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Año IV - Nº 260
Uruguay,  16 de noviembre del 2007
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CINCO AÑOS DESPUÉS
Soy Licenciado en Ciencias de la Comunicación

por Eduardo Jesús West Morena
Lic. en Ciencias de la Comunicación
 
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            Y así pasaron cinco años y pico. Ya sé, comencé mal. No es del todo “correcto”, periodísticamente, comenzar una escritura con una conjunción. Pero hoy me doy el lujo de ejercer mi libertad mediante las palabras. Porque en definitiva, a mi juicio, un texto refleja los pensamientos y sentimientos de quien lo escribe, y por ende, lleva impronta la huella de su escritor. Por lo tanto, en este texto ofreceré  mi libertad y mi corazón. Se reflejará la vida de un individuo (quien suscribe) en estos últimos cinco años.

            A principios del 2002 ingresaba a la Licenciatura de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de la República, un joven de 18 años que usaba el pelo largo. Llevaba consigo la matera, algún puchito, su excitación, su alegría, su melancolía. Este joven tenía miedo por todo lo que los mayores dicen acerca de esta carrera: “te vas a morir de hambre”, ¿”y para qué corno sirve ser un comunicador social?”… Interrogantes que aún hoy no tienen una sola respuesta, dado que la disciplina ciencias de la comunicación, cuyo objeto de estudio es transdisciplinar, es enfocada bajo diversos puntos de vista y no se ha llegado a un consenso que establezca estos puntos bien delimitados y de manera precisa. Por lo tanto, se debe considerar que las ciencias de la comunicación están en plena formación, están delimitando su campo de estudio paulatinamente y el hecho de tener un abanico tan amplio de posibilidades, resulta llamativo y tentador. Pero no quiero entrar en una discusión epistemológica (prometo que en otro número ahondaré más sobre el tema), sino relatar las vivencias en estos cinco años de aprendizaje, que sin duda movilizaron mi ECRO (esquema conceptual referencial y operativo) utilizando términos del psiquiatra franco argentino, Pichon Rivière, notoriamente.

            Por lo que a pesar de dichas interrogantes, este joven tenía una gran energía manifestando que las cosas serían “de más”, entregando la fuerza de su corazón al punto culmine, para cumplir sus metas.

            Recuerdo con mucha alegría esos primeros días donde conocía a mis amigos: Julio Zuasnabar, Eduardo Rodríguez, Mauricio Sejas, entre varios. Íbamos los lunes de mañana a Sociología con François Graña, tomábamos apuntes y mate. El nos decía con honestidad brutal: “muchachos, salgan al patio a interactuar si lo desean” Y muchas veces lo hacíamos, o nos íbamos a algún bar a ver los partidos del Mundial Korea Japón 2002. En el patio, se armaban charlas profundas y también jocosas. En aquel momento no lo podía apreciar, pero en dichos intercambios de palabras con amigos y nenas, nuestro corazón se ponía al descubierto. A tal punto, que iba percibiendo con qué clase de gente me estaba relacionando, dándole gracias a Dios y a la vida, por ponerme a estos jóvenes esperanzados en mi camino.

            En Ciencias de la Comunicación me bautizaron, sobre todo, de dos maneras: Pelos y el “Casita”. El primero es el que más me ha gustado a lo largo de mi vida. Yo también me di el lujo de bautizar a Eduardo como “El Leche”. Apodos que siguen en vigencia.

            El 2002 pasaba, por aquel entonces la facultad me devolvía la energía que meses atrás había perdido considerablemente. Yo venía de una institución disciplinaria bastante  rígida, en comparación a LICCOM. En LICCOM siempre fui un león circulando en su selva, libre. En lo personal, reitero, el 2002 fue un año complicado dado que tuve que despedir a personas muy allegadas a mí como mi querida abuela Clora y anda mais, era un año difícil a nivel nacional. La crisis se reflejaba a nivel micro y macro. Es decir, el país se venía a pique, la gente perdía sus laburos y todo el mundo entraba en pánico. Fue el año donde se registró una tasa de suicidios muy importante. Mi familia y yo padecíamos las repercusiones de la crisis a nivel económico, pero sin duda a nivel afectivo.

            Luego, mediante “el leche”, llegaron a mi vida grandes amigos como el señor Beto Pignataro y mi hermano eterno Andrés Aníbal Bogorja Arce. Empezó el rock and roll, los excesos, las noches, pero siempre con moderación. La facultad, para mí estaba antes que nada.

            Conocer a estos sujetos implicó muchas cosas en la vida de este servidor. La fundamental fue darme cuenta quienes resultan ser los verdaderos amigos. A pesar de las diferencias uno quiere igual y eso es la amistad. Desde el punto de vista profesional, de la mano de Beto Pignataro, “el leche” y Julio comenzamos a hacer radio, mediante un formato denominado Pará la Oreja.

            Casi todo el 2003 estuvimos Parando la Oreja, todos los sábados y ya estábamos en 2º año. Digamos que el 2003 fue un año medio pedorro en la facultad, muy gris, chato. Aunque me fue bien, pero no brillé.

            Considero que luego de una crisis, un país queda medio abombado, chato; y uno como ciudadano de ese país también.

            A fines de 2003, en lo personal, comienza una nueva experiencia radial denominada Rompiendo la Pelota. Programa que tuvo vida hasta el 2004, pero sigue vivo en los corazones de todos los conductores y oyentes futboleros de la querida Fénix.

