con ella, y a solas, el lugar donde supuestamente estaría enterrada su madre. Suponemos, aunque es difícil hacerlo, el impacto emocional que para esta chica tuvo ese momento, sabiendo que ahí, como le decía la presidencia y el comandante, estaba su mamá.
Ya de esto transcurrió más de un mes, y todavía la búsqueda no dio frutos. Es más, el propio presidente ha reconocido que quizás las informaciones recibidas no eran ciertas.
El manejo público que el gobierno le dio al tema ha sido profundamente equivocado. Le faltó altura para ponderar las informaciones, y mezcló a su vez un tema de indudable sensibilidad con batallas políticas y habló de más. Entre otras cosas porque eso de "callar bocas" no es propio de ninguna circunstancia y mucho menos de esta. Querer cerrar heridas abriendo otras revela un espíritu de confrontación que nada tiene que ver con la reconciliación que se dice pretender.
Al presidente le faltó mesura para transmitir certezas que se deberían haber confirmado antes de anunciarlas.
Podría haber resuelto un problema importante, pero él mismo se creó otro, ahora más importante.
Políticamente la encrucijada a la cual quedó expuesto el gobierno es difícil, pero por encima de ella y quizás más importante es la poca sensibilidad que se tuvo cuando se expone el dolor de la hija frente a lo que se le dijo era la aparición inminente de los restos de su madre. ¿Hay derecho a mostrar en operativos mediáticos el dolor ajeno, por razones políticas?
Este capítulo de la historia del país es doloroso, por eso requiere de cuidado.
Albert Camus, como bien recuerda Fernando Savater en "Política para Amador", advertía que "en política son los medios los que deben justificar el fin".
Parece que el gobierno está empeñado en demostrar que tiene voluntad, para diferenciarse de los gobiernos anteriores, y en cierta medida cobrarle cuentas a sus predecesores. Pero este no es un tema de voluntad sino de resultados posibles. Lo primero sólo sirve a los intereses políticos del momento pero si no obtiene resultados sólo habrá postergado un problema, del cual será responsable por las expectativas creadas.
Por ello es recomendable que tenga la mesura y la ponderación de no avivar expectativas que sólo le sirven para las encuestas de popularidad inmediatas.
Ojalá este proceso termine positivamente.