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Año V Nro. 347 - Uruguay, 17 de julio del 2009   
 
 
 
 
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José Luis Pomi

José Oxilia: Un cantante uruguayo olvidado
por José Luis Pomi

 
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         En Montevideo, el 3 de junio de 1861 y frente al teatro Solís, donde su padre tenía instalado el café lirico, nació José Oxilia.

         Habiendo realizado los primeros estudios en esta ciudad, embarcó para Italia cuando apenas tenía 14 años.

         Como ha ocurrido con tantos artistas, sus padres, ambos italianos, habían decidido su ingreso a la Facultad de Medicina de Pavia, ciudad donde vio la luz, la famosa soprano Claudia Muzio.

         Fue muy fácil para el joven Oxilia, encontrar en la peninsular cuna de la ópera, ambiente adecuado para sus inclinaciones por el canto.

         De regreso a Montevideo, a raíz del fallecimiento de su padre don domingo Oxilia, y no teniendo dudas en cuanto a ingresar en el sacerdocio de la lírica, inicia las primeras clases de canto con el maestro Marcelo Calvo.

         En 1881 parte nuevamente para Italia y comienza sus estudios bajo la dirección del Prof. Felice Pozzo, quien de inmediato captó lo extraordinario de las dotes vocales de su joven discípulo, y le aconseja comenzar como coprimario, en una compañía que realizaba sus presentaciones en el gran Teatro del Liceo de Barcelona y que integraban entre otros la famosa Pandolfini, Víctor Maurel y Julián Gayarre, y fue allí, donde Oxilia, suplanta nada menos que al gran tenor español Gayarre, ante una enfermedad de éste, en el rol de Rodolfo de la opera Luisa Miller.

         Cuentan las crónicas de la época que una salva de aplausos coronó su actuación en la conocida romanza: Cuando le sere al placido.

         El éxito obtenido se repite en la opera la favorita, donde una apoteosis corona su spirto gentil., los principales teatros de Italia y de Europa, comienzan a interesarse por el nuevo tenor, y comienza así su brillante carrera por dichos escenarios con  Mefistófeles, Fausto, Gli ugonotti, Lucia, Don Carlo y Lucrezia Borgia.

         Sus entusiastas le ovacionan y ensalzan.  Rivaliza en una misma temporada con cuatro divos: Tamagno – Masini – Stagno y Gayarre, tenores de muy distintas características, pero todos merecedores de gran estima.

         El 26 de diciembre de 1888 debuta en la Scala  de Milán, en el rol de Lidoria de la ópera Asrael de compositor Franchetti.  En esa misma temporada, el 19 de febrero de 1889, interpreta Otello.

         Se cuenta que el propio Verdi, que presenció la representación de su magnífica ópera, se acercó al joven tenor y abrazándolo, exclamó entusiasmado: “finalmente ecco il mio otello” sin lugar a dudas, fue éste un momento histórico que deseamos rescatar del olvido, y debemos agregar, que Oxilia llegó a la Scala por méritos propios, y no supliendo a Francesco Tamagno, como se señala en algunos ensayos biográficos.

         Un hombre tan poco afecto a reconocer méritos, como lo fue el tenor Giacomo Lauri Volpi, quien cantó también Otello, y pudo valorar, a través del tiempo a muchos colegas, manifestó que lo que el tenor uruguayo consiguió en la Scala, era imposible  lograr, o sea, hacer olvidar a Tamagno en una función en la cual nadie pudo ni podrá igualarlo.

         El barítono francés Víctor Maurel, que encarnó el yago en el estreno de Otello, y que fue en esa oportunidad, su compañero en las 13 representaciones que se realizaron en la Scala, le propuso un contrato para actuar juntos durante tres años, donde provocaron furor, sobre todo con Otello y Rigoletto.

         El 25 de mayo de 1890, cuando contaba solamente 29 años, regresó a Montevideo (Uruguay), para debutar frente a sus compatriotas con la favorita de Donizetti.