            El 2004, empezó con una gran expectativa. Nuestro grupo estaba enchufado. Realizamos grandes investigaciones a nivel académico. El grupo estaba en un buen momento y salieron tareas muy interesantes, muchas de ellas paradigmas de mi aprendizaje. Ese año, conocí gracias al querido Gabriel Galli, lo que es la Psicología y puntualmente la psicología social. Me transforme en adicto a esta disciplina. Recuerdo el primer día que ví a Gabriel. Pensar que hoy soy uno de sus colaboradores en la cátedra. También conocí a uno de los mejores docentes que tuve, el señor Eduardo Alvárez, eterno “fito”, con quien aprendí todo muy “¡bien, bien!”

            Fue un año complicado en casa por temas de salud, los cuales supimos afrontar y resucitamos como el ave fénix, una vez más.

            Entre tanto dolor y desesperanza vuelve el amor a la vida de este servidor, muy inspirado y creativo. Los viajes a la vecina orilla de hacen frecuentes, manteniendo dicha frecuencia por excelencia durante todo el 2005.

            Buenos Aires, mi segunda casa, allí seguí preparando exámenes. Llegando y volviendo. Señores, la vida en Buenos Aires es un libro aparte.

            Luego, en el 2006, seguí cursando las materias que me faltaban para llenar las famosas 570 horas. Realicé una pasantía en el CCZ 5 de Punta Carretas, donde conocí a dos baluartes de las Ciencias de la Comunicación: Raúl Puppo, eterno padre, hermano y amigo y el gran Fabricio Da Cunha.

            Posteriormente, llegó el momento de la elaboración de la monografía y su respectiva aprobación. Y llegamos a hoy.

            Gracias totales para: mamá, papá, Jesús de Nazaret, San José de Cupertino, la tía mima, Germán (chofita la fetada o taboado do video?) la nona, la abuela clora, el nono (por qué te fuiste tan rápido?), el tío Jorge y la tía Lorena, mis primas Maria Lorena, Analía, Fede Panizza, mi madrina, familia West en general, la tía Silvia, mi prima Maria del Luján y Pablo, Matías, Pichulo, Lety, César, Elisa y familia, la Tía Potota, Claudio Astapenco, Martín Cohen, Agustín y familia Cohen en general,  Martín Bila, Claudia Arlette, “El Leche”, Julito, Beto Pignataro, Andrés Bogorja, Helena Arce, Larisa, Horacio y Pablo Bogorja, Andrés Romero, Jorge Zamora y flia, Alejandro Sosa, Ivana Crocce, Gimena Vallejo, Oscar y Juana (les debo la vida), Gabriel (mi ahijado), Susana Dorce y familia Astapenco en general, Freddy Cabrera, Mauricio Mena, Mauricio Sejas, Marcelo Marset, Carlos Marset, Rosa Jodar, Juana García, Daniel Marset, Berenice Etchegoyen, Raúl Puppo, Macarena Martínez, Mario Martínez, Liliana Puppo y “doña” Martha, Juan Paglialunga, “el Chara”, Luis Abelenda, Adriana Causa, Nicolás Liébana, Magdalena Rial, Martín Bravo, Ignacio Suárez, Mariana Maggiari, Ana Laura Rodríguez,, Santiago el petiso, Cecilia Moreira, Marta Anza, Marta Berreta de Cachivache, María del Carmen, Titina, Dante Turcatti, Silvia Langoni, Rodrígo Muñoz, Jorge Riva, Brunito, Fernando Vila, Elsa Badal, Jorge Bennett, Cristina Bennett y todos los Bennett, Enrique, Mabel Farias,  Adrianita, Diego Aristilanda, Miguel Angel Bobbio, Norman Stanley, Carlos Uriarte, Fabio, Racioppi, Natalia y Marisa, Eduardo Alvarez “Fito” Gabriel Galli, Lis Pérez, Cristina García, Luis Duffour, Federico Beltramelli, Ronald Teliz, Ruben Acevedo, Matías Navarrete, Ema,  Susana Dorce, Muñeca, Maria Luz, Maria Clara Mañan, Cristina Graside, Luis Alberto Martínez, Leandro Martínez, Susana Darré, Joaco Alarcón y familia, Nucha, Nelba, Chrisitian Cohen, Stella Varela, la otra Stella, Alf, Pablo Américo, Ana Laura Laglere, Valeria Gil, Dario Guemberena, Nacho y por ende a Sapiro, Fabricio Da Cunha, Gimena Blanco, Martha Callaba, Jaime Tuzman, Carlos Bruno, Roberto Speranza, Daniel Petre, Adriana Campanella y CCZ 5 en general, Alfredo Etchandy, Ariel Del Bono, Luis Prats, Gustaf, El Piñe, Ariel Krazousky, el “Fafa” y Vinilo en general, Lucas Acevedo, el “Cebolla” y a la Vela Puerca, Silvia Pérez, Enrique Yanuzzi, El profe Piñeyrúa, Mario Bardanca, Gabito Acevedo, Martín Del Campo, El “Ruso” Pérez, Federico Rariz, Hernán Navascues, Aida y José Carlos, José Carlos Domínguez,  Flia Martínez Romano, Arturo Petrone y familia, flia Abramo, flia Vasallo, flia Flores (especialmente a Nelly), Susana Pepe, Isabel Arroyo.

            Seguramente como buen humanista que soy, me debo de estar olvidando de algunos y/o algunas. Sepan disculparme si dicha premisa resulta ser veraz. Y tengan presente que los quiero, tal como quiero a aquellos que vinieron a mi memoria para escribir estas líneas.

            Además quiero agradecer a Uruguay, Buenos Aires, por brindarme esa arquitectura, esa belleza que percibo mediante mis sentidos, esos parques y playas donde supe compartir los mejores momentos de mi vida con los seres que he amado.

            Nos reencontraremos pronto, pudiendo usted leer todos los artículos que publique de ahora en más.  

 
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