         Ante un lleno total y con la presencia del Sr. Presidente de la época el Dr. Julio Herrera y Obes, Oxilia cantó con su voz imponente y “squillante”, con profunda devoción.   Su actuación fue premiada con ovaciones interminables; terminada la función, el público permaneció de pie, y durante más de media hora, vivó y aplaudió a su artista.

         Es de imaginar que este nuevo momento histórico marcó en su vida, un recuerdo inolvidable.   El Teatro Solís al que consideraba inalcanzable en sus días juveniles, cuando en el café de su padre cantaba por adicción, rendía justiciero homenaje a su voz privilegiada.

         En ese mismo año abre sus puertas el Teatro Argentino de La Plata (ra), con el Otello verdiano y la presencia de Oxilia hizo estremecer al público platense y bonaerense de la época.  

         Durante dos años recorre los grandes escenarios europeos, pagándose verdaderas fortunas por su presentación.

         En 1892 canta en Brasil con verdadero suceso, el estreno para ese país de la ópera Cavalleria Rusticana.  En ese mismo año, el entonces Teatro de la Zarzuela de Buenos Aires, abre sus puertas en la porteña calle Bartolomé Mitre, con La Favorita, donde el afamado tenor, es invitado a participar en esa ocasión.

         Retorna a Italia y hasta 1903, recorre los principales teatros de la península y de España.  Durante esos años realizó algunas grabaciones: un Di All’Azzurro de Andrea Chenier, una Vergine y Spirto gentil de La Favorita, la Donna e Mobile de Rigoletto, Muerte de Otello, Di quella pira de Il Trovatore, etc.  Todas ellas, buscadas afanosamente por los coleccionistas, brindan un pálido reflejo de las posibilidades que Oxilia tuvo en su apogeo.

         Su falta de disciplina y orden al prodigar su voz, lamentablemente malograron su carrera. Cuando aún se podía esperar más. No fue el cantante metódico y cuidadoso; vivió intensamente: fumaba, bebía, amaba a las mujeres.

Relata el historiador Fernández Saldaña, que después de venir del teatro, cenaba con sus amigos, se sentaba al piano y se ponía a cantar todo el Otello.

         Ya retirado de la escena, Oxilia recordaba: “canté una noche Carmen en el Teatro Solís, y enseguida de la representación me embarqué con Carlos Pellegrini para tomar parte de un concierto benéfico que había de celebrarse al día siguiente en Buenos Aires.  Canté en esa fiesta veintiuna romanzas distintas.  Treinta horas después interpreté mi parte de la Opera Gli Ugonotti en el propio Solís, y a la otra noche canté la favorita.”

          “En el Real de Madrid canté un jueves Linda di Chamounix.  Al sábado siguiente tuve que cantar Aída. en ese teatro canté 29 noches seguidas”

         A partir de 1903 y durante quince años, se dedicó a dar clases de canto en Milán, lo que hizo con dedicación y entusiasmo, recordándose entre sus alumnos, a Italo Cristalli y al tenor Walther Kirchhoff, eminente intérprete wagneriano, tan recordado en el Teatro Colón.

         Prematuramente envejecido por una diabetes que dio lugar a que se le amputara el brazo izquierdo, volvió a su patria en 1918, quizás para morir en su tierra.

         Así fue. El 18 de mayo de 1919, cuando tenía 58 años desaparecía para siempre, el primer cantante lírico que dio el Uruguay al teatro lírico universal. Alguien dijo entonces, que se había extinguido la vida del más grande tenor que había tenido el nuevo mundo.

         Pocos conocen en estos días la existencia de esta gran figura, su historia emotiva y cautivante a través del espinoso camino de la ópera.

         Lamentablemente los especialistas olvidaron incluir en sus enciclopedias y diccionarios, las glorias de este gran cantante uruguayo.

         Con este recuerdo estamos evocando su nombre con veneración y admiración, pues el mismo, debe inscribirse como una página gloriosa en los anales del teatro lírico universal.

© José Luis Pomi para Informe Uruguay

